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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.
*No fue más que otro campeonato con mucho de pena y nada de gloria, con todos sus saldos en rojo.
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Con una nueva derrota, en esta ocasión 1-2 ante Millonarios en El Campín, y la cuarta en cuadrangulares, concluyó la penosa participación del Deportivo Independiente Medellín en el primer campeonato de la temporada 2023.
Dos empates, cuatro derrotas, 3 goles a favor, 8 en contra, 2 puntos de 18 posibles, cuatro fechas en las que no se anotaron goles, y un rendimiento de 11.1% en esta fase semifinal. Fútbol, colectividad, profundidad, definición, actitud…sin calificación…
Un cuadrangular vergonzoso para una afición nuevamente golpeada, burlada y humillada, porque no es fácil digerir un fracaso en el que no solo los números quedaron en rojo. La ambición, el pundonor, el sentido de pertenencia y el esfuerzo también mostraron saldos negativos.
También quedaron con saldos negativos los cuerpos técnicos encabezados por David González, primero, y Sebastián Botero, más adelante, la casi totalidad de los “refuerzos” y reencauches y la dirigencia del DIM que, una vez, demostró carecer de planeación, de organización y de metas.
Y fue igualmente irrespetuoso acometer la negociación de jugadores en instancias cruciales del campeonato, convertir la escuadra profesional en laboratorio de experimentación y asumir la búsqueda de refuerzos – como se hace actualmente- sin un análisis pormenorizado de las necesidades del equipo y, lo peor, sin la designación previa de un director técnico en propiedad.
Este indecoroso cuadrangular y este lamentable torneo, se suman a la ya extensa lista de fracasos del DIM en los últimos años, situación que no deja de ser preocupante para el hincha rojo. Sin embargo hay un hecho más inquietante aún y es que no se vislumbran intenciones ni acciones que denoten una reestructuración administrativa, deportiva ni mental.
Porque es un hecho que la escuadra profesional reclama jugadores en todos sus sectores: centrales, laterales, un genuino volante de armado y un definidor puro, entre otros. Pero necesita, así mismo, un cuerpo técnico con recorrido y experiencia en primera división y, fundamentalmente, una dirigencia que también le aporte al DIM un importante capital mental y motivacional.
Ese es el mayor refuerzo que hoy pide el Equipo del Pueblo. Unos directivos que lo fortalezcan emocionalmente, que le inyecten jerarquía, coraje, sentido de pertenencia, carácter, vergüenza deportiva y un ADN ganador. Dirigentes con proyectos, con organización y, sobre todo, con políticas encaminadas a la obtención de objetivos que trasciendan la clasificación a cuadrangulares.
Mientras ello ocurre, seguiremos condenados a ocasionales triunfos, a constantes reveses, a un irracional conformismo y a lamentables y vergonzosos torneos como el que concluyó anoche y que no fue más que otro campeonato con mucho de pena y nada de gloria, con todos sus saldos en rojo y con fracaso total para el DIM.
[María Victoria Zapata B.]
