
Por José Acosta Bedoya. //
Columnista. //
La teoría de probabilidades es, por definición, un constructo teórico. En el entorno futbolístico colombiano, nos hemos acostumbrado a consumir la estadística aplicada al juego como si se tratara de un dogma de fe. Se pretende anticipar el destino de un partido a partir de probabilidades de remates al arco, goles esperados o efectividad en penaltis; sin embargo, se olvida que estos indicadores son herramientas de información para evaluar rendimientos postpartido y respaldar la toma de decisiones, no oráculos predictivos.
Si bien existen datos analíticos en tiempo real que revelan comportamientos tácticos y patrones de juego sobre la marcha, el periodismo deportivo tradicional suele ignorarlos. En su lugar, la narrativa se limita a justificar marcadores parciales o finales mediante variables superficiales como la posesión, los tiros de esquina o los fueras de juego; métricas aisladas que raras veces reflejan la complejidad y la realidad del resultado.
Intentar justificar el azar del marcador mediante el escudo de la probabilidad matemática es un error conceptual que la realidad se encarga de cobrar caro.
La historia reciente del balompié local ya registra antecedentes: hace un par de temporadas, dos directores técnicos jóvenes intentaron validar sus malos resultados amparándose en la estadística probabilística, quedando expuestos ante la contundencia de sus balances deportivos. Hoy, la tendencia ha mutado hacia una nueva moda: analizar el juego bajo la óptica y las cuotas de las casas de apuestas. Se confunde, de forma alarmante, la información diseñada exclusivamente para el apostador con insumos para el análisis periodístico y la predicción de resultados.
El fútbol no se predice; se juega. Su desarrollo responde a lineamientos estratégicos, planteamientos tácticos y, fundamentalmente, a un modelo de juego institucional que configura el ADN de un equipo. Es la correcta ejecución de esta identidad la que transforma la operación deportiva en un proceso eficiente.
Al final del día, un modelo de juego eficiente es el mayor garante de la regularidad y el éxito deportivo, superando con creces cualquier proyección teórica. Es hora de trazar una línea clara: dejemos la estadística especulativa en manos de los apostadores y devolvámosle la búsqueda de la eficiencia al fútbol.
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De la Redacción. José Acosta presentó un proyecto integral de desarrollo deportivo bastante amplio para la Dimayor, el cual lo viene ejecutando como consultor de la entidad.