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Dávinson Sánchez, el líder silencioso de la zaga. 

*La Selección Colombia afrontará el duelo contra Ghana en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 con figuras como James Rodríguez y Luis Díaz acaparando la atención. Sin embargo, uno de los principales responsables de que la Tricolor llegue invicta a esta instancia no aparece en la tabla de goleadores. Dávinson Sánchez ha sido el futbolista más sólido y regular del equipo de Néstor Lorenzo a lo largo de la fase de grupos.

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Davinson Sánchez, de los destacados en Colombia. Foto tomada de ESPN.com.

El defensa se ha convertido en una de las figuras silenciosas de Colombia en lo que va del Mundial 2026. Mientras los reflectores se reparten entre los goles de Luis Díaz y la magia de James, el central del Galatasaray ha construido, partido tras partido, uno de los rendimientos más sólidos. Los medios especializados lo han destacado tras cada encuentro, incluso lo señalaron como la gran figura del partido ante Portugal pese a la polémica de la jugada del gol que le anularon. La hinchada, que en otros procesos llegó a cuestionarlo, hoy lo reconoce como una de las certezas más grandes de esta Selección. No es casualidad: los números respaldan cada elogio.

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El muro invisible de Colombia

En defensa pura, los números hablan por sí solos. Veinticinco acciones defensivas en tres partidos, repartidas entre 15 despejes, 4 intercepciones y 12 recuperaciones de balón. Ante Portugal, justamente el partido más exigente del grupo, fue el jugador que más acciones defensivas realizó de toda Colombia con 10, incluyendo 2 bloqueos clave que frenaron el ataque portugués en momentos críticos.

Pero más allá de los números, hay algo que las estadísticas no capturan del todo: la sensación de orden que transmite cuando está en el campo. Dávinson rara vez se ve desbordado, rara vez comete el error que termina en gol del rival. Eso, en el fútbol moderno, vale tanto como un golazo.

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El que da seguridad cuando todo se complica

Hay un detalle que va más allá de las estadísticas y que se siente en el ambiente del equipo: cuando Colombia se ve vulnerable en ataque, todos saben que Dávinson está ahí para sostener. Su presencia transmite una seguridad que contagia al resto de la defensa y le permite al equipo arriesgar más arriba, sabiendo que atrás hay alguien capaz de resolver lo que se complique.

Sus cierres son de los más difíciles de superar del torneo. En velocidad, pocos rivales logran ganarle la carrera, y lo demostró ante Portugal con un cierre espectacular que evitó una ocasión clara de gol, recortando metros con una zancada que parecía imposible para un central de su contextura. Por arriba, en el juego aéreo, su fortaleza es igual de notable: gana la inmensa mayoría de los duelos por alto, tanto defendiendo como atacando, convirtiéndose en una garantía en cada balón detenido que disputa, sin importar de qué lado del campo sea.

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Inamovible en la defensa

Lo primero que llama la atención de Dávinson en este Mundial es algo tan simple como contundente: jugó los 270 minutos posibles. Ni un minuto menos. Mientras Lorenzo movía el tablero en otras posiciones, probando variantes y dándole descanso a algunos titulares, el central nunca salió del campo. Es el tipo de dato que pasa desapercibido pero que dice mucho: cuando un entrenador no necesita ni pensar en cambiarte, es porque confía plenamente en ti.

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El central que también construye

Si hay algo que caracteriza el fútbol moderno de los centrales es la capacidad de manejar el balón con criterio, y ahí Dávinson se sale del molde tradicional del defensor que solo despeja y marca. En los tres partidos acumuló 247 toques de balón, una cifra altísima para un central, y ante RD Congo lideró absolutamente a todo el equipo en pases completados con 63, conectando con una precisión del 95%. No es casualidad. Colombia construye buena parte de su juego desde atrás, y Dávinson es uno de los encargados de iniciar esa salida limpia que después termina en los pies de James o Luis Díaz.

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Cuando el muro también ataca

Su aporte no se limita únicamente a la contención. Dávinson también se ha convertido en una variante ofensiva importante para Colombia en los balones detenidos, apareciendo con frecuencia en el área rival durante tiros de esquina y faltas indirectas gracias a su estatura y su buen juego aéreo. La prueba más clara llegó ante Portugal, cuando convirtió de cabeza lo que pudo haber sido su primer gol en un Mundial, anulado en el tiempo añadido por el juez de línea tras una jugada que desató una enorme polémica. Una jugada que no quedó en el marcador, pero que confirma que el central también puede ser una amenaza cuando Colombia ataca por arriba.

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Capitán sin cinta

Dávinson no es el capitán de Colombia, no da las entrevistas más esperadas ni protagoniza las celebraciones más efusivas. Pero dentro del campo ejerce un tipo de liderazgo distinto, el de quien organiza la línea defensiva con un gesto, el que corrige posiciones con una mirada, el que transmite calma cuando el partido se pone caliente. Es el típico jugador que los técnicos aman y que los hinchas a veces subestiman, hasta que un día no está y todo se nota distinto.

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El reto que viene: Ghana

El viernes 3 de julio en Kansas City, tendrá uno de sus exámenes más exigentes en este Mundial. Ghana, dirigida por Carlos Queiroz, es un equipo de gran poder físico, fuerte en transiciones rápidas y especialmente peligroso en los balones detenidos. Justo el tipo de rival donde la solidez aérea y la capacidad de anticipación de un central experimentado se vuelven indispensables.

Si los tres partidos anteriores son una muestra de algo, es que Colombia puede confiar en que su defensa central estará en las mejores manos. O mejor dicho, en los mejores pies.
(Fuente: ESPN.com)

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