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*Trastabilló y cayó el DIM en el estadio Doce de octubre del municipio de Tuluá.
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Y cayó, 1-3 ante el Cortuluá, porque le faltó la fortaleza de los ausentes Frank Fabra, Cristian Marrugo, Hernán Hechalar y Juan Fernando Caicedo, titulares inamovibles del DIM.
Cayó porque dos infortunados errores del portero rojo, Anthony Silva, cuando apenas se iniciaba el juego, a los que sumaron sendos fallos defensivos, pusieron el 2-0 favorable al cuadro local con las anotaciones de Carlos Ibagüen (minuto 5) y Jonnathan Muñoz(minuto 9) y supusieron un “mazazo” anímico y deportivo del que el DIM no se pudo recuperar.
Cayó porque el gol del descuento de John Freddy Pajoy, al minuto 17, no fue suficiente para generar juego desde mitad de campo, para darle relevancia a la paupérrima gestión de armado en Brayan Angulo, para darle trascendencia al trabajo del mismo Pajoy y de Angelo Rodríguez, ni para consolidar un ataque profundo y efectivo que le permitiera al DIM alcanzar por lo menos la igualdad en la pizarra.
Cayó porque la zaga lució permeable por primera vez en el torneo, el trabajo de los laterales fue nulo, el medio campo careció de ideas y el ataque no funcionó.
Cayó porque la tercera anotación del onceno vallecaucano, también del delantero Carlos Ibargüen, al minuto 44, y nacido de un protuberante error de marca, señaló una diferencia imposible de acortar para un DIM totalmente obnubilado en ese lodazal llamado estadio Doce de octubre.
Cayó porque no supo neutralizar el 4-5 del Cortuluá y en el segundo tiempo dejó en el camerino los arrestos y el poco fútbol con los que había asumido el juego en el período inicial.
Cayó porque de nada sirvió la modificación del módulo tras el ingreso de Mathías Calhais, Ever Valencia y Félix Micolta por Carlos Valencia, Luis Tipton y Luís Carlos Arias, respectivamente, como tampoco el juego de toque y colectividad en el primer tiempo, de pases al vacío e individualidades en el segundo, debido a careció siempre de brújula.
Cayó porque, no obstante su lucha y esfuerzo en el primer tiempo, el DIM se desmoronó en el complemento, las sustituciones fueron improductivas, el equipo no respondió individual ni colectivamente, el poco fútbol que había mostrado se desdibujó después de la tercera anotación y el cuadro rojo naufragó por sus propios errores.
A recomponer el camino
Queda claro que con muy poco Cortuluá hizo mucho. Con un 5-4, que en muchos pasajes se convirtió en una doble línea de 5, más su velocidad y contragolpe, la escuadra del corazón del Valle capitalizó los fallos del DIM y resolvió el partido a los nueve minutos de su iniciación
Aprovechó al máximo las equivocaciones de Independiente Medellín, que comprometieron no solo al guardavallas Anthony Silva sino a toda la defensa (titulares y suplentes que ingresaron, luego), a su acéfalo medio campo y a su inoperante ataque.
El DIM intentó pero no pudo y no supo y perdió, 1-3, en una noche oscura. Una noche negra en la que se sintieron con fuerza las notables ausencias de Caicedo, Hechalar, Marrugo y Fabra. Una noche que demostró que el cancerbero titular del DIM no atraviesa por un buen momento. Una noche que ratificó en casi la totalidad de los casos que los titulares son titulares y los suplentes, suplentes. Una noche en la que falló Silva, pero también fallaron centrales, laterales, volantes y delanteros rojos. Una noche que nos hizo preguntarnos que pasa con jugadores como Burbano, por ejemplo, que no es tenido en cuenta o que ocurre con Yilmar Angulo, Luis Carlos Arias o Angello Rodríguez, que todavía no despegan. Una noche en la que no respondió el colectivo rojiazul. Una noche en la que se extraviaron el fútbol y todas las fortalezas defensivas del equipo.
Pero a pesar de los múltiples errores cometidos, fue solo eso: una noche para el olvido. Un tropezón y una fuerte caída. Una mala presentación de jugadores y arquero. Un traspiés que nos deja interrogantes y lecciones por igual y un revés que, lejos de derrotarnos, debe alimentar en nosotros, los hinchas del DIM, la convicción y la certeza del reencuentro con el camino, con el fútbol, con la alegría y con la ilusión.
Que el próximo sábado, ante el Cúcuta Deportivo, nuestro vital apoyo de jugador N° 12, nos permita el acompañamiento masivo al equipo, el aliento constante y el tránsito juntos hacia los objetos propuestos.
Después del triunfo al Atlético Nacional, expresé que “el nuestro, es un fútbol para creer…!!!” Hoy, a pesar de todos los errores, a pesar de todas las ausencias y a pesar de la dolorosa derrota ante Cortuluá, reitero mi afirmación: “el nuestro, es un fútbol para creer..!!!”
[María Victoria Zapata B.]