
*El del toquecito guerrerista y antiestético que ahuyenta al aficionado neutral.
Atlético de Madrid no tiene las luces que iluminan al Bayern de Munich y tampoco las que fascinan en lares de su poderoso y real vecino de ciudad, pero no es verdad que no posea muy buenos jugadores. Juanfran, Godín, Koke, Griezmann, Carrasco, Torres, son nombres habituales en selecciones como la de España, Uruguay, Brasil, Francia y Bélgica.
Sin mencionar a Vietto, Correa y Saúl, con menos continuidad, pero con atildada técnica y trazos lujosos. Pero Simeone, su conductor, ha preferido pregonar un mensaje en el que transfiere el favoritismo a sus encopetados rivales, en el que ondea la bandera del esfuerzo y la entrega innegociable, pero pocas o ninguna palabra para la lúdica y la inspiración.
Durante estos cuatro años todo un recado subliminal para los jugadores y seguidores del equipo colchonero. Ningún jugador del Atlético se guarda nada. Ninguno juega con el sudor del compañero. Todos, desde el portero hasta el delantero más avanzado, pueden expresarse a través de su talento, pero la prioridad es el compromiso con correr, marcar, ayudar.
No tienen autorizado el desánimo, cualquiera sea el rival. No los incomoda ni los hace dudar si, durante el trámite de un partido, el contrario los supera en calidad individual, en posesión de pelota y en dominio territorial. Mientras haya tiempo buscarán el objetivo sin reservas físicas y con voluntad inquebrantable.
Uno tiene la sensación, al primer golpe de vista, de que es casi imposible penetrar la retaguardia y convertirle un gol. Los números lo confirman.
Simeone ha convencido a sus jugadores con una especie de decálogo en donde el carácter es lo primero, el orden defensivo lo segundo; la entrega física para mantener ese orden lo tercero, el juego aéreo en situaciones de balón detenido a favor y en contra lo cuarto; jugar al límite del reglamento buscando ‘intimidar’ al rival lo quinto, atacar lo sexto; la buena disposición de los suplentes lo séptimo, no ruborizarse si hay que enjaularse en su área y renunciar al balón si eso sirve lo octavo; ser 11 ‘cholitos’ lo noveno y que sus arengas para los de adentro y los de afuera del campo son necesarias y motivadoras, lo décimo.
Tácticamente, generalmente espera con un bloque muy compacto en el que los delanteros son los primeros obstáculos. Presiona con dos o tres jugadores en los costados y una vez recupera pasa rápido de defensa a ataque, y es ahí donde comprueba la calidad de sus jugadores, esa misma que se subordina muchas veces al espíritu ‘cholista’. El del toquecito guerrerista y antiestético que ahuyenta al aficionado neutral. Pero el mismo que a sus fieles los tiene felices. Y optimistas en la Liga y en la semifinal de la Champions.