Capsulas de Carreño

La pelota rodando… Y Carlos Arturo narrando

Carlos Arturo Rueda C., el papá de los narradores deportivos de Colombia.

-Hoy, en el Día Mundial de la Radio…
-Y Rubencho se fajó una gran columna..

La pelota rodando… Y Carlos Arturo narrando
Por Rubén Darío Arcila, Rubencho
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Rubencho

Con esta muletilla era presentado El Campeón desde el “potrerito de la 57”, como él mismo llamaba al estadio El Campín en su campaña por procurar un mejor escenario capitalino. El espeso olor de la fritanga – frente al estadio- le dio pie para bautizar “El palacio del colesterol”, que hace muchos años se incorporó a la jerga  bogotana.

Al zambullirnos en el río del tiempo, juntemos los restos dispersos de este naufragio de la radio ciclística, “desde la carretera y en movimiento que es lo importante”. Arrancaba la Vuelta a Colombia y se paralizaba el país. El asesino guardaba su cuchillo y se cruzaban de brazos los ladrones: dejaban de trabajar. ¡Y a oír radio!

Había radios encendidos por doquier: en el comedor, en la cocina, en la casa de enfrente, en la esquina de arriba, en el atrio de la iglesia, en las carnicerías, en los hospitales radios para los muertos y los vivos en pleno frenesí de la transmisión.

La narración del ciclismo se hacía en viejas camionetas con escotillas artesanales, antenas cargadas de electricidad que se doblaban como una caña de pescar y los narradores con la cara llena de una grasa no identificada para evitar las quemaduras del sol. Era Carlos Arturo Rueda, el locutor de locutores, El Campeón. Era un poeta el que emprendía el vuelo. Colombia en pos de su estela, palpitando al unísono, sobrecogida tras él, prisionera de su delirio verbal. No ha nacido otro igual.

Se retiró del boxeo después de recibir una auténtica paliza en el  tercer asalto frente al representante de Bolívar, Roque Nazaro, en los campeonatos nacionales de Manizales y se entregó de lleno a la farándula. En sus inicios como crooner se ofreció para animar programas radiales nocturnos en vivo. Cuando faltaba el artista, Carlos Arturo lo reemplazaba interpretando- por ejemplo- Lágrimas Negras: “Aunque tú me has dejado en el abandono. Aunque has muerto todas mis ilusiones… en vez de despedirte con hondo encono, en mis sueños te colmo de bendiciones”.

Estuve con El Colorado Rueda C, en Berlín – 1987 – acompañando a la delegación colombiana en el Tour de Francia. Salió a dar una vuelta al sector comercial  intentando defenderse sólo con el idioma. A los 15 minutos ya estaba de regreso en el lobby del hotel, mal encarado: “No los soporto. Esta gente habla muy enredado. Por eso es que no progresan”. A todo le ponía su genial toque de humor. Ya al final de su carrera no aceptó trabajar en Medellín, Pereira, Cali, Villavicencio. “Este país solo tiene dos ciudades: Bogotá y Chapinero. Lo demás son paraderos de buses.”

Creó la tribuna de gorriones, un sector gratuito para los niños, después de llorar en el micrófono la muerte accidental de un jovencito que intentaba saltar los muros del estadio Pascual Guerrero – colado- para ver a su equipo favorito, el América de Cali.

Su programa bandera- Momento Deportivo- se convirtió en toda una institución en la radio de la época. Inventó las páginas deportivas desde El Espectador, dando mayor despliegue a la información que hasta esos días se limitaba a un simple titular deportivo en los diarios nacionales. No rasgaba la voz, no gritaba. La proyectaba hacia la inmortalidad.

Bautizó pueblos enteros: Silvania, Tierra de Promisión. Tuluá, Remanso de paz en el corazón del Valle. Con Carlos Arturo aprendimos historia, geografía, poesía y el camino para llegar hasta Riosucio, La Perla del Ingrumá; y de su mano exploramos el arribo a Anserma, Santana de los Caballeros. En su pizarra de gran maestro están grabados los nombres del Indomable Zipa, El águila Negra, Pajarito Buitrago, Don Ramón de Marinilla, La locomotora Rubia, El Sastre de Envigado, El Príncipe Estudiante, El corredor de la Virgen del Carmen, El negrito Lucumí, La licuadora paisa.

Yo bebí en esa fuente maravillosa de su inspiración y a veces lo imito pero no lo igualo. Simplemente, todo ser humano quiere parecerse – en ciertos asaltos de la vida – a un Campeón. Eso sí, varios hilos de mi garganta tienen el brillo suyo.

La memoria  rodando y Carlos Arturo no para; sigue narrando.
(Rubencho)

  Radio y deporte es el lema de este año para celebrar el  Es la ocasión perfecta para agradecer a todos nuestros seguidores su compañía diaria. Nos sentimos orgullosos de hacer

¿Quién hizo la primera transmisión por radio de la historia?
Fue el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz, que descubrió en 1887 que las ondas electromagnéticas no solo viajan igual de rápido que la luz, sino que pueden reflejarse, refractarse y difractarse.

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3 comentarios

  1. Diego Vallejo

    14 febrero, 2018 at 10:01 am

    *Por la remembranza de Rubencho
    Excelente esta remembranza por parte de Rubencho del más grande en la radio deportiva, el campeón Carlos Arturo. Solo faltó la gran cantidad de apodos a futbolistas. Creativos y simpáticos.
    Gracias.
    Diego Vallejo, Villavicencio
  2. alvaro

    14 febrero, 2018 at 8:51 am

    *Para recordar a Carlos Arturo Rueda C.
    Muy buena oportunidad para recordar al más grande de la narración deportiva, CARLOS ARTURO RUEDA C., quien dejó su maravilloso estilo, que muchos han querido imitar, pero ninguno igualar.
    Àlvaro Pinzón
  3. uriel Bautista Gamboa

    13 febrero, 2018 at 8:16 pm

    *Días de Radio
    Con la puesta en escena de los momentos más intensos, vividos, gozados y sufridos con la maravilla del aparato de radio, que era el epicentro central, por donde un “ojo mágico”, nos indicaba la percepción de los sonidos, que se juntaban a veces como mensajes de otras galaxias, pero cuando se lograba poner en perspectiva el “ojo”, cerrando el circulo, y el oído que decantaba las señales musicales del mundo, y por supuesto el verbo del hombre: llamando a la cordura, al amor y describiendo mágicamente el acontecimiento, que el oyente se imaginaba en la distancia: en Colombia quedan en la distancia del tiempo los hombres y los nombres que le dieron lustre a nuestra radio.
    Uriel Bautista Gamboa, Barranquilla

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