Por Gilberto Maldonado Bonilla.

*Muchas veces, movidos por la frustración de los malos resultados, se ha recurrido al regionalismo, unas veces, y al nacionalismo, en otras.
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Cierto que la hinchada disfrutó de la estela de buen fútbol y resultados de la época de los «puros criollos» comandada por Francisco Maturana; época coronada por el primer título de copa libertadores obtenido por un equipo colombiano. Además contemos con el plus que Atlético Nacional fue base en las selecciones nacionales.
A estas alturas me pregunto, ¿porqué se terminó de manera abrupta una política de un equipo de fútbol conformado en su totalidad por jugadores nacionales?
Quedó en el ambiente la idea que el origen de este rompimiento era el factor económico; que este glorioso e inolvidable proceso involucraba unos costos que Atlético Nacional no quería, no podía o no le interesaba asumir.
Traigo a cuento esto porque el inmediatismo resultadista de la actualidad lleva a proponer campañas que desde el punto vista idealista no son más que eso: puro idealismo. El principio de realidad de la etapa de los puros criollos del pasado no es el mismo principio de la realidad de la actualidad.
Los actores son de mentalidad diametralmente opuesta, hablo de futbolistas y directivos. Los primeros, sin las garantías gremiales de ahora, tenían un enorme sentido del profesionalismo; y por el lado de los directivos, eran más románticos, más idealistas y esto lo plasmaban en sus políticas de administración.
Con este escenario, una política de nacionalismo y regionalismo aplicadas al fútbol no son, per se, la solución a la crisis de calidad y de resultados de Atlético Nacional y del fútbol colombiano en general.
Atlético Nacional va asumir los sobre costos involucrados en la complementación de esta política? ¿La calidad y la mentalidad del futbolista nacional da para pensar en la solución a corto plazo de la crisis de identidad y de resultados del equipo verde antioqueño.
Gilberto Maldonado Bonilla, columnista Cápsulas





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