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Hablemos del estilo, entonces (Walter Vargas, Olé)

Por Walter Vargas,
Olé

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Lo que suceda en Barranquilla mucho influirá en los grandes trazos de un 2016 con menos margen para filosofar.
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Y ya que la Selección invita al Cabildo Abierto, allá vamos. Admitido lo sorprendente de cosechar dos puntos sobre nueve posibles y descartado de plano el lloriqueo por la ausencia de Messi, Agüero y demás (Uruguay ha jugado sin Suárez, Colombia sin James y los que carecen de cracks ponen el pecho y hacen lo que pueden con dignidad), es válido participar a nuestros lectores de la pluralidad de miradas que nos convoca el Tata Martino. Algunos lo suscribimos a ojos cerrados, otros lo evaluamos con más respeto que admiración, otros lo tenemos stand by, y así.

 

El autor de estas líneas, por caso, encuentra que el estilo de Martino tiene mucho de mito, por lo menos desde que dirige la Albiceleste. ¿Cuál es la impronta de un equipo que de a ratos ha sido “dásela a Lio”, otro rato toca corto, otro rato es puro apuro, otro rato no se sabe si viene o va, sin que esa alternancia hable de ductilidad sino más bien de confusión? Y ni hablar de una defensa poco confiable, de las muy gauchitas que jamás dejan al adversario de a pie. Siempre algo le dan.

La Selección del Tata lleva 19 partidos, o sea, unas 30 horas de rodaje en la cancha, sin que se todavía se sepa bien dónde reside su impronta virtuosa. Dicho esto, el viernes se dejaron ver algunas señales alentadoras. En el primer tiempo. Una Selección determinada, vigorosa, asociada, fluida, filosa por los costados, con una imagen de autoridad que es la que se espera, se desea y se necesita.

Ojalá en Barranquilla se consume la Santísima Trinidad que comprende la forma, la siembra y la cosecha. Lo que ahí suceda mucho influirá en los grandes trazos de un 2016 con menos margen para filosofar.

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