POR WILLIAMS VIERA desde USA. –
Columnista Cápsulas. –
Un saludo a los cibernautas:
Mientras se cumplían los partidos del Mundial, tuve la oportunidad de recorrer las calles de Buenos Aires y de Córdoba (Argentina), durante dos semanas, junto a mi esposa, Constanza Espinosa, también periodista deportiva y profesora; de mi hija, Natalie, estudiante de derecho, y de Mónica Espinosa, quien se encontraba, en la tierra de Diego Armando Maradona y Lionel Messi, estudiando para obtener la ‘Pasantía Doctoral en los Movimientos Feministas de América Latina’ en la Universidad Nacional de Córdoba.
En las dos semanas de permanencia en el sur del continente, sin perder de vista lo que ocurría en los 16 estadios repartidos entre los tres países anfitriones del Mundial 2026 (México, 3; Estados Unidos, 11; y Canadá, 2), vimos y sentimos, ¡otra vez!, como en el pasado, lo que es la pasión de un pueblo que se enciende, justo, en el momento en que se pone en movimiento la pelota como si la misma fuese el centro de la vida por la tensión, el deseo o la frustración.
Lo expresado por el colega Luis Arturo Henao, en redes y en la entrevista que usted pudo leer en Cápsulas, es una verdad de a puño. No hay que quitarle ni agregarle nada al hacer referencia al pueblo argentino “al verlo sufrir y gozar con su selección” como si no tuviesen otro símbolo de identidad al ser un asunto de satisfacción y dignidad que les permita sentir un fuerte sentido de pertenencia, de orgullo y de unión como nación, capaz de movilizar multitudes porque todo gira alrededor de ese grupo de jugadores que los transporta a un estado emocional capaz de hacerles experimentar, “una catarsis colectiva”, como lo escribió, en su tiempo, el periodista Oswaldo Ardizone, en la revista El Grafico, y que Jorge Luis Borges, considerado un influyente en la literatura a nivel mundial, puntualizó: “Ser argentino es un acto de fe”.
Y esa fe, a pesar de que a Borges no le gustaba el fútbol, se ve en cualquier contienda balompédica y en el Mundial, que aún se disputa, se encuentra en el ambiente aquel 3-2, de Argentina, en octavos de final, el pasado martes 7 de julio, en Atlanta, ante Egipto, luego de ir en desventaja, 0-2; el 3-1, en los últimos minutos de la prórroga, ante Suiza, después de empatar, 1-1, en los 90 minutos, en los cuartos de final, el sábado 11 de julio, en el Estadio Kansas City; y el inolvidable, 2-1, ante Inglaterra, en las semifinales, el miércoles 15 de julio, en el que Lionel Messi, ¡cuando no!, luego de un tiro en el palo, recuperó la pelota y realizó su segundo centro preciso, con su pierna derecha, para que Lautaro Martínez lograse la hazaña en el Estadio Atlanta por lo que se escuchó, en la tierra de Mafalda, del escritor Quino, el grito de “el que no salta, es un inglés” por lo que nadie olvidó que su ídolo, con la izquierda, había enviado a ‘Trionda’ para que apareciera Enzo Fernández y lograse el empate por lo que nadie olvida el festejo por la ciudad de ‘Coca Cola’ o ‘La ciudad en el bosque’ como se conoce a la capital de Georgia.
Los visitantes, en Argentina, pueden pensar que los anuncios luminosos, diseñados por diferentes agencias de publicidad que aparecen por doquier, pueden saturar al público, pero nada de eso acontece a pesar de que el tema es el deporte de multitudes.
McDonald’s, por ejemplo, diseñó cuatro hamburguesas en homenaje a los futbolistas Alexis Mac Allister, Julián Álvarez, Enzo Fernández y Reinaldo ‘Mostaza’ Merlo y el responsable de liderar esa franquicia, en la actualidad, es el colombiano Diego Paniaga, quien ocupa el cargo de Director General de Arcos Dorados en Argentina que, a su vez, “fue iniciada por Woods Staton, un empresario que nació en Medellín y quien inauguró el primer local de la cadena, en Belgrano, en 1986”, de acuerdo con información suministrada por Ilda Esmeral, abogada barranquillera, quien reside en Buenos Aires hace 30 años.
Si bien el tema del fútbol es la esencia, como lo han expresado en mil ocasiones y de diferente manera una infinidad de personajes vinculados a los diarios, entre otros, Francisco Turcios o José Orlando Ascencio; o en la radio, ‘Paché’ Andrade, Carlos Antonio Vélez, Hernán Peláez Restrepo, Darío Ángel Rodríguez, Wbeimar Muñoz, Guillermo Montoya, Rafael Villegas, Rouget Taborda o el mismo Luis Arturo Henao, el común de la gente respeta al peatón por ser prioridad cuando se conduce un vehículo automotor. Sin embargo, hay un detalle, así de pequeño, pero vital. En este tiempo, aunque parece increíble, los transeúntes andan por las calles sin el peligro de que les roben el celular y por lo mismo, se escuchan conversaciones de diferentes situaciones, entre ellas, citas amorosas o de diferentes índoles bajo la mirada atenta de la policía integrada por mujeres y hombres jóvenes.
En los días en que la gente camina, de aquí para allá o de allá para acá, por ejemplo, por el Obelisco o de visitar diferentes monumentos como el Palacio Barolo, construido en 1923, que es una arquitectura esotérica y que su inspiración fue la ‘Divina Comedia’ de Dante Alighieri, ubicado sobre la Avenida Mayo, en el barrio de Monserrat; o de ver lo que es ‘La Casa de D10S’ que es un museo en la calle Lascano 2257, en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires, el fútbol siempre está presente en todo momento, debido a la transmisión por televisión o por ‘streaming’ en que múltiples plataformas han permitido que en los restaurantes se deje de comer como si todos los comensales estuviesen contagiados por el virus de la fiebre mundialista. O si no que lo digan los que viven en Atlanta luego de ver la celebración de los argentinos luego del triunfo ante los ingleses.