Capsulas de Carreño

Argentinitis. Por Marcial Ferrelli

Por Marcial Ferrelli

*Más autocrítica y menos orgullo para empezar a recuperar la salud del seleccionado.
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Cuando las palabras terminan en “itis” significa inflamación. Hay un enrojecimiento, aumento de la temperatura, la aparición de un edema, vasodilatación.

Un proceso que es la manifestación de muchas enfermedades. En nuestra manera de ser argentinos, tratamos de regodearnos en lo bueno como excusa perfecta para creernos superiores. Quizá es un mecanismo de defensa, de alimentar el amor propio y no desfallecer en la pelea de la vida, pero que a la vez esconde la incapacidad para reconocer el error. El fútbol argentino es tal vez el mejor ejemplo de esa omnipotencia. Una argentinitis que durante décadas ha reflejado la mala salud del deporte que alguna vez nos convirtió en potencia mundial.

El gran daño que provoca la ausencia de mando en la AFA (institución matriz de nuestro fútbol), es la culpable de la mediocridad de la Selección mayor.

El triunfo del equipo de Bauza frente a Chile en el Monumental por las Eliminatorias mundialistas ha dejado la sensación de que ganar a cualquier precio (fallos polémicos del árbitro a favor de Argentina) obstruyen los problemas de fondo que padece el conjunto nacional.

Las declaraciones poco realistas del técnico, profundizan las diferencias entre el público futbolero y sus protagonistas.

Acaso el “Patón” se tomó un revanchismo del grupo con la prensa, como si ser el único vocero del plantel le hubiera dado la impunidad para hablar con ironía del desarrollo del encuentro. “El equipo jugó un partido brillante, de diez puntos de calificación”, expresó sin ponerse colorado con su falacia».

A pesar de que los hinchas hacen el esfuerzo de pagar una entrada para ver a las figuras de las principales ligas, muchas veces no se lucen con la celeste y blanca. Deambulan por el campo como si les faltara el aliento de su gente. Seguimos creyendo que alcanza con los nombres propios para amedrentar al rival, que los golearemos sin piedad.

Tenemos el ego hinchado, nos tapa los ojos, nos autoengaña. Creemos que Messi puede contra todos, que no necesita de una idea y de un equipo, esperanzas que se queman con el pitazo inicial.

Nos cuesta entender que hay ciclos cumplidos, que los jugadores se aburguesan y se relajan jugando para la Selección, que son intocables y que son el único ‘clan’ que puede calzarse la camiseta que representa al país.

Por supuesto que Edgardo Bauza no es el único responsable del espanto futbolístico que muestra el equipo. La mala administración que ha gobernado el fútbol durante cuarenta años pone en evidencia el estado de crisis que atraviesa el deporte. Selecciones juveniles devastadas en los procesos de formación, poco competitivas y dirigidas por amiguismo y no por meritocracia. La falta de proyectos hace que se vuelque toda la presión en los mismos jugadores, en salvadores individuales y no en el trabajo colectivo y de equipo.

El mal chauvinista que nos ha intoxicado en el tiempo, creernos superiores en la previa, la soberbia de la argentinidad al palo.

Es tiempo de cambio, de remedios eficaces contra la arrogancia nacional.

Es imperioso el sentido común para salir adelante y volver a ser protagonistas del mejor fútbol universal.

La ‘logia’ de este grupo de estrellas va en contra del ADN de las selecciones campeonas del mundo de nuestra historia. El entrenador actual –lejos de buscar la autonomía de líder y seleccionador de jugadores– está a merced del grupo de notables –que manda y decide quiénes integran cada convocatoria–.

La FIFA no imagina un Mundial sin Messi –convoca millones de personas–, un negocio que le pone un pie en Rusia a la selección argentina.

El tejido se inflama, como mecanismo de defensa ante el avance de la enfermedad. Lo grave no es la argentinitis, sino el mal que subyace en nuestra idiosincrasia: más autocrítica y menos orgullo para empezar a recuperar la salud de un seleccionado con jerarquía futbolística.

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