Por María Victoria Zapata B. //
Columnista Cápsulas. //
Cuando un equipo juega al empate, por lo general se queda con la derrota. Y eso fue justamente lo que le ocurrió anoche al Deportivo Independiente Medellín ante Estudiantes, en el estadio UNO, gol de Jorge Luis Hirschi, de La Plata, en el partido de cierre de la fase de grupos en Copa Libertadores.
Con el empate le bastaba y a eso le apostó el DIM ante Estudiantes. Aunque le sobró actitud , careció de ambición, de hambre de gloria. Se desentendió del ataque, perdió de vista el arco de Muslera, su propuesta se redujo a un 0-0 y olvidó que el aguerrido onceno local lucharía por su clasificación hasta el pitazo final.
Con un uniforme que distorsionó por completo el patrimonio cultural del cuadro rojo, un equipo sin manejo alguno del balón y un módulo que terminó convertido en una montonera de zagueros (10) alrededor del pórtico de Cháux, el DIM careció de ideas, de reacción, de lectura del partido y de argumentos para enfrentar un compromiso de esta naturaleza.
El gol del centrocampista Mikel Amondarain, al minuto 90+2, que eliminó a Independiente Medellín fue mucho más que un resbalón de Luis Escorcia. Fue un castigo al conformismo, al miedo a arriesgar en un partido crucial, a la negación del fútbol ofensivo. Y fue, igualmente, un eslabón más de la interminable cadena de fracasos de la dirigencia que encabeza Raul Giraldo.
Por ello no sorprende esta nueva eliminación-fracaso del DIM. Ni nos ilusiona el “premio” de consolación que es el paso a los playoffs de Sudamericana, en el que los únicos que saldrán ganadores ($$$) son los dirigentes rojos. El DIM seguirá sin nómina competitiva, sin inversión y sin aspiración. Los supuestos golpes de opinión en materia de contrataciones no serán más que eso: cortinas de humo.
En cuanto al 0-1 ante Estudiantes de la Plata más la nueva eliminación, estos son consecuencia de la muy mediocre mentalidad directiva de conformación de un equipo “animador” y del desdén hacia la trascendencia institucional y deportiva del DIM, que se manifiesta con cada habitual exabrupto de una dirigencia sin afinidad afectiva con el equipo y lo que representa, y mucho menos con su afición.
Hoy el paso a Sudamericana no alegra ni ilusiona, como tampoco causa regocijo la llegada de Luis Amaranto Perea al banco rojo. En el primero no hay expectativa, y el segundo no es la solución. El problema grave del DIM está en sus oficinas, en su administración, en Raul Giraldo, el sobrino-presidente Daniel Ossa Giraldo y en la dirigencia que les acompaña.
Mientras la reestructuración del Equipo del Pueblo no se asuma de manera efectiva desde su planta directiva seguiremos sumando fracasos, quemando directores técnicos, exponiendo innecesariamente a referentes e ídolos poderosos, degradando el equipo con jugadores sin nivel ni sentido de pertenencia, y condenando a la humillación, la vergüenza y el destierro a su hinchada. El DIM sigue de mal en peor.
María Victoria Zapata B.
