Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas.-

Ya la guerra había terminado empatada. Inicialmente, los ingleses bombardearon pingüinos, tierras áridas, campesinos del sur patagónico y también soldados argentinos, y Maradona, con una mano de Dios y una cabalgada épica, saldó cuentas pendientes, empate.
Todo mundo feliz, los ingleses con sus islas y los gauchos con su mundial de futbol, mirando bien las cosas, es mejor una copa del mundo que un desolado paraje lleno de pingüinos monógamos.
Pero el futbol, como en la vida, siempre tiene revanchas y, si no, mire la de Colombia, es infinita y cada cuatro años, pero no las aprovechamos y perdemos las oportunidades y en esa se nos va el tiempo lamentándonos de no ser capaces de dar otro pasito, pero nada de nervios, para el año entrante tendremos otra, como les ocurre a los del rojo.
Sin embargo, la de estos grandes es una revancha constante y se les presentó nuevamente en este mundial y, por ende, llegaron hasta las orillas de la final como es debido. Es otro episodio de guerra, pero esta vez deportiva, y son nuevamente los ingleses y los del Río de la Plata.
Los segundos, muy promocionados y definitivamente muy remolcados por el arsenal directivo principal, porque decir otra cosa, aunque ya he recibido comentarios de que no es así, que FIFA no es el reino de Maquiavelo, aprovecharon la situación. Aun así, ambos merecieron la semifinal porque apostaron con todos los argumentos necesarios para llegar a Dallas. Los ingleses se presentaron por lo suyo, requerían revalidar añejos laureles e intentar llevarle por todos los medios al príncipe de Gales un trofeo orbital que no han tenido en sus manos desde el siglo pasado.

El juego desde el arranque fue una batalla, no tan desigual como la guerra de los ochentas, pero batalla al fin y al cabo, faltas fuertes, agresiones verbales, grescas y empujones a granel, más ganas que juego y el árbitro en la suya: “jueguen muchachos” y como el árbitro dejaba, hagámosle que es fiesta dijeron. Casi se va el primer tiempo sin una amarillita. Ni Argentina ni Inglaterra cedían en la fragua, deslucidos y opacados por la marca los estandartes Messi y Kane veían cómo artilleros y goleros se resguardaban para un tiempo mejor.
Arrancando la segunda mitad, Gordon adelanta a los ingleses luego de que desde la banda Roger le metiera un pase perfecto que solo fue meter a la portería del Dibu y desde allí, como si fuera el técnico que dirige la selección Colombia, el colega inglés reculó y se echó para atrás, dejando toda serie de oportunidades para que llovieran balones al área mientras los palos y Pitford sacaban a Inglaterra del apuro, pero Argentina, que goza cuando arranca perdiendo empató a los ochenta y cinco y se adelantó en sobretiempo luego de que Messi castigando la mezquindad del que se va atrás y se defiende, mete el pase que Lautaro corona de cabeza a la red, Argentina en la final.
Yo creía que fervientemente la final era con Francia, fallé, la selección española sorprendió a todos y se metió, fue muy bueno porque ahora el mundo hablará español, no traigo a Borges porque odiaba el futbol y no traigo a Cervantes porque no lo conoció, pero la final es hispano parlante y se volverán a encontrar el general San Martín y los generales de Fernando VII, Osorio, Zabala, Ordoñez y Maroto, o sea Messi y su corte tendrán que cruzar los Andes y sorprender a Merino, Rodri, Yamal y compañía. No sé por qué tanta bronca con los hermanos del sur, pero desde ya para esta final me volví granadero del general.





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