Capsulas de Carreño

Espacio para la nostalgia. Por Alexis García Vega.


Por Alexis García Vega

*Quería sólo recordar que hace un tiempo  la sociedad le metió un autogol al fútbol.
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Hoy amanecí nostálgico, me levanté con la imagen de Andrés Escobar en la cabeza, con algo de tristeza en el corazón, mi mente se remontó 23 años y unos mesecitos aproximadamente, cuando Colombia jugaba el mundial de EE.UU, vivíamos una circunstancia especial, después de haber llegado a ese país como candidatos al titulo.

 

Avalados en una magnifica eliminatoria, los triunfos y el hermoso fútbol, convirtieron a nuestros jugadores en modelos a seguir, paradigmas del éxito, dioses de carne y hueso que andaban en una alfombra mágica por el mundo.

 

El país social desde el presidente para abajo se unió alrededor de la selección, nos sentíamos más Colombianos que nunca, son esos instantes mágicos de euforia que permite un deporte como el fútbol los que nos dan acceso a crear un lazo fuerte de unidad nacional, es desde esos logros, de unos muchachos de diferentes razas y clases sociales los que crean un hilo afectivo que unido a los resultados van tejiendo el cariño y el orgullo por la patria.

 

Decía García Márquez, nuestro fallecido Premio Nobel de Literatura, otro orgullo Colombiano, que en este país solo nos unimos ante un éxito deportivo o ante una tragedia nacional, fue eso lo que exactamente nos ocurrió hace veintitrés años, salimos del favoritismo de ser campeones mundiales, a ser el único país que mata a uno de sus ídolos por un error deportivo.

 

Pueden estos factores tener un gran costo, porque vivimos viéndonos triunfadores en batallas imaginarias permanentes, soslayados en nuestro impulso propio de vivir recreando en nuestras mentes un mundo en el que somos los mejores, pero no sabemos que para ser los líderes debemos crecer como sociedad, no seguir esperando arrebatos personales de creatividad individual que nos lleven a la gloria.

 

La muerte de Andrés Escobar, el ídolo, el amigo, fue un hecho imperdonable que vivió nuestra sociedad, fuimos al cielo y nos devolvimos al infierno con una afrenta como esta, mostramos las hilachas morales que sostienen nuestra cultura, carente de valores y principios de respeto a lo más sagrado: LA VIDA.

 

El fútbol te invita a creerle más a la magia que a la razón, a lo inusual que a lo cotidiano, esa apuesta a la épica, convierte a nuestros representantes en héroes o villanos, no hay opción para equivocarse.

 

Hay que hacer conciencia  que en ocasiones la fantasía y la realidad no coinciden, la gloria a veces no ha recibido la cita a tiempo con la historia, es ahí en donde hay que entender que el fútbol termina siendo un juego en el que afortunadamente no sabemos que puede pasar.

 

Hace 23 años alguien se tomó el atrevimiento de destruir un ídolo con todo su peso simbólico, la sociedad consumió al fútbol, el país entero lloró, así como en este momento ríe y celebra.

 

Los tintes patrióticos que hacen girar el país alrededor de un balón,  de unos muchachos que nos han dado una gran alegría y nos han inundado de un gran orgullo, nos ponen a celebrar victorias ruidosas y Dios nos libre parrandas mortales, la pérdida de Andrés, el hombre, no tiene nombre, no solo se llevaron el futbolista sino también un ejemplo, no solo un ídolo, también un líder.

 

Por estos días en los que celebramos una magnifica actuación de nuestra Selección Nacional de Fútbol en las eliminatorias, con la certeza de que los goles de James y las resonantes victorias quedarán pegadas a las paredes de nuestras mentes como un cuadro de eterna felicidad.

Quería sólo recordar que hace un tiempo  la sociedad le metió un autogol al fútbol, así como vibramos hoy con las victorias, los más cercanos recordamos de vez en cuando con tristeza  la muerte de El Gran Andrés Escobar.

Perdónenme la nostalgia de este día.

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