
Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas. –

Folarin Bolagun hizo las de Messi aunque la patada no fue tan arriba de la pierna del oponente, pues la del ídolo argentino estuvo a media pantorrilla y fue, en mi concepto, más alevosa que la de Folarin que solamente llegó encimita del tobillo. Sin embargo, a Messi no le dieron ni siquiera amarilla y a Bolagun no le perdonaron la roja y eso que el VAR tuvo que llamar al juez viendo que la alevosía era tan imperdonable como el tamaño del estadio.
Era de suponer que ni Messi ni ahora Bolagun, que hacen parte de la estrategia económica del estado de gobierno de la FIFA, tendrían una sanción porque hacen parte de ese levántate y anda de la a ojos vista corrupción de la multinacional.
Así que, según ese mandato, el árbitro fue drástico y se equivocó con flagrancia, y que la roja que bien merecida la tenía el muchacho no se podía aplicar al goleador americano, quien recibió desde las altas esferas el aval para competir en cuartos contra Bélgica.
Gas! Podrido Infantino y su ralea de porquerías avaladoras de todo mal. Haga de cuenta un pacto con los de la Picota, haga de cuenta un pacto de congelados, haga de cuenta una UNGDR para que se haga valer el todo contra todo. Horror de horrores, ese todo vale y todas las formas de lucha son válidas para imponer el criterio; independientemente de las condiciones éticas y normativas sólo vale lo que opine y proceda a mi favor aun entrometiéndome con el otro, todo vale.
Ya se imagina uno, paaa, llame a Infantino y que le perdonen la roja a Balogun. Y quién es ese? Pues el goleador del equipo, padre mío, no nos puede faltar en los cuartos de final. Y qué hay que hacer? Una llamadita, no más; tú eres el hombre más poderoso de la tierra, te van a hacer caso.
Y así fue, don Zanahoria, que bien ocupado está con el estrecho de Ormuz, con Delcy y su terremoto político, con Putin y Kiev, con las elecciones de este lado del mundo y con liberar a la pobrísima y simbólica Cuba, llamó a su colega, también presidente de ese inmiscuido país que es FIFA, para suplicarle encarecidamente que Balogun debía jugar y que si a Messi le permitían una patada más arriba que la de Folarin y no le sacaron ni siquiera amarilla, eso era lo mismo, y que por favor eliminaran a ese árbitro tan estricto de la lista de referees y que no lo volvieran a poner a pitar y que él con gusto lo metía en la lista OFAC.
Y entonces Infantino accedió, procedió y sacó al goleador libre para que pudiera jugar contra los belgas, inventándose un congelado de tarjeta roja, tal cual se inventó nuestro presidente, pues ya le había dado el ejemplo muy bien con Calarcá y con el tal Mordisco congelando generales y disparos con el sublime fin de que sus ganancias y propósitos se realizaran. Grotesca inmundicia que no se debería permitir, pero que dolorosamente se permite. Mundo de idiotas detrás de un balón, país de pendejos creyéndole a un minúsculo grupo de destructores que son dizque el cambio, entonces, ¿para qué las reglas?




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