Por Walter Vargas,
Olé
*Todos pusieron, pero en buena medida Boca ganó a lo Tevez.
Al margen de lo que es evidente, irrefutable e inamovible (la legítima victoria de Boca), el Superclásico ha dejado un abanico de conjeturas y de preguntas que jamás tendrán respuesta pero que no por ello declinarán su entidad de juego futbolero y periodístico.
Desde la perspectiva de River, por ejemplo: ¿cuánto influyó la transición entre un River de copas ganadas y de copas por buscar, con caras que ya no están, con caras recién llegadas y el porte general de un equipo que ha perdido su santísima trinidad: decisión, enfoque, recursos?
Desde la perspectiva de Boca la llave del interrogante se corresponde con una certeza que hizo circular Tevez: las cosas han vuelto a la normalidad (a lo que el mundo Boca entiende por normalidad) y por eso Boca ganó a lo Boca. ¿Qué supone esa impronta? Supone marcar el territorio o por lo menos impedir que River marque el territorio, tal como pasó en ocasión del mano a mano de la Sudamericana 2014 y el de la Libertadores 2015. Supone meter la suela necesaria, defender con disciplina prusiana y mostrar los dientes en cada pelota dividida. Y de eso, ayer Boca tuvo mucho. Tanto, que se reveló como una suerte de luminosa excepción en los partidos más trascendentes de la era de Arruabarrena.
Y he aquí el punto donde el Factor C, C de Carlitos, cobra un enorme valor más allá de la terrenal prestación que tuvo. Muy controlado pero jamás apagado: su sola presencia garantizó el compromiso y la tensión competitiva que él mismo había reclamado y que reclamaban los hinchas de Boca más severos.
El gol lo hizo Lodeiro y Orion atajó las esenciales, todos pusieron, pero en buena medida Boca ganó a lo Tevez.





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