Capsulas de Carreño

¡Voy a hablar de Pékerman! . Por Esperanza Palacio Molina

Por Esperanza Palacio Molina,
Columnista Revista La Liga.
 
*Periodista deportiva de la Universidad de Antioquia. Trabajó en los periódicos El Mundo, El Espectador y El Colombiano. @pololaespe
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Muchos dirán que lo que voy a decir aquí es un hecho trasnochado, pasado de moda, fuera de contexto. Como sea, creo que sigue siendo un hecho que no ha sido resuelto por el técnico de la selección de fútbol de Colombia. Y él, como hombre público y timonel de un equipo representativo del país, debe responder por sus actos.

Todos sabemos que José Pékerman es callado, ensimismado, serio, a veces actúa como autista (es decir, sin mostrar vestigio alguno de que afuera sí hay un mundo que quiere oírlo hablar). Es ajeno a lo que se hace o dice a su alrededor. Problema suyo ser así, metido para su adentro. Pero a mí, particularmente, me parece una forma de egoísmo. Otros le dicen timidez.

No critico que sea reservado con los medios, pero no admito que todos los medios tengan que contentarse con una sola declaración, igual para todos, sin posibilidades de adentrarse más en los pormenores de la preparación de la Selección. Él posee información que la gente quiere conocer, entonces, ¿por qué no darle a la opinión pública un poco más de ese interior que Pékerman guarda tan celosamente?

Guardando sus secretos, sus pensamientos, sus razonamientos, tácticas y teorías acerca del fútbol que juega la Selección de Colombia, Pékerman ha logrado un entorno poco agradable para el equipo.  Se evidencia una tensión en las concentraciones y los jugadores caen en ese mismo juego.

Así, con esa misma táctica, la del mutismo total, el técnico se quedó callado, mantuvo su silencio cómplice en el caso del jugador Armero. Pékerman se saltó ese pedacito, cruzó la línea delgada que él cree que podía obviar quedándose mudo. Mejor dicho, cometió el peor error con esa convocatoria. Como si hubiera dicho para sí mismo: “bueno, ya pasó el escándalo, ya todo el mundo se olvidó, es hora de convocar a Pablo otra vez”. Y entonces metió la pata. Y no la ha podido sacar, porque sigue debiendo una explicación, sigue debiendo una disculpa, sigue haciéndose el de la vista gorda y las mujeres (aunque la esposa de Armero no quiera estar en esa lista) estamos esperando que el técnico de la Selección admita que se equivocó.

Su disculpa baladí y sosa en la que dijo que él no se metía en los asuntos privados de sus jugadores, fue otra metida de pata más. Esa solidaridad de género entre el técnico y su jugador es algo así como un pacto de machos alfa a quienes les importa un soberano comino que una o varias mujeres digan que están molestas y que se creen con derecho a reclamar una explicaciónYo sé que el tema pasó hace rato, que las dos victorias de Colombia ante Bolivia y Ecuador opacaron el escándalo. Sin embargo yo voy a seguir reclamando y esperando una explicación de Pékerman, quien minimizó el maltrato y sigue sin ofrecer disculpas por esa acción.
(De la Redacción. Reproducción con autorización de Revista La Liga y de la autora de la columna).

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