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Crónica de una derrota anunciada (Gilberto Maldonado Bonilla)

Gilberto Maldonado, nuevaPor Gilberto Maldonado Bonilla

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*La socorrida “responsabilidad social” implica el respeto hacia quienes hacen un enorme esfuerzo económico para asistir a los partidos de fútbol.
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Difícil hacer un comentario sobre el clásico. La dificultad reside en que se resaltaría la aridez, la incapacidad y la falta de actitud de Atlético Nacional.

Deportivo Independiente Medellín ganó. Y su triunfo hay que situarlo por encima de lo presentado por el rival. Con un poco de fortuna, el marcador tendría que haber sido más contundente.

Eso resume el clásico. El equipo rojo hizo lo suyo. Ahí radica el mérito de su triunfo. Un gol y los posteriores intentos por aumentarlo; intentos que se estrellaron contra el factor suerte.

Mientras tanto, Atlético Nacional revolcándose en su falta de actitud. Eso es lo deprimente.

Lo que se escriba en adelante no es la intención de empañar el triunfo de Deportivo Independiente Medellín.

Los idus presagiaban la pérdida del clásico. No podía esperarse nada distinto de un equipo cuyo proceder deportivo en el actual torneo ha sido marcado por lo cíclico, lo casual, excepto el partido frente a Deportivo Pasto.

El cambio de cuerpo técnico daba la idea de otros aires futbolísticos. Las “buenas”costumbres futbolísticas tomaron de nuevo su lugar. El resultado es un equipo altamente burocratizado en la cabeza.

Una cantidad innecesaria e inoperante de personas componentes del cuerpo técnico son , en el fondo, una cantidad de opiniones que operan como corrientes contrarias que pueden dar al traste con cualquiera buena intención.

Decían nuestros abuelos: “Una cosa piensa el burro y otra el que está colocando la enjalma”.

¿Que piensa el señor Rueda? Que piensa el señor Redin? ¿Que piensa el señor Zape? ¿Que piensa el psicólogo? Y que decir de la mentalidad cristalizada de los futbolistas?

Tan “elevados” pensamientos no son mas que corrientes que pueden estar operando de manera contraria a los fines propuestos. Adicionemos la mentalidad cíclica del recurso humano. El resultado está a la vista.

El fútbol no es cuestión de altas e inoperantes burocracias; tampoco lo es de sólida estructura económica y empresarial.

Si a Atlético Nacional le quitamos ese maquillaje tendremos lo mismo si a la religión le quitamos el pecado y el complejo de culpa.

Siempre, y lo más fácil, es enfilar las baterías contra los jugadores. La OAL y los directivos, igual que el avestruz, no deben esconder la cabeza.

Deben considerar que su producto, la diversión encarnada en Atlético Nacional, es un producto altamente defectuoso.

La socorrida “responsabilidad social” implica el respeto hacia quienes hacen un enorme esfuerzo económico para asistir a los partidos de fútbol.

[Gilberto Maldonado Bonilla, Medellín, Brisas de San Diego]

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