
Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas. –
La multinacional del dinero hace rato planeó una revancha entre los que se aparecieron en la final del 2022; galos y gauchos. Empoderados por Mbappé y Messi, los dos seleccionados tienen caminos aparentemente pavimentados para que lleguen a la final del diez y nueve de julio.
Argentina es la favorita y está groseramente protegida por Infantino, ya eso se demostró en el último mundial y en la Copa América pasada y lo más probable es que tendrá su semifinal contra Inglaterra o Brasil, y aunque este último es solamente nombre y adorno, pues mucho futbol colectivo no se le ha visto en el torneo, sus individualidades pueden mejorar y, por supuesto, opacar el atrevido comentario.
Si Argentina juega contra Inglaterra, sería también motivante para el circo, pues aún la guerra de las Malvinas y la mano de Dios retumban en la historia. Francia no la tendría tan fácil como Argentina y le tocará enfrentar a la Alemania de hoy, que ya sin los conjuros de la macumba brasilera será un duro rival.
Los germanos deben superar a Paraguay y los franceses a los suecos, luego le vendrían los Países Bajos y en eventual semifinal se podría encontrar con España, pues ya Colombia se le atravesó como mula ranchada a la multinacional, sacando a Portugal de la línea.
La tricolor no debe esperar ayudas a favor si es que pasa a Ghana y a Suiza, que no son imposibles para el equipo, pero ojo con nuestra frágil mente que nos pasa facturas por sobradores y fiesteros. Sin embargo, en esta ocasión veo al equipo concentrado y con un futbol exuberante que afortunadamente llegó para los mejores treinta y dos. Colombia luce y gusta, pero no quisiera ilusionarme ni con la FIFA ni con los nuestros, pues eso ya lo he escrito y ha sucedido, la selección es una mujer bella que en cualquier momento lo deja a uno tirado y desilusionado.
Si los astros no nos juegan una mala pasada y por lo que se está viendo, no va a suceder, en los cuartos nos enfrentaremos a Infantino y a la selección protegida: Argentina. Nos sucedió en la pasada Copa Continental y perdimos porque nos hicieron todo tipo de trampa con el sublime fin de coronar al ídolo orbital, Lionel Messi.
A propósito de él hemos visto un aberrante concierto de patadas, pega duro e inclusive por detrás de los rivales, y también hemos sido testigos de la impunidad que goza todo lo que se vista de albiceleste. En ese contexto, los árbitros solo dicen, juegue muchacho, levántate y anda.
En el catorce pagamos dolorosamente un abuso de la FIFA que sí o sí puso al local en la final, fue gol de Yepes y pasó Brasil. Afortunadamente, la justicia llegó con un implacable siete a uno que Alemania le aplicó al equipo de Neymar dejándolo en ridículo. Ahora sabemos lo que nos espera, no nos pitarán penaltis claros y monumentales como el que le obviaron a Córdoba ni nos validarán goles como el que le robaron a Sánchez. Estamos avisados, Colombia enamora, nos coquetea y nos pone a soñar, pero como la vida, el fútbol es así, ingrato, porque siempre habrá un negocio y nosotros no estamos en él. Estamos advertidos, a Infantino y a su séquito no les interesamos para nada, solo el vil metal que llaman.
