*El 10 del conjunto de Tuchel marcó dos goles en la victoria ante Noruega, en Miami. Su despliegue físico y mental explica buena parte del carácter de una Inglaterra que nunca baja los brazos.
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Los jugadores de Inglaterra se juntaron a celebrar el gol en una esquina. Se abrazaban, se gritaban palabras de aliento. Aliviados, descansaban de la intensidad del partido, se secaban el sudor que nunca se detiene por la humedad de Miami. Pero, después de unos segundos, advirtieron que el autor del gol no estaba entre ellos. Jude Bellingham había corrido a más de media velocidad hacia su propio campo y enfrentaba a la multitud de aficionados de Inglaterra con un puño bien apretado y el clásico grito de «¡vamos!». El 10 del equipo de Thomas Tuchel no parecía interesado en celebrar su brutal jugada. Quería que el juego se reanudara lo antes posible. Quería ganar.
La secuencia refleja buena parte del repertorio de lo que ofrece Bellingham, de 23 años, al equipo que avanzó a las semifinales de la Copa Mundial 2026 luego de una sufrida victoria ante Noruega, que incluyó un arranque con derrota, varios momentos de sometimiento y un inesperado gol en un momento en el que el partido parecía destinarse a los penales.
Más que un mediocampista o un goleador, Bellingham parece jugar impulsado por una urgencia permanente. Corre cuando Inglaterra domina, pero sobre todo cuando el equipo sufre. Es el primero en pedir la pelota y el primero en acelerar cuando el resto necesita una reacción.
Con el doblete, Bellingham llegó a seis goles y terminó de confirmar la sociedad que sostiene a Inglaterra: junto con Kane, convirtió 12 de los 13 tantos del equipo en el torneo.
«Creo que el partido se dividió en varias facetas: técnicas, tácticas…para mí la más importante es la psicológica y cómo puedes atravesar momentos complicados y eso lo valoro mucho de nuestro equipo», dijo Bellingham después del encuentro.
El sistema de Tuchel busca transiciones rápidas y que Kane y Bellingham sean quienes terminen las jugadas. Pero, ante Noruega, Inglaterra no logró aprovechar los pocos espacios de su rival y tampoco encontró líneas de pases cuando el conjunto que lidera Haaland cerró espacios con cuatro defensores y cinco mediocampistas.
En ese contexto, Bellingham nunca deja de mostrarse y pedir el balón. Muchas veces recibe a espaldas de los mediocampistas rivales; otras, baja unos metros para recibir de frente. En el segundo tiempo, tras la salida de Declan Rice, Bellingham retrocedió unos metros para organizar el juego, mientras Eze ocupó posiciones más adelantadas. Inglaterra, sin embargo, pasó a sufrir.
Pero, en todos los momentos malos del equipo, Bellingham dio señales de resistencia. Primero, con una corrida en el área en la que fue dejando rivales en el camino mientras amagaba con un posible tiro con la pierna derecha. El otro, como dijo Harry Kane, con olfato de gol, luego de leer un rebote del portero Nyland.
Ni bien el árbitro pitó el final del primer tiempo, Bellingham corrió otra vez camino al vestuario, como si caminar no le resultara cómodo, como si mantenerse en movimiento fuera su sentir competitivo.
«Está todo dicho. Lo hace en todos los partidos. Tiene clase mundial», dijo Thomas Tuchel luego del partido, que agregó: «El resultado fue increíble pero no tuvimos un gran rendimiento. Tuvimos suerte».
«¡Jude! ¡Jude! ¡Jude! ¡Jude!». La multitud de ingleses que reventó el Estadio Miami reaccionó con su grito de fervor favorito cada vez que se sentían representados por Bellingham en el partido. Se escuchó varias veces en los 120 minutos de juego.
Bellingham reacciona con acción. Corre para presionar, para mostrarse, para gambetear rivales. Muchas veces elige quedarse el balón para recibir alguna falta o romper con su potencia física. Y sabe hacer goles.
«Los goles de Jude volvieron a marcar la diferencia. Ha sido decisivo en los últimos partidos y a lo largo de todo el torneo. Demuestra que tiene ese don para los momentos importantes, las situaciones clave. Su primer gol fue excepcional, y el segundo fue simplemente ese instinto de delantero», dijo Kane.
Sobre el cierre del segundo tiempo suplementario, se tiró al piso, listo para ser reemplazado por Dan Burn. El cuerpo ya no le respondía. Recibió una ovación para toda la vida.
Cuando terminó el partido, fue ‘Hey Jude’, de Los Beatles, la canción que más fuerte se escuchó, a diferencia de otra veces, que Wonderwall, de Oasis, se exhibía como la más popular. Pero la gente de Inglaterra quiso homenajear con estruendo a su figura.
En la letra, escrita por Paul Mc Cartney, una parte dice «Don’t carry the world upon your shoulders (‘no lleves el peso del mundo en tus hombres’)». En este partido, Bellingham hizo exactamente lo contrario. Durante 120 minutos, Bellingham cargó con el equipo. Y, cuando por fin dejó de correr, todo un estadio cantó para él.
