DIM 2 – Tolima 2:  Cuando se pierden la alegría, la fe y la credibilidad.

Por María Victoria Zapata B.. //
Columnista Cápsulas.

En  medio de un ambiente tenso, con el gramado del Atanasio Girardot en un estado deplorable, unas tribunas semivacías,  la camiseta oficial desvirtuada en su color, escudo  y significado  en virtud de la desmedida  pauta publicitaria impresa en ella y un fútbol inexistente en el  equipo, debutó el Deportivo Independiente Medellín  en condición de local,  con un lánguido empate ante el  Deportes Tolima, en el primer campeonato del 2026.

Y fue un 2-2 con sabor a incapacidad:

  • Incapacidad para  cuidar el resultado- o aumentar el marcador-  después de   la anotación del zaguero José Ortiz, al minuto 21.
  • Incapacidad para evitar  la  rápida remontada tolimense,  con los dos goles del atacante Adrián Parra, que se originaron en errores defensivos del DIM y pusieron la pizarra 1-2, cuando apenas transcurría media hora de juego.
  • Incapacidad para usufructuar la superioridad numérica tras las expulsiones de Yhorman Hurtado, al minuto 35,  y de Elan Ricardo, al 58.
  • Incapacidad para desplegar un fútbol  ordenado, colectivo, ofensivo  y efectivo.

Porque  el DIM  que enfrentó anoche al cuadro tolimense volvió a evidenciar deficiencias anímicas,  tácticas y futbolísticas.

  • La zaga , independiente de si es de 3 o de 4, es frágil, vulnerable y  sin peso alguno,  problema que se agrava con el pobre desempeño del arquero Ichazo en este comienzo de campeonato.
  • El medio campo carece de ideas y manejo de balón,  no genera ni elabora  juego y con su escasa funcionalidad  anula por  completo el trabajo de los delanteros rojos.
  • En el ataque  no es suficiente con la buena voluntad y transpiración del “polaco” Fydriszewski. No hay conexión de la línea delantera  con el  medio campo, tampoco  recepción de balones, sociedades ni fluidez en definición. La orfandad de los atacantes  es total.

Y en un partido que contó con tantas dificultades, no podían faltar los  hechos insólitos, el jugador que llamó la atención por su ardentía  ni el cabezazo salvador.

  • El ingreso del volante Daniel Cataño, al minuto 68. Una visible mejoría en armado para la jugada y el cabezazo del delantero uruguayo Enzo Larrosa que igualó la pizarra, y su relevo 10 minutos después, por lesión, dio lugar a muchos interrogantes. ¿Fue apresurada la inclusión de Cataño en nómina?
  • En un equipo que dejó tantos espacios atrás y atacó de manera desorganizada,  Didier Moreno intentó, por su experiencia,  constituirse en el guía del DIM. Empresa bastante difícil en un equipo que perdió sus argumentos  y careció de planificación, fútbol y orden táctico.
  • Y ante la falta de respuesta de algunos jugadores titulares, vimos en el gramado a los juveniles   John Montaño, Gerónimo Mancilla,  Halam Loboa y  Andrés Dávila.  
De una asistencia de 9.151 hinchas al partido de anoche contra Tolima, cifra que es indicativo de la pérdida de credibilidad, fe e ilusión. Foto @cdtolima.

Al término del partido de la tercera fecha no quedan más que preocupaciones:

  • Por un resultado amargo y vergonzoso, que define todas y cada una de las carencias rojas en el gramado, en el banco, en zona técnica y en sus oficinas.
  • Por una nómina a la que le siguen faltando jugadores que, sabemos, no van a llegar, presenta deficiencias tan severas en su zona defensiva,  carece de ideas en mitad de campo, y adolece de profundidad y definición.
  • Por un fútbol que hace rato se ausentó del DIM. No se perciben trabajo, orden, proceso ni mejoría en el equipo. Por el contrario, el retroceso es visible, el  fútbol inexistente y  los resultados inquietantes.
  • Por un cuerpo técnico confundido,  que hace rato  perdió su norte. Que luce cada vez más más nublado y errático y que insiste, una y otra vez, en la titularidad de jugadores cuyo nivel  no les alcanza ni para estar en la suplencia.
  • Por un DIM  que  no responde  en condición de local ni de visitante,  que incurre en errores  que de lo recurrentes ya son habituales y al que no se le ve  acción ni reacción. Un DIM que, en definitiva, no juega a nada.
  • Por un pasado reciente y  presente rojo cuyos resultados y fracasos consecutivos dan cuenta del  grave desgaste tanto  de su dirigencia  como de  cuerpo técnico.
  • Del consecuente alejamiento de una afición vapuleada y mancillada  torneo a torneo. De una asistencia de 9.151 hinchas al partido de ayer, cifra que es indicativo de la pérdida de credibilidad, fe e ilusión.

En conclusión, lo que  vimos anoche ante  Deportes Tolima, fue  un fútbol rojo que ya no admite más promesas, retóricas ni derrotas. Tampoco ampulosos discursos sobre inexistentes procesos. La realidad es otra,  muy dura y dolorosa para el hincha del DIM. Una realidad  difícil de digerir y que golpea más fuerte cuando, en el caso nuestro, perdimos también alegría, la fe, la ilusión, la confianza y la credibilidad.

María Victoria Zapata B.

Si te gustó este artículo, compártelo en tus redes:

Publicidad

Haz un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Notas relacionadas