Por Juan Manuel Herbella, Diario Perfil
*Ante la emergencia sanitaria por el coronavirus, cuáles son las prioridades deportivas y las herramientas utilizadas. Prioridades y olvidados según los distintos países.
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El primer registro de la palabra “cuarentena” data del Siglo XII. Se escuchó en lo que hoy es territorio italiano como respuesta contra la Lepra y, un par de siglos después, se utilizó contra la Peste Negra. Allá por 1127 y no casualmente en Venecia, meca del comercio y el transporte marítimo en occidente, el término se utilizó para identificar un aislamiento selectivo de los que se sospechaban enfermos.
“A mí me gustaba el fútbol cuando lo jugaban los líricos y los tuberculosos. Pero ahora se ha convertido en refugio de millonarios” dice Dante Panzeri que dijo Benito Quinquela Martín en su libro Burguesía y Gansterismo en el Deporte de los años 70. La generalización infundada sobre los futbolistas como niños ricos está arraigada y frases desafortunadas como las de Carlos Tevez, hace unas semanas, no hacen más que consolidar el preconcepto. Porque les aseguro que en el fútbol argentino juegan pocos multimillonarios y hay muchos laburantes.
Según el “FIFA profesional Football report 2019”, informe que utiliza los registros de transferencias hay 3.920 futbolistas argentinos. Un número para tomar con pinzas porque varios compatriotas pululan por el mundo con pasaporte comunitario.
Si nos enfocamos en los datos provistos por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en nuestro país hay 103 clubes profesionales. Y mientras que en varios equipos de la Superliga pueden convivir cerca de setenta jugadores con contrato, el número desciende a medida que se desciende de categoría.
Aplicando un cálculo rápido y tomando como promedio a 30 profesionales por club entre los planteles de Primera y Reserva, en la Argentina habría más de 3000 familias de jugadores que viven casi con exclusividad del fútbol.
Tampoco habría que omitir en el cálculo lo que pasa en el fútbol femenino, que representa alrededor de un 10% más sobre ese valor. Si bien la gran mayoría de las chicas no viven exclusivamente de lo que ganan jugando al fútbol, cada club de la máxima categoría cuenta como un mínimo de ocho contratos por equipo, pero el número estimativo está cerca de las 300 jugadoras rentadas.
La realidad de los futbolistas es tan acuciante como la de las instituciones que los cobijan. Al día de hoy, una importante cantidad de equipos adeudan salarios y así como entre los equipos de Superliga son pocos los que llegan a los tres meses de atraso, en el ascenso es moneda frecuente. Entre los que hacen el esfuerzo de seguir pagando, más de la mitad han optado por abonar exclusivamente el básico, lo que el futbolista tiene en su recibo de sueldo, y diferir el resto.
Hay muchos chicos que ya no tienen de que vivir pero se arremangan, están más preocupados por el futuro que amenaza desolador. Porque pese a no percibir su salario, hoy los jugadores saben que hasta el 30 de junio están generando un ingreso que en algún momento cobrarán pero: ¿Qué puede pasar si el fútbol, tal y como lo conocemos, no vuelve en el segundo semestre?
Entre los futbolistas de las categorías más bajas reina el desconcierto. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) pretende jugar dos años sin descensos, lo que reduciría enormemente sus posibilidades de trabajo. Porque seamos sinceros, en un fútbol profesional donde la derrota no implique una pérdida desaparece la competencia y el juego deja de ser lo que era para convertirse en un picado. Lisa y llanamente.
(Fuente: Diario Perfil)