
Por Pablo Arbeláez Restrepo
El calor de Armero apretaba y la Vuelta a Colombia había subido de temperatura, con la nítida victoria del Ñato Javier Suárez y la palmada que recibió en la cara el español Ventura Díaz.
Esa tarde de 1966, los ibéricos se extrañaban porque una exreina de Colombia y su padre se molestaron, ya que el corredor le había chantado un pico en la mejilla a la niña, al mejor estilo de los ibéricos.
Ellos, los españoles, desde la época de José Gómez del Moral, campeón de la Vuelta a Colombia de 1957, debido al retiro de los antioqueños en Riosucio por un supuesto remolque de Ramón Hoyos, han sido blanco de los picos, besos y algunos susurros en los podios criollos de pedal.
Y por qué sucede y ha sucedido esto. Porque por muchos años, como ahora con Óscar Sevilla –consiguió en un podio, a quien hoy es su esposa Ivonne-, los pedalistas de la Madre Patria han sido varias veces las estrellas de la competencia.
En la ronda criolla de 1961, por ejemplo, Julio Jiménez, un gran escalador, se convirtió en una de las figuras al ganar en solitario una dura fracción que venía desde el departamento de Caldas y que llegó a Medellín. En su momento fue considerada como toda una hazaña.
En el alto de La Línea, el mismo Julio les dio dura batalla a Rubén Darío Gómez y a Hernán Medina Calderón, quienes se preciaban de ser escaladores puros. Ambos fueron ganadores de la prueba.
Los nombres y apellidos españoles brillaron en el tiempo con corredores de la talla de Francisco Manzaneque, Candela Domínguez, José Antonio Momeñe, Gabriel Mulet y Fulgencio Sánchez, quien llegó a ser líder de la Vuelta de 1968.
Momeñe, quien era un bravo batallador, estuvo a punto de ser el campeón del giro criollo de 1965, por cuanto en Supía, a poco de la llegada en Anserma, se convertía en el dolor de cabeza de Cochise Rodríguez y Javier Suárez, quienes se fundían en celosa marcación. Finalmente Momeñe ganó el tramo, pero de atrás vino la postrer reacción de quienes en ese momento eran los ídolos del pedal. Los que dividían los corazones del país.
Corrieron los años y con ellos la Vuelta, para que después se tuviera en carrera a Laudelino Cubino (Seguros Amaya), quien puso en serios aprietos a los escarabajos, para armarles más de un bailao y hasta ganarles una etapa en 1991, en Bogotá.
Y así, con varios ruteros del Kelme en sus diversas denominaciones, hasta llegar a la época de Sevilla, con sus dos títulos y siete triunfos de etapa.
El nacido en Ossa de Montiel hace 38 años perdura en el tiempo, busca el triplete y se ha convertido en el principal referente ibérico, con la vigencia de estar este sábado en la lucha del título de la edición 65, en el alto de Las Palmas. Y a diferencia de lo sucedido con José Gómez del Moral, con los antioqueños Mauricio Ortega y Alejandro Ramírez, entre pecho y espalda.







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