
Por Luis Felipe Gómez Isaza. //
Columnista Cápsulas. //

Improcedente, doloroso, desastroso y, por qué no decirlo, mezquina presentación del verde ante un equipo sencillo y, por qué no decirlo también: normalito como Millonarios.
Nacional puede perder con cualquiera, futbol es futbol, juego es juego, pero en este caso no debía haber perdido con uno de los más regularcitos azules que hayan pasado por el Atanasio.
El marco era inmejorable, la fiesta única, los antecedentes recientes en la liga y en las apuestas de lujosas y adecuadas contrataciones daban para pensar en otra cosa o en otro resultado al menos.
Un encopetado Nacional por un lado y, por el otro, un remendado general con charreteras del siglo pasado que sacó lustrosas en el juego tan esperado de este cuatro de marzo. No sabe uno ni por dónde arrancar a vaciar la inconformidad y a decirles a los que tuvieron que ver con este desastre cómo se atreven a perder de esa forma.
Hacía poco había escrito que el técnico por el que apostó la directiva era un muchacho posiblemente barato para ellos y muy querido por los antecedentes de pertenencia y por los jugadores, pero que no tenía los suficientes pergaminos para manejar este tipo de partidos que, como el de ayer, desafortunadamente enfrentó.
Es como entregarle un Ferrari a un tipo que apenas está aprendiendo a conducir. Nacional dio pena, tristeza y, por qué no decir, rabia. De todos los que jugaron este nefasto juego se escapan el muchacho Rodríguez, el enjundioso Jorman y de pronto Sarmiento, los demás jugaron su peor noche y tuvieron el peor resultado.
Los centrales de Millonarios, limitados y de normalitos para abajo, hicieron ver al búfalo Morelos como un delantero tibio y sin propuestas y para ajustar la decepción, luego entró el gran Chicho Arango, a nada. Los laterales de Millonarios ni siquiera pasaron de la mitad y se limitaron a contener los ataques por banda que, por momentos, fueron la única alternativa que propuso el limitado Arias. Rengifo se dedicó a pasar balones de derecha a izquierda y a meter algo de susto con pelota parada y ya. Uribe no estuvo de acuerdo a las circunstancias y el principiante de técnico dejó a un anhelado Zapata en el banco de suplentes.
La defensa se vio rebosada de mediocridad y nunca Román le apostó ni a la velocidad ni al desmarque acostumbrados. Casco no fue aporte y los centrales se dieron la mano para completar la perversa noche. Del lado azul, que no tenía por qué ganarle a este Ferrari hicieron bien las cosas. Apostó a mandar pelotazos al vacío y a correr. Ospina selló su despedida jugando bien lejos del arco y recibiendo dos misiles de Contreras, de lejos, el mejor de la cancha. Buen jugador, regular persona se ve, actitudes beligerantes y desobligantes que no le lucen sacó a relucir. Los gestos de celebración posiblemente sean bienvenidos en la otra hinchada pero no le dio para demostrar caballerosidad en el triunfo.
Qué mal partido Nacional. O corrige el rumbo en el torneo local o terminaremos peor que el vecino del lado que al menos tiene todavía oficio y juegos por gastar en la Copa Libertadores. Antes de este partido, en mi última columna había invocado a los malos jugadores, y estos, hicieron presencia en el espíritu de los que la embarraron anoche.





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