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DIM: Lo que mal empieza… (m.v.z.)

TUNJA. Dolorosa caída del DIM en el estadio La Independencia con Boyacá Chicó ue deja a los rojos sin opción de clasificación a la final de Liga. Foto @Dimayor.com.

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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

 

 

*Este campeonato  ha estado plagado de yerros, decepciones y contrariedades para el hincha poderoso.
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Después de la vergonzosa e indignante final ante el Deportivo Pereira,  en la que el fútbol, la actitud y las aspiraciones brillaron por su ausencia en el  DIM,  y que además dejó  en la afición una herida  que aún no cicatriza,  el equipo  contrató  un buen número de jugadores, entre los había  algunos reencauchados.  Edwin Cetré,  Jonathan Marulanda, Emerson Batalla, John Palacios, Jaime Alvarado, Déinner Quiñones, Daniel Londoño, Ever Valencia, Jorge Cabezas y Andrés Ibargüen integraron la extensa lista de refuerzos (???).

 

No obstante la proliferación de  caras y nombres nuevos en el equipo,  el DIM no evidenció cambios en su fútbol, en su sistema táctico ni en su  actitud. Por el contrario, entre inventos, experimentos y ausencia de autocrítica por parte de su novel cuerpo técnico, lo mismo que  recurrentes erróneas  lecturas de partido,  los problemas se agudizaron. El fútbol rojo se mostró a cuentagotas, la satisfacción por algún resultado (triunfo) rara vez se alineó con la complacencia por un fútbol colectivo y con ambición y el relevo en la dirección técnica  fue  lógica y ajustada tanto  al  cicatero y caótico  comportamiento del equipo en la gramilla como a su fragilidad anímica.

 

La presencia, en interinato, de la dupla Sebastián Botero-Francisco Nájera, empujó con fuerza al Deportivo Independiente Medellín hacia cuadrangulares y le  dio otro aliento a la hinchada. No alcanzó, sin embargo, con el milagroso gol al Deportivo Pasto, en el minuto 90+8,  ni la contundente victoria al Unión  Magdalena, 4-0,  puesto que esta serie semifinal  con América, Millonarios y, anoche, Boyacá-Chicó, dejó  al desnudo una vez más todas las limitaciones de un  equipo que no respondió  como debería con la “inyección” de diez futbolistas (entre nuevos y reencauchados)  porque, en definitiva, no  posee fútbol colectivo,  identidad  táctica y/o estratégica ni fortaleza mental.  Tampoco metas, objetivos, procesos ni aspiraciones, desde su cúpula dirigencial.

 

Este, infortunadamente, es un problema  diagnosticado  desde años atrás. La vinculación de   David González, poseedor  de  un  reconocido historial como jugador pero sin experiencia alguna en el área de la dirección técnica, fue un  exabrupto administrativo. Y también lo fue la contratación de jugadores al “bulto”, así  contaran con el aval del orientador rojo,  sin un análisis pormenorizado de las condiciones  ni las  necesidades  apremiantes del equipo. En la  actual temporada, nos encontramos con  diez jugadores nuevos y un DIM  con profundas grietas en su zaga, sin ideas  ni brújula en mitad de campo,  carente del jugador chispeante y huérfano del tan vital  goleador-definidor. Un DIM desarticulado por completo y dependiente de acciones individuales.

 

Pero más preocupante que el bajo nivel competitivo fue el pobre  nivel motivacional en la  mayoría de jugadores rojos, veteranos o jóvenes, antiguos o nuevos. La falta de actitud,  la displicencia  y fundamentalmente  ese conformismo  tan fuertemente cuestionado  por los seguidores rojos, fueron  comunes a un buen número de partidos y, reitero, a un buen número de jugadores. Una “resignación” que, sabemos, proviene desde las altas esferas del club. No voy a extenderme en detalles  respecto de una posición por mí asumida  desde hace algunos años y que la comunidad de Cápsulas conoce  en detalle.

 

En cuanto al torneo que nos ocupa,  la  campaña del DIM en fase todos contra todos planteó muchos  interrogantes  y dejó  demasiados  sinsabores.  En ella, el  Equipo del Pueblo no pudo superar a ninguno de sus tres  contendores  de  cuadrangulares: perdió 0-1 con América, en el Atanasio Girardot; 0-2 con Boyacá-Chicó, en el estadio La Independencia; y  1-2  con Millonarios, en El Campín. En esta serie semifinal,  como local  igualó (2-2) con el cuadro embajador y fue derrotado, 0-2 por los diablos rojos  y 0-1 por los ajedrezados, ambos juegos en condición de visitante.  Y cada una de las tres presentaciones  mostró los mismos vacíos anímicos, tácticos, futbolísticos y de manejo ( en todas sus áreas), que  evidencia  el DIM desde años atrás.

 

Así falten tres fechas  en cuadrangulares, el DIM  ya jugó a nada y lo perdió todo en esta fase semifinal.  Lo que mal empieza, mal termina,  y  este campeonato  ha estado plagado de yerros, decepciones y contrariedades para el hincha poderoso. Otro torneo para olvidar.
[María Victoria Zapata B.]

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