Capsulas de Carreño

En aquel 1980, un ‘dios’ casi se vuelve ‘diablo’ (w.v.)

La foto corresponde al juego en el que Argentina derrotó, 2-1, a Inglaterra en el Mundial México-86. Esa acción se le llamó ‘El Gol del Siglo’.

POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

 

En momentos en que el mundo del fútbol se juega en estadios vacíos debido a la pandemia que lo afecta, nadie quedó exento de comentar que el ‘dios’ de los argentinos había muerto al igual que el ‘santo’ de los napolitanos.

La noticia conmocionó de una u otra forma. Diego Armando Maradona falleció, el pasado miércoles 25 de noviembre de 2020, a los 60 años de edad, el mismo día, pero cuatro años antes que lo hiciera el líder cubano revolucionario Fidel Castro.

Maradona, con su accionar, dentro y fuera de la cancha, rompió los cimientos del saber cada vez que hablaba o que tenía la pelota en su pierna izquierda, en la que fue capaz de tatuarse el rostro de Castro.

“Él es mi amigo”, le decía a los rivales que enfrentaba en la cancha mientras limpiaba el camino hacia el arco contrario, gambeteando a uno, a dos, a tres rivales.

Pero antes de ser conocido a nivel mundial, en Pereira y en Cali, cuando apenas empezaba a demostrar su magia futbolística y todavía sin caer en el consumo de drogas, la gente más veterana lo recuerda por un gol que le hizo a Roberto Vasco, arquero del Deportivo Pereira, en la noche del martes 19 de febrero de 1980, en el estadio ‘Hernán Ramírez Villegas’.

En aquella ocasión viajaron desde la capital vallecaucana hasta ‘La Querendona’, Jairo Chávez Ávila, director del semanario ‘Balón’, y Absalón Martínez, fotógrafo, para ver en acción a un joven llamado Diego Armando Maradona, de 20 años de edad, que actuaba con Argentinos Juniors.

“Lo que nos contaron los periodistas que acompañaron al conjunto argentino no fue exageración. En ese momento estábamos en la antesala de lo que llegaría a ser Maradona en el mundo del fútbol aunque ya había dado pinceladas en el Mundial Juvenil que se realizó en Japón, en 1979”, contó Chávez Ávila  para esta crónica.

En la edición 197 de ‘Balón’, del 25 de febrero de 1980, en la portada se tituló, “¿Maradona, otro genio del fútbol?”. Y en las páginas 2, 3, 4 y 5 se hizo referencia al cuadrangular en el que participaron además de los dos equipos referidos, el América y Deportivo Cali.

Chávez Ávila, en aquella ocasión, redactó la nota y en dos líneas, a tres columnas, plasmó el sentimiento que dejó aquel imberbe jugador que ya había saboreado la gloria con la selección nacional en Japón-1979, pero también la desazón luego de ser excluido en Argentina-78 bajo la dirección técnica de César Luis Menotti: “Cuando iluminó la noche pereirana”.

Los pereiranos, en 1980, vieron jugar a un joven de 20 años, llamado Diego Armando Maradona, hacer un gol similar al que convertiría, años después, con la Selección albiceleste en el Mundial de México 86. La anotación, en Colombia, se la convirtió a Roberto Vasco, arquero en aquel entonces del Deportivo Pereira durante el partido amistoso que terminó, 4-4, con Argentinos Juniors.

Una urgencia

Lo que olvidó Chávez, debido a la urgencia de la entrega del material por el cierre de edición o porque no lo consideró pertinente, fue hacer referencia de que con aquel mozalbete, junto a Ramón ‘El Pelado’ Díaz como principales figuras, Argentina había logrado su primer Mundial juvenil luego de derrotar, 3-1, a la Unión Soviética antes que ésta, como nación, fuese disuelta en 1991.

“Lo que me llevó a escribir el título ‘cuando iluminó la noche pereirana’ fue el gol a Vasco. Maradona empezó a gambetear rivales desde la mitad de la cancha. En el camino quedaron Farid Perchy, Henry Viáfara, Alcides Sosa y Óscar ‘Moño’ Muñoz. Entonces, él, Maradona, hizo un amague y quedó frente al arco. Vasco le salió en el camino y en una fracción de segundo el delantero de Argentinos Juniors le pegó con la zurda, suavemente, hacia el costado derecho cuando el arquero esperaba el balón en el segundo palo que decretó el 4-3 a favor del equipo argentino luego de ir en desventaja en el marcador que al final terminó el partido, 4-4. Sin embargo, después de la acción descrita en el cuarto gol de Argentinos Juniors, la gente, en el estadio, se llevaba las manos a la cabeza y se miraba como preguntándose ‘¿y éste qué hizo y cómo lo hizo?’. Aquella pincelada fue el preámbulo de la que volvimos a ver, durante el Mundial México-86, ante Inglaterra, cuando vistió la camiseta albiceleste y tocó el cielo”, recordó Chávez Ávila.

En el encuentro ante Inglaterra, Maradona, en la tarde del 22 de junio de 1986, firmó una actuación memorable en el estadio Azteca durante los cuartos de final del Mundial que, para los argentinos, con ‘El Gol del Siglo’ y con el otro tanto, empleando el puño, les valió para convertirlo en ‘dios’.

“El juego con los ingleses, debido a la guerra de Las Malvinas, fue especial para nosotros. En esa confrontación habían muerto amigos, familiares y muchos argentinos. Fue una especie de revancha en el momento de driblar,  prácticamente, a todo el equipo inglés para marcar uno de los goles más bellos que convertí”, dijo Maradona años después.

Y es que nadie, desde ese momento, tampoco olvidó aquella frase cuando, él, con una sonrisa, casi infantil, expresó, luego de concluir el juego con triunfo, 2-1, ante Inglaterra:

“El primer gol lo hice un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”.

Entonces, para muchos se dio la posibilidad de tener sueños de fútbol.

Volvamos a…

Los pereiranos, en 1980, vieron jugar a un joven de 20 años, llamado Diego Armando Maradona, hacer un gol similar al que convertiría, años después, con la Selección albiceleste en el Mundial de México 86. La anotación, en Colombia, se la convirtió a Roberto Vasco, arquero en aquel entonces del Deportivo Pereira durante el partido amistoso que terminó, 4-4, con Argentinos Juniors.

Lo interesante de los relatos es que debido a la magia de las palabras, el tiempo gira hacia adelante o hacia atrás como si fuesen balones manejados con desparpajo por jugadores que salieron del potrero o de la calle, de esos que rara vez se ven en estos tiempos de ‘troncos’, de ‘correlones’ y de ‘pataduras’ que olvidan que a la pelota se le transporta y se le acaricia en vez de darle de punta y hacia cualquier lado.

Entonces, volvamos a aquel 1980. Martínez contó, en la redacción de ‘Balón’ y en la del diario Occidente, ubicada en la calle 12, entre las carreras quinta y sexta, en  Cali, ante Jorge López Tulández, Servio Ángel Castillo, Hipólito Murillo, Álvaro Ángulo ‘El Mompita’ Albán, Luis Enrique ‘Palito’ Delgado y este reportero, “tenemos la foto de Maradona con la camiseta del América”.

La noticia la conocimos por casualidad como ocurre en la mayoría de ocasiones y más en esa época en que no existían ni celulares, ni Internet y mucho menos redes sociales, pero sí un llamado oportuno y veraz.

Carlos Quieto, empresario argentino que tuvo su cuarto de hora trayendo jugadores al América, en los 80, los años de esplendor deportivo del equipo de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez, era el encargado de comunicarse con los medios de comunicación.

“Esta noche, en el hotel Intercontinental, se dará a conocer una información muy importante para la hinchada del América. Esperamos un fotógrafo y un reportero”, nos dijo Quieto al otro lado de la línea telefónica.

Los hermanos Rodríguez, en esa época, fungían como ‘empresarios normales’ mientras la sociedad caleña los llamaba ‘don Gilberto’ o ‘don Miguel’, cada vez que se los encontraba en cualquier lugar de la ciudad, incluyendo la policía, pero en algunos sectores ya se empezaba a hablar, en voz baja, de lo que hacían y cómo habían conseguido la fortuna que manejaban.

En febrero de 1980, el semanario ‘Balón’ se preguntaba: Maradona, ¿otro genio del fútbol?.

Con la roja…

El 20 de febrero de 1980, como quedó registrado en la historia periodística de Cali, pero principalmente en los medios impresos, sin fotos en el momento de la reunión, en el Hotel Intercontinental, en la que estuvieron Pepino Sangiovanni y Miguel Rodríguez Orejuela, quienes eran directivos del América, y el técnico Gabriel Ochoa Uribe, Maradona y su representante, Jorge Cyterszpiller.

Los cinco compartieron una mesa, tomaron vino, comieron un asado y hablaron de negocios.

Ochoa Uribe quería al joven Maradona en el equipo y ‘don’ Miguel deseaba complacer al técnico que había logrado acabar con la ‘maldición’ de Garabato luego de conseguir su primera estrella, 63 días antes, es decir, el 19 de diciembre de 1979, después de 50 años de penas y fatalidades, época en que al América, sus propios hinchas, decían, “me voy para el estadio. Juega la ‘mechita’…”.

Los meseros del hotel recogieron los platos, pero los comensales se quedaron un rato más mientras que Martínez y este redactor esperábamos qué había sucedido.

Uno de los meseros, lector de Balón y quien siempre pedía una boleta para el estadio, así jugara el Cali o el América, nos dijo, “les tengo la noticia. ‘Don’ Miguel tiene la chequera abierta y un estilógrafo o un bolígrafo encima. Maradona jugará con América. Hasta pude ver una camiseta roja en la mesa”.

Y siguió su camino con destino al bar del hotel. Iba por otra botella de vino.

Les mamó gallo

Willington Ortiz, con la camiseta del Deportivo Cali, y Maradona con la de Argentinos Juniors. El titular lo dice todo: “Dos estrellas con luz propia”.

Quieto llegó hasta nosotros.

“No se preocupen, todo está bien. Las cosas están caminando. El muchacho estará seis meses con América y su gran vitrina será la Copa Libertadores y el torneo colombiano”, nos dijo el empresario argentino.

La camiseta roja la llevó el técnico Ochoa. Él estaba convencido que esa contratación se haría. Los directivos de Argentinos Juniors, urgidos de dinero, consideraban que si Maradona aceptaba, los problemas económicos de la institución se solucionaban y por eso habían encargado a Quieto de gestionar aquella reunión.

“Jorge, como se lo dijo Carlos Quieto, nosotros somos personas serias. Si desea, le damos un cheque que puede hacer efectivo en cualquier momento”, les dijo ‘don’ Miguel, contó en Buenos Aires el empresario de Maradona a la prensa.

El joven Maradona guardó silencio durante la mayor parte de la reunión que duró cerca de dos horas.

El técnico Ochoa, convencido que él iba a dirigir a Maradona, le dio la camiseta del América y el jugador se la puso emocionado. Nadie le había ofrecido un salario de 500.000 dólares mensuales, libres de impuestos.

Entonces, Quieto recibió el visto bueno de los directivos del América y llevó al jugador hasta las cámaras de fotografía de Martínez, quien dejó de ir aquella noche a la Universidad del Valle a recibir clases de arquitectura.

Balón publicó aquella foto en la portada y anunció que Maradona se vestiría de ‘diablo’.

Sin embargo, días después, Quieto llamó, desde Buenos Aires, a ‘don’ Miguel y le dijo, según contó en Caracol, en RCN y en Todelar, que “Maradona y su representante, se habían inclinado por una oferta de Boca Juniors, el equipo de sus amores”.

Entonces, el directivo en una charla con Chávez Ávila y Mario Alfonso Escobar, el popular ‘Mao’, en el Palacete de Versalles, en donde quedaba RCN-Cali, les comentó: “Maradona y su empresario nos mamaron gallo”.

Así fue aquella historia de Maradona con la camiseta del América, en el año en que la institución cumplía 50 años de existencia futbolística en aquel 1980 y cuando el ‘10’ de los argentinos se perfilaba en ser el ‘dios’ del fútbol, pero por esas cosas inexplicables que tiene la vida o porque su misión era opacar la figura de San Genaro, el santo patrón de Nápoles, siguió de largo como si tuviera la pelota pegada a su pie izquierdo.

Ahora que se registró lo inevitable, digamos que un ‘dios’ casi se vuelve ‘diablo’.

Sólo nos falta escribir, amén y que en paz descanse.

La gráfica muestra a Maradona, de Argentina, y al arquero Peter Shilton, de Inglaterra, en el momento que sorprendió al mundo. Un hombre de baja estatura supera a un portero de alta estatura al saltar con el brazo estirado y el puño cerrado con el que,  simplemente, empuja la pelota al arco. El autor llamó aquella acción como el gol de ‘la mano de Dios’.

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