Capsulas de Carreño

‘El todo terreno’… Guillermo Montoya Callejas

POR WILLIAMS VIERA, desde USA

 

 

La de hoy es una historia extraña. La idea surgió en el momento de una charla con un periodista deportivo que a través de su trayectoria se convirtió en un hombre de amores y desamores entre dos hinchadas de fútbol, pero a pesar de eso, es admirado y respetado por sus comentarios que emite, de lunes a viernes, en su programa mañanero hasta el punto que es considerado un ‘monstruo’ de la información deportiva y que sus colegas, aquí entre nosotros, dicen: “Si no lo informó el ‘Gordo’, la noticia no existe”.

A través del tiempo logró ser un guía, como dicen los jóvenes comunicadores, de varias generaciones en su terruño por ser un verdadero antioqueño en su forma de hablar con algunas muletillas características como “a la lata” o “san se acabó” tan comunes entre la gente de a pie y, lógico, por sus apellidos mientras que para la vieja escuela tiene un estilo parcializado, pero auténtico en Antioquia la Grande.

Y gracias a que la magia existe en las narraciones escritas, esta crónica se desarrolla en dos latitudes.

Guillermo Montoya Callejas a la hora de informar y analizar los deportes, desde las 6 de la mañana, a través de los 790 de Múnera Eastman Radio en el programa ‘Buenos días deporte’.

                                                      Mundos paralelos
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En los próximos años el género humano se habrá olvidado de un virus llamado Covid-19 después de que el hombre haya logrado contrarrestarlo con una vacuna, pero mientras sigue investigando sus cosas a través del microscopio, otros seres de otras latitudes más antiguas harán lo mismo y se reirán de las ínfulas de superioridad que tiene la raza humana sobre este mundo. Entonces, desde otro punto del espacio prepararán la invasión y enviarán enormes naves dotadas de capsulas especiales en las que viajarán extrarrestres con la misión de conquistar nuestro planeta.

La verdadera pregunta no era dónde, sino cuándo.

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Y mientras llega ese momento, “el coronavirus le ha recordado a la humanidad sus pérdidas y sus deficiencias. Por ejemplo, las familias que han preferido comer fuera ahora tratan de cocinar por sí mismas teniendo en cuenta las preocupaciones de higiene o de salud al permanecer en casa debido a la cuarentena”, dijo el comentarista deportivo Guillermo Montoya Callejas que, desde su casa de retiro en el campo, informa y analiza los deportes con su voz de pecho, desde las 6 de la mañana, a través de los 790 de Múnera Eastman Radio en el programa ‘Buenos días deporte’ que nació el 7 de agosto de 1985 en Radio Deportes, estación que desapareció como tal en el 2000 y que se transmitía en el dial de Radio Visión.

Cuando la gente se levanta, enciende el radio para escucharlo al igual que sus colegas que quieren saber qué está sucediendo en la actividad del músculo.

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Están tan inmersos en la preparación de sus naves para el viaje futuro que una frecuencia radial, de pronto, es captada en sus receptores hasta el punto que les roba la atención a aquellos intelectos fríos y calculadores con mentes similares a las nuestras. Las ondas hertzianas han recorrido miles de millones de kilómetros, pero también han transcurrido varios años que para ellos son instantes.

“El Atanasio Girardot muestra hoy domingo, 27 de junio de 2004, una vista espectacular con los colores verde y blanco del Atlético Nacional y del rojo del Deportivo Independiente Medellín. En las graderías ya se vive una fiesta. Sólo faltan los jugadores que recuerdan que el pasado jueves, 24 de junio, se jugaron los primeros 90 minutos de la final en la que el DIM, dirigido por Pedro Sarmiento y con diez hombres por la expulsión de John Wilmar ‘La Pelusa’ Pérez, ganó, 2-1, con anotaciones de Jorge Horacio Serna y Rafael Castillo mientras que el descuento verdolaga, con la dirección técnica de Juan José Peláez, lo convirtió Edixon Perea”, escucharon la voz de Montoya Callejas a miles de kilómetros, pero aquellos extraterrestres se quedaron con las ganas de saber que en aquel domingo, el Medellín, al empatar   0-0 con su rival de patio, obtendría el cuarto título de su historia y que sus hinchas gritarían, como si quisieran que sus palabras llegaran al espacio, “Medallo, campeón”.

Era como si estuviéramos en dos mundos paralelos.

Guillermo Montoya Callejas, un todo terreno del periodismo antioqueño.

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Pero en este tiempo de tapabocas, de distanciamiento físico, de cambios en las costumbres y de sentir la necesidad de entrenar a nuestros hijos sobre cómo comportarse y qué hacer en situaciones extraordinarias para sobrevivir o para satisfacer nuestras necesidades diarias en escenarios de desastre, Guillermo Montoya Callejas, el comentarista ‘todo terreno’, como se le conoce, y graduado de la Universidad de Antioquia, con 45 años de ejercicio en el periodismo radiofónico, en su casa, debido a la cuarentena, se emociona y le brillan los ojos cuando lee, por ejemplo, a George Carlin (q.e.p.d.), quien fue comediante, actor, autor y crítico social estadounidense.

“Él era conocido por su comedia negra y sus reflexiones sobre política, psicología, religión y varios temas tabús”, dijo Montoya Callejas mientras revisaba que algunas de las plantas que había sembrado estuviesen creciendo de manera correcta.

Y ya que hemos mencionado a Carlin no estaría de más decir que en esta época incierta en que el género humano se encuentra en una encrucijada, Montoya Callejas junto a su señora, Paula Roldan, disfrutan del campo y de la lectura que los hace reflexionar cuando encuentran frases como “la paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos”.

De momento, ni Montoya Callejas ni Paula Roldan se les había ocurrido que hubiese una verdad ahí afuera.

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La presión que sufrían los extrarrestres es que estaban distantes de los comienzos de la vida y más cerca de su fin a pesar de poseer inteligencia superior, pero tan mortales como el género humano. El oír aquella recepción radial en la que se escuchaba, además de la voz del comentarista, el bullicio de la gente en la gradería era para ellos un misterio en su mundo de tranquilidad. Entonces optaron girar sus grandes telescopios con los que podían desentrañar con precisión de dónde les llegaba la señal. Y lo hacían con la exactitud de quien creaba el espacio y el tiempo en una cancha de fútbol para que el compañero pudiese convertir el gol como era la costumbre, por ejemplo, de Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, de Alfonso Cañón (q.e.p.d.), de Hernán Darío ‘El arriero’ Herrera, de Adolfo Pedernera (q.e.p.d.), de Tostao, de Ricardo Enrique Bochini o de Messi, entre otros, que tenían una imaginación sin límites en el tapete verde debido a la gran técnica, en el manejo de la pelota, y de la extraordinaria visión de todo el juego que los convirtió en estilistas del balón.

Los del otro mundo seguían ahí mirando.

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Una de las cosas que nadie puede negar es que Guillermo Montoya Callejas, durante el tiempo que lleva al frente del micrófono en la empresa que sea, transmite su pensamiento de manera genuina, pero demostrando su gran amor a la tierra que lo vio nacer, Antioquia. Sin embargo, en el momento que tiene que viajar al exterior, en transmisiones de ciclismo, de fútbol o de voleibol, su gran pasión, siempre saca a relucir el orgullo de ser colombiano.

“Patria es una y en este país de regiones, soy antioqueño de pura cepa”, nos dijo una vez, hace muchos años, en Cali, antes de un partido América-Nacional.

La gente gritándole improperios y él comentando como si nada.

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Los alíen miraban a través del espacio con instrumentos que ni siquiera habíamos soñado, pero a la vez captaban voces e imágenes de todo tipo. Lo que más les había sorprendido era ver recintos con tribunas llenas de gente que gritaban, que aplaudían, que se levantaban como si tuvieran resortes en las nalgas mientras sus rostros se llenaban con un “oooohhh” cuando alguno de los jugadores, así lo habían escuchado que les decían, hacía alguna cosa increíble con el balón porque era muy atrevido. Entonces ellos también, en su idioma, se emocionaban y buscaban que los pequeños alienígenas, considerados superiores a sus vecinos planetarios, le pusieran música a cada pelota que tocaban y que borraran de sus pensamientos lo que admitían los terrícolas que la vida es una miseria, más enredada y pendeja que en las radionovelas escritas por Fulvio González Caicedo que con sólo voces y sonidos transmitían emociones de diverso orden hasta el punto que por el oído se atacaban los sentimientos que lograban conmover, producir lágrimas, risas y rabias contenidas a través de personajes que encarnaban amor y odio.

Ellos procuraron decir fútbol en su idioma y no lo consiguieron, pero mentalmente, debido a sus poderes telepáticos, vieron cómo podían moverse sin causar desorden táctico. Entonces sonrieron.

Después, oscuridad.

Cuestión de colores

El periodista Guillermo Montoya Callejas junto a su hija, Sarita, y su esposa Paula Roldan. El comunicador es toda una insignia en el mundo radiofónico de Antioquia.

 1   Lo que más sorprende al conversar con Guillermo Montoya Callejas, en este tiempo en que ‘el enemigo indeseable’ tiene al género humano al borde del nocaut, es su espíritu filosófico alejado de la vanidad y de lo material. Es como si hubiese regresado a la época de estudiante universitario cuando nos hablaban de la lógica matemática y la filosofía analítica.

Si usted escucha atentamente a Montoya Callejas en los comentarios que hacen referencia al Atlético Nacional o al Deportivo Independiente Medellín, ‘El Gordo’, como lo llaman sus amigos más cercanos, aplica palabras sencillas, sin tanto rebusque, que hasta podría llegar a utilizar lo que escuchamos de los jóvenes en una esquina cuando dicen, por ejemplo, “¡estos silleteros si son muy berracos!” o “tan charro este partido” o como dijo el cantante Juanes, “¡Medellín es una chimba!”.

Sin embargo, ‘El Gordo’ es de la vieja escuela. Cuida el idioma cada vez que está al frente del micrófono y lo respeta como lo hace con sus oyentes en una clara demostración que durante su estancia en las aulas de la Universidad de Antioquia aprendió bien la lógica matemática que le proporcionó reglas y técnicas para determinar si es o no válido un argumento dado dentro de un determinado sistema formal.

Por eso no es extraño que en los actuales momentos de lectura a Montoya Callejas lo haya atrapado Carlin, el critico social, con sus frases llenas de razón cuando dice, por ejemplo, “gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero disfrutamos menos”.

En la casa se siente tranquilo al estar rodeado de la naturaleza, de ver cómo las flores extienden sus coloridos pétalos amplios al sol mientras la lengua de alguna abeja hace su trabajo. Era como si aplicara el mensaje esperanzador del Salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas”.

Y ya se sabe, todo cambió por la invasión provocada por el más devastador virus de la historia moderna.

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En el mundo paralelo, los jefes extraterrestres escudriñaban el espacio, con las manos a la espalda. Se quedaban inmóviles un par de minutos mientras se contemplaban y llegaban a la conclusión que estaban lejos de ser monstruos, que ellos podían tener más en común con los terrícolas de lo que podrían pensar los que asistían a recintos con tribunas llenas de gente que gritaban, que aplaudían y que se vestían con los colores del equipo amado.

Dos mujeres alienígenas entraron a la sala de recepción satelital y vieron las imágenes recién captadas, pero las miraron boquiabiertas.

Pensaron que estaban siendo conquistadas.

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Se sabe que Guillermo Montoya Callejas inició su peregrinar por el deporte como entrenador de voleibol femenino en divisiones menores de Antioquia, que fue árbitro y que fue presidente de la Liga cuando estaba en crisis, en el 2001, con un déficit de 130 millones de pesos y tres años después la devolvió con superávit, en lo que se constituyó en una gran gestión directiva.

“A Guillermo le decíamos ‘Guillo’. Él empezó en RCN haciendo estadísticas de ciclismo y luego se convertiría en comentarista de las bielas y de los pedales, pero llegó el día en que el fútbol lo arrastró”, nos dijo hace años Julio Arrastía (q.e,p.d.) cuando ambos ya estaban en Caracol.

‘Guillo’, en su adolescencia y juventud, recorrió el centro de Medellín en las grandes manifestaciones como el recibimiento a las reinas de belleza o el de Ramón Hoyos (q.e.p.d.) cuando ganó por quinta ocasión la Vuelta a Colombia en bicicleta o cuando Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez Gutiérrez, en la pista del velódromo Agustín Melgar, en la ciudad de México, estableció el 7 de octubre de 1970 la marca mundial de la hora para aficionados cubriendo un total de 47.566,24 metros. En esas aglomeraciones se registraban apretujones por los andenes y por las calles, señoras sofocadas, muchachas estrujadas, al otro día se veían por el suelo zapatos, botones, calzoncitos de mujer de diferentes colores, contaría años después el escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo (q.e.p.d.), en una de las mejores novelas urbanas escritas en Colombia, ‘Aire de Tango’.

Así sucedían ese tipo de cosas, igualmente, en el resto del país, por Dios que sí.

Otro punto de apoyo que tiene, por estos días, el periodista deportivo Guillermo Montoya Callejas, es compartir con su hija.

Periodo de cambio
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Las dos mujeres alienígenas guardaron silencio mientras veían a los terrícolas, vestidos con camisetas y calzón corto, correr detrás de un balón mientras el mundo se paralizaba con el arte del engaño.

Pensaron en todos los patrullajes realizados durante los entrenamientos como oficiales, pero que ¡los jefes estuvieran embebidos con aquello! les causaba sorpresa. Ellos decían que era por la armonía musical de los movimientos y por la estructura de los participantes en ese juego. Entonces señalaban, ahí están el bajo y la batería. Y ahí está el director de orquesta. Están quienes hacen que otros brillen. Hay uno que hace el trabajo oscuro que, además, tiene talento para brillar, y el conjunto tiene una musicalidad que te enamora.

Sabían que ese orden era absolutamente necesario hasta en el arte de la guerra por el momento en que se hallaban.

En su mundo empezaba el período del enfriamiento.

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En este tiempo de aislamiento y de reflexión, Guillermo Montoya Callejas tuvo la oportunidad de alejarse de la ciudad y dejó de ver la silueta familiar de los rascacielos de ‘la Capital de la Montaña’ y el cielo sin nubes que se extiende al otro lado y dejó, además, de  respirar el aire contaminante que causa susto y hasta desazón entre la gente debido a la contingencia ambiental en Medellín y en el Valle de Aburrá.

“El estar en el campo junto a mi familia nos hace reflexionar que la pandemia del Covid-19 es para repensar lo que ha sido nuestra vivencia en este mundo. Por ejemplo, veo las hojas de los árboles más verdes, se respira un aire más puro, hay un toque de tranquilidad y frases como las de Carlin que, aunque fueron escritas hace años, nos hacen analizar lo que hemos sido como género humano: ‘Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo’…”, dijo Montoya Callejas mientras preparaba, con su acostumbrada hiperactividad y obstinación, uno de sus programas deportivos sin dejar de lado la información suministrada por Greenpeace, organización ambientalista, cuando dio a conocer, por ejemplo, que debido a las restricciones adoptadas para combatir el coronavirus, los océanos estaban más limpios al igual que las playas, que el cielo se veía más azul y que existía una caída brusca en las ciudades del mundo de la presencia de dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno (NO2), el mayor contaminante producido por el tráfico vehicular.

    La humanidad, sin embargo, no se daba cuenta del reto que tenía enfrente.

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Los jefes extraterrestres durante mucho tiempo han tenido que calcular con precisión, debido a sus conocimientos matemáticos superiores a los nuestros, los preparativos de conquista que estaban en marcha luego de ser impulsados por la curiosidad de aquellas ondas de radio espaciales en las que escuchaban transmisiones de fútbol con sus consabidas imágenes al igual que de otras actividades del género humano.

En varios puntos de la tierra los observatorios astronómicos seguían sin detectar los movimientos que se daban allá afuera ni siquiera con el telescopio espacial Hubble que se encontraba en órbita desde 1990.

El polvo universal se movía en la inmensidad del vacío mientras el mundo continuaba ignorando el peligro más grave que amenazaba al género humano.

Bien sabía Dios que ya había ocurrido anteriormente. De aquello ya hacía mucho tiempo, pero aún quedaba gente por ahí que lo recordaba para asustar al resto.

La oscuridad de la nada al cielo azul.

En la casa de campo, en la que vive debido a la pandemia, Guillermo Montoya Callejas, en sus ratos libres, se relaja sembrando árboles o plantas.

Un toque de alerta
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“Vamos a estirar músculos para iniciar el calentamiento”, era una de las frases de Guillermo Montoya Callejas en su época de entrenador de voleibol. Y luego ordenaba al grupo de jugadoras realizar trabajos de rebote libre, de carrera de rebotes sin olvidar, obviamente, lo que se conoce como carrera de canguros con el objetivo de que desarrollaran habilidad y destreza con el balón en el rectángulo de madera.

Montoya Callejas, como se sabe, es de Medellín, del barrio Manrique, el que nació con el tranvía y que es famoso por el aire de tango que vivieron las generaciones de la mitad de la centuria anterior y que se refleja en la plaza y en el monumento en honor a Carlos Gardel aunque hoy, su aire, es de hip-hop y rap, pero queda la arquitectura de sus caserones, de la amplitud de sus calles en la zona central y una de las construcciones más bellas de la ciudad: el templo estilo gótico de El Señor de las Misericordias, la primera señal de que se llegó a Manrique.

A pesar de crecer con el aire de tango, Montoya Callejas es un enamorado de los boleros con sus historias de pasiones y desencuentros. Es decir, es otro cantar. ¿Boleros? “De vereda a vereda/ de balcón a balcón”, Leo Marini… O Daniel Santos, ‘El Jefe’: “Bésame/ Bésame mucho/ Como si fuera esta la noche/ La última vez”… O Los Panchos con Eydie Gormé: “Con ella fui/ Noche tras noche, hasta el mar/ Para besar su boca fresca de amor”.

Las cosas no se van, los recuerdos se quedan. Y Montoya Callejas estudió la primaria en el Colegio El Sufragio, el bachillerato en el Marco Fidel Suárez cuando sus estudiantes de Medellín se sentían orgullosos de pertenecer a esa famosa institución e hizo su carrera de Ciencias de la Comunicación y Educación Física en la Universidad de Antioquia, pero su primera incursión en la radio se dio cuando Augusto Castro, gerente de RCN, lo conoció y lo incluyó en una transmisión como comentarista de atletismo, la famosa maratón de El Sena, en la que se desfloró al frente de un micrófono.

De esa manera se subió en un carro móvil que era su sueño desde niño cuando salía a las carreteras a ver el paso de la Vuelta a Colombia, pero él no veía los ciclistas sino aquellos vehículos de transmisión de esa época.

Entonces, ya saben la razón de por qué ‘El Gordo’ Montoya Callejas es un ícono del periodismo radiofónico en Antioquia, su tierra.

Guillermo Montoya Callejas, a quien sus amigos llaman ‘El Gordo’ o ‘Guillo’, disfruta de la naturaleza y de la lectura de buenos libros, entre ellos, los escritos por George Carlin, el hombre de las paradojas.

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Los telescopios apuntan desde hace años a la oscuridad del cosmos, pero no han detectado nada a pesar que son capaces de captar longitudes de ondas milimétricas y submilimétricas.

Sin embargo, los alíen están ahí afuera, según registros de aviadores militares que hablan de avistamientos de ovnis y que lo han probado con el eco en el radar, pero los mantenían en secreto como si el encubrimiento fuese parte de una conspiración de personas poderosas y organizadas que trabajan con pruebas irrefutables de otro tipo de vida inteligente capaz de esclavizar al género humano sin destruir la Tierra.

Los periódicos del mundo han dado a conocer a través de fotografías en primera página y de crónicas de sus redactores más incrédulos luego de entrevistar a testigos que contaban del registro de encuentros del tercer tipo. Los contactados entregaban videos de objetos voladores no identificados; otros hablaban que habían tenido interferencias electrónicas o mecánicas en los vehículos que manejaban; y los demás explicaban que no sabían qué había sucedido ni donde estuvieron en el momento que fueron abducidos, durante horas, por seres de otro mundo como decían en Zarzal, Valle del Cauca, los más viejos, entre ellos, Gustavo Arana (q.e.p.d.), quien pudo escribir una gran historia, pero lo de él eran relatos orales que formaban parte de la tradición popular de nuestros pueblos. Eso sí, siempre recalcaba, “yo quiero creer”. Entonces, le daban ataques de hiperactividad.

Los jefes extraterrestres dieron la señal luego de captar otra onda radial satelital en la que se hablaba de conquista, obviamente la señal les llegaba retrasada, en la que se recordaban dos fechas memorables: 31 de mayo de 1989 y 27 de julio de 2016 en las que Atlético Nacional con la dirección técnica de Francisco Maturana y Reinaldo Rueda, respectivamente, había conquistado sus títulos de Copa Libertadores, en las finales, ante Olimpia de Paraguay e Independiente del Valle de Ecuador.

En el instante de la señal, centenares de personas dijeron que vieron estrellas fugaces que resplandecieron a lo lejos, durante unos segundos, pero no sabían qué era.

La exploración del espacio no es el futuro, es el presente.

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¡El campo! En este tiempo de crisis, debido a la pandemia, sin descuidar su gran pasión de informar y de comentar de deportes, Guillermo Montoya Callejas se le ve, en su casa, con ruana de paño, con café caliente para el frío, con totumadas de claro con leche para el calor, sancocho o frisoles verdes y en ocasiones mira el cielo azul, pero sin pensar en la oscuridad que hay al otro lado.

Él, quizás, también vio las estrellas fugaces que resplandecieron a lo lejos y para ello aplicó lo que ha sido su filosofía analítica de las cosas aplicando la lógica formal que le sigue dando el éxito en la profesión que ama, pero sin olvidar la claridad que debe tener en el momento de los detalles y del rigor en la argumentación.

“El paso de los años le proporcionan a uno, sin darse cuenta, una receta útil para saber cómo vivir, pero sin dejar de aprender. En tal sentido, Carlin, me conquistó como lo hizo, en mi época de estudiante, Oriana Fallaci con su libro ‘Entrevista con la historia’. Ella lo hizo por la forma de presentar a los personajes y de cómo se les debe enfrentar. En el caso de Carlin nos aterriza, en la consabida modernidad, cuando escribió, ‘tenemos más grados académicos, pero menos sentido común; mayor conocimiento, pero menor capacidad de juicio; más expertos, pero más problemas; mejor medicina, pero menor bienestar’…”, dijo Montoya Callejas que, con un deporte de leyenda, se hizo “un romántico del fútbol” hasta el punto que lo disfruta con pasión absoluta como si fuese el mismo voleibol con el que se dio a conocer en sus inicios.

Entonces, debido a la magia de las narraciones escritas, los mundos paralelos se encontrarán dentro de 28 años luz de distancia cuando aquellas luces fugaces, en realidad naves interestelares, atraviesen la Vía Láctea y sean visualizadas, primero por los astrónomos y después por el género humano, pero en esa época del futuro estará, sin duda, un periodista deportivo radiofónico, a las seis de la mañana, informando del inicio de la conquista de los extraterrestres, quienes al bajarse de sus naves harán el ritual del fútbol. Es decir, irán a oler la hierba en algún estadio.

Y luego, realizarán algunas piruetas con un balón. Será como si fuese un regalo del que nadie, jamás, se olvidaría.

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