POR WILLIAMS VIERA, desde USA
El periodista Hipólito Murillo Corrales falleció, el pasado domingo 8 de febrero, a las 8:45 de la noche, de un segundo infarto luego de sufrir, durante varios meses, de uno anterior que lo postró a una cama sin hablar y sin moverse.
“El primer infarto fue ocasionado por un derrame que le dio en medio del comienzo de la pandemia, pero no lo pudo superar. Le quito el habla, el movimiento y la felicidad”, dijo Farley de Murillo, su esposa y compañera en todas las aventuras de vida que compartieron durante más de 50 años.
En ese periodo, Hipólito le entregó su alma y su corazón a Occidente, el diario de la Doce, como se le conocía en los buenos tiempos al periódico matutino.
Sin embargo, su gran pasión fue ver nacer al semanario Balón, desde la oficina de contabilidad. Ahí aprobaba los presupuestos para la naciente publicación sin que se inmiscuyera en los temas que tratarían en la redacción, pero eso sí, decía, cada vez que salía el primer ejemplar de la rotativa, “mira ve, este número quedó mejor que el anterior”.
Y se iba feliz con Balón, debajo del brazo, para leerlo, en la casa, desde la ‘a’ hasta la ‘z’, pero su esposa, en esa época de juventud, le decía, “apaga la luz. En ocasiones te olvidas de otras cosas”.
Hipólito, sin abandonar la lectura, la miraba y le respondía, “tranquila mujer. Me encanta el periodismo. Una cosa es que esté trabajando en contabilidad y otra es mi pasión por escribir”.
Y escribió. Y lo hizo con gran pasión hasta el punto que cuando Jairo Chávez Ávila le publicó su primera nota, un reportaje con Jorge Gallego, el goleador del Deportivo Cali, lloró como niño al ver su escrito y su nombre como autor.
Nunca hizo ostentación
Pero Hipólito, todo bonachón, como era su característica, para hacer sus notas, nos preguntaba detalles de los personajes. “Oí, es que ustedes que conocen a Alex Gorayeb cómo puedo enfocar el escrito”.
Pero una de las notas con las que sorprendió en la redacción de Occidente fue el día que escribió sobre Daniel Santos, conocido como ‘El Jefe’ o ‘El inquieto Anacobero’ en el mundo de la música, hasta el punto que el subdirector, Raúl Echavarría Barrientos, le dijo:
“Una de las cosas que no me perdonaría don Modesto Caicedo es que usted deje el departamento de contabilidad. Pero, debido al reportaje con Daniel Santos, sería bueno que se dedicara a escribir. Sé que no le van a pagar lo mismo, pero usted estaría feliz todo el tiempo”.
Hipólito prefirió seguir en el mundo de las finanzas. Si se dedicaba a escribir, el ingreso de dinero para el pago de los estudios para sus hijos se cortarían y eso no lo iba a permitir a pesar de la pasión por la escritura.
Murillo, aunque no murió de Covid-19, ingresa a la lista de los periodistas y comunicadores que nos han dejado en este tiempo de dolor que nos embarga.
Quienes conocieron a Hipólito pueden dar fe que era como un niño grande que siempre gozaba con cada escrito que realizaba porque, como bien decía, “mira ve, ya corregí el texto, oís”, en una frase bien vallecaucana y que él la tenía como una marca en su corazón que lo llevó al deceso, pero que utilizaba en su vocabulario de hombre sencillo, de buen amigo, de excelente compañero, de buen padre y de “maravilloso esposo”, como dice su esposa.
Sin embargo, entre los atributos anteriores hay que recalcar que era amante del fútbol, pero ante todo, hincha del Deportivo Cali sin llegar a despotricar del América o de los rivales que enfrentaba su “equipo amado” cuando perdía. Él disimulaba su dolor.
Había nacido en Florida, Valle del Cauca, y el pasado 20 de enero, entre sus familiares, le celebraron los 79 años de vida.
En este instante, ninguno de los amigos de Hipólito disimula el dolor de su partida y aunque digamos, paz en su tumba y consuelo para su familia, recordamos, como él lo hubiese querido, un pasaje de Corintios:
“De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos… Entonces Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás’…”.
Amén..
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LUTO EN EL PERIODISMO SANTANDEREANO
