Capsulas de Carreño

Hinchas y periodistas, el espejo del fútbol (II).

 

Los hinchas y los periodistas, cumplen un papel fundamental en el fútbol y en historia de este deporte, en Colombia, Carlos Antonio Vélez, Henry ‘Bocha’ Jiménez, Mario Alfonso Escobar y Óscar Rentería Jiménez, entre otros, han marcado el camino para las generaciones actuales y futuras de la comunicación.

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POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

Cada periodista deportivo digita a su gusto la vida de los jugadores y de los clubes, pero al escribir sobre los hinchas es remitirse a lo más ilustre de la historia del deporte de multitudes.

     En las graderías del estadio usted los ve y representan la muchedumbre con aspectos y fisonomías diferentes dispuestos a sentir ese feliz estado de ánimo que constituye, precisamente, el reverso del tedio en el momento que la pelota se pone en movimiento en el rectángulo de juego.

Mujeres, hombres, niños y niñas, abogados, amas de casa, médicos, mecánicos o escritores, como los Umberto, Eco y Valverde; o el mismo Gabriel García Márquez, Albert Camus, Eduardo Galeano y, recientemente, Pablo Romero por su libro ‘Finales que matan’, entre otros, por lo que a nadie le quedan dudas que conforman el denominado ‘Planeta Fútbol’ como si estuviesen integrados a un circuito eléctrico interconectado con el programa de ‘Antena 2’ que dirige Carlos Antonio Vélez y en el que participa Henry ‘El Bocha’ Jiménez.

Hinchas y periodistas son los íconos de un virus que los cogió de sorpresa como si el fútbol fuese una nueva fe. O si no que lo digan los 4.000 millones de seguidores de este deporte en el mundo de acuerdo con el ‘Gran Censo 2006’ de la FIFA. Y entre ellos se encuentra Nora Arbeláez, partidaria de uno de los 3.245 clubes que existen en 200 países.

Ella, ama de casa, sigue las acciones del fútbol profesional colombiano que tiene 20 clubes profesionales en la categoría Primera ‘A’ y 16 en la Primera ‘B’ por lo que se informa a través de la radio, de la televisión y de los diarios.

Nora Arbeláez, de 86 años, de Vijes e hincha del Deportivo Cali. Lo curioso es que sus nietos se declararon seguidores del América. Le ocurrirá, igualmente, ¿con los biznietos? Vaya usted a saber.

 365 días

   En el momento que William Andrés, hincha del América y odontólogo de profesión, le dijo a su abuela, Nora Arbeláez, que le iba a hacer unas fotos con la camiseta del Deportivo Cali, ella lloró, se río y revivió muchas experiencias.

Las fotografías eran especiales para ella, una mujer de 86 años, quien desde el momento que enviudó, hace más de tres décadas, no ha dejado de tener, como lo dice, a “Jorge en la boca y en el pensamiento” hasta el punto que habla de él de su época de ingeniero mecánico.

Por eso considera que “cuando alguien muere, nada prepara a la gente para el silencio de una casa vacía. Al menos, eso me pasa a mí. Después de tantos años no puedo creer que nunca más, él, volverá, a cruzar esa puerta”, dijo Nora Arbeláez.

Entonces, como buena hincha de los azucareros, recordó a Washington ‘El Pulpa’ Etchamendi, técnico uruguayo que entrenó al Cali y quien murió el domingo 30 de mayo de 1976 en la zona técnica, ubicada en el sector de occidental norte, del estadio Pascual Guerrero.

¿Se inspiraron?

“Así como aún recuerdo las vivencias que tuve con mi esposo, puedo hablar de aquel suceso que fue muy comentado en los diarios de la época y en la radio. ‘El Pulpa’ fue un personaje, no sólo por sus anécdotas, sino también por sus dichos.

En una ocasión estaba en el estadio con Jorge y llevábamos el transistor para escuchar las entrevistas de los jugadores, de los técnicos y, obviamente, la narración de Joaquín Marino López, quien había marcado, junto a Fernando Franco García, el camino de la sintonía para que llegaran después Óscar Rentería Jiménez y Mario Alfonso Escobar, el doctor Mao, conocidos como los ‘Chicos malos’, así los llamó Alex Gorayeb, presidente del Cali, debido a la acidez de los comentarios que hacían.

Mario Posso Posso, de Toro (Valle del Cauca) fue un punzante periodista deportivo tanto en Caracol Radio como en los diarios El Espectador y El Tiempo.

Creo que se inspiraron, en sus comienzos como comentaristas, en Mario Posso Posso, quien era directo y sin rodeos en lo que opinaba y que se caracterizaba, en el micrófono, como un periodista indomable y de una gran dimensión humana como son las personas que nacen en el municipio de Toro, Valle del Cauca. En ese entonces lo leí en las páginas deportivas de El Espectador y El Tiempo. A él lo escuchaba en la Voz del Río Cauca, de Caracol”, nos dijo Nora Arbeláez y agregó con una carcajada: “Soy de Vijes, municipio del Valle del Cauca, en donde se cuenta que, para inaugurar el cementerio, tuvieron que conseguir un muerto en Yumbo. ¿Por qué? Es simple, ‘mirá ve’, porque los vijeños o vijeñas somos duros de morir por la fabricación de cal que se realiza en esa zona”.

Aquellas palabras eran un buen dato de lo que diría luego. Me pareció que en su silencio acomodaba los recuerdos como si los mismos fuesen escenas de una película, la suya.

“Tengo que decir que me desvié de lo que iba a contar con relación al entrenador del Cali, mi equipo amado, con el perdón de Jorge, quien ha sido el único hombre en mi vida. Aquella tarde de domingo, Joaquín Marino López, en la Voz de Cali de Todelar, dijo que iban 17 minutos y 57 segundos de la etapa complementaria entre el Deportivo Cali y Santa Fe con empate, 1-1, luego de la expulsión de Oswaldo Calero. Después diría: ‘el técnico del Cali, Washington ‘El Pulpa’ Etchamendi, se desplomó en la banca de suplentes. Esperamos que no sea nada grave. En este momento es atendido por auxiliares del Cali. El partido se detuvo. Los aficionados en las tribunas guardan silencio y ven con preocupación que el cuerpo del entrenador uruguayo fue montado en una camilla de lona’. Ahí estábamos Jorge y mi persona, escuchando aquella información y mirando aquello, consternados al igual que el resto de hinchas del Cali y del Santa Fe”, dijo Nora Arbeláez.

Para los seguidores del Deportivo Cali la tarde y noche del domingo 30 de mayo de 1976 permanece entre sus recuerdos. En el Pascual Guerrero murió su técnico, el uruguayo Washington ‘El Pulpa’ Etchamendi.

Santiago de Cali, capital del Valle del Cauca, en ese entonces era ‘la capital del cielo’, su gente caminaba por las calles sin miedo de ser atracada como ocurre en este tiempo, el civismo era primordial y si veía algo anormal pegaba el grito y ayudaba a quien lo necesitaba, pero en este presente en que se convirtió en una especie de paraíso delincuencial y en donde impera el silencio que se inicia en la clase dirigente que la maneja como si estuviera en la ‘cueva de Ali Baba y los 40 ladrones’, todo es diferente.

Algunos de esos ‘hipotéticos lideres’ llegan a decir, antes de posesionarse, después de ser elegidos: “¡La olla se encuentra lista para ser saqueada!”. Sin embargo, a nadie le duele los miles de huecos que existen en las vías ni los atascos vehiculares de la que era una urbe pujante por lo que el humor de los caleños y las caleñas, quienes siguen siendo como las flores, aseguran que muy pronto, en el concejo municipal, se aprobará una partida presupuestal para el bautizo de las perforaciones de las calles y autopistas como ocurrió con el alumbrado móvil en el que se gastaron una millonada mientras se olvidaban de la mierda y de la suciedad existente en los parques en donde se ven a los ni-ni, los que ni trabajan ni estudian, en los lugares públicos de lo que era una ciudad limpia y segura, pero ellos, los ni-ni, dedicados, durante las 24 horas y siete días a la semana, al robo y a la socialización de la marihuana junto a otras drogas y su respectivo comercio por el afán de enriquecerse de manera ‘fácil’ en esta época compleja de comportamientos extraños originados en la emergencia y la desgracia social mezclados con la íntima vanidad y debilidad de llegar a ser alguien en el mundo del crimen, de llevar una vida ostentosa junto a bellas mujeres, de controlar gran número de vendedores de droga y de tener un nombre a través de códigos de comportamiento como si estuviesen mirando la muerte, pero olvidando la existencia del enfrentamiento generacional que los atrapa en una red mortal en la que olvidan que esa forma de vida registra dos caminos: la cárcel o una lápida en el cementerio.

Entonces, mientras pensaba en qué se convirtió la ‘capital deportiva de América’ que, al pronunciarse, en la década de 1960, producía escozor en las demás regiones del territorio nacional y por lo mismo decían “se trata de un asunto pedante de los caleños”.

 

COSECHA DE PERIODISTAS

Les repito, estaba empezando mi boceto de recuerdos mientras ella, Nora Arbeláez, hincha del Deportivo Cali, se había detenido en aquel relato tan distante, pero me dijo como si me hubiese adivinado el pensamiento:

“La clase dirigente que llega al poder tiene como único oficio, saquear las arcas del erario. Eso se ve hasta en la administración de los equipos de fútbol que al comienzo de temporada empiezan quebrados, llenos de deudas y de la nada contratan jugadores que devengan un dineral y que ni corren ni juegan nada. Esto último no es de mi cosecha, es de los periodistas que cuentan las noticias en la radio o en la televisión”.

En realidad, Nora Arbeláez había tenido un hijo y junto a Jorge se ayudaron para ‘levantarlo’ y darle educación criando, en el patio de la casa, gallinas ponedoras, pollos de engorde y puercos como si la misma fuese una parcela.

“Recuerdo, como si hubiese sido ayer, que con el primer marrano que vendimos, le compramos al hijo una máquina de escribir Olivetti de color rojo. Nosotros felices por aquel regalo. Mi marido se iba a trabajar, a construir maquinaria pesada o si tenía que reparar carros o manejar un taxi o un bus con tal de traer el dinero a la casa. Nunca le vi que tuviese pereza ni que se quejara, aunque estuviese enfermo o porque ganaba poco. Siempre decía que el trabajo era fundamental para salir adelante en la vida. Y así lo hizo hasta el último día de su existencia, siguiendo, además, los colores del Deportivo Cali. En mi caso, no me quedaba sentada en la casa. ¡No señor!, ayudaba en la economía de la casa con la crianza de animales, lavando y aplanchando ropa ajena mientras escuchaba algún programa deportivo. Eran otros tiempos en que cada quien se inventaba la vida”, dijo Nora Arbeláez.

No he conocido a nadie como ella, echada para adelante. En un tiempo hacía dulce de manjar blanco y de brevas acompañado con ‘desamargado’ de limón que estaban cortados por la mitad. El mismo llamaba la atención por la cascara cristalina del limón en la que una persona, perfectamente, se podía ver el rostro como si fuese un espejo.

 

DIOS, ¡QUÉ MEMORIA!

“La gente me preguntaba por la receta y el secreto de cómo hacerlo, pero les decía que era por ser hincha del Cali”, nos dijo. “No le terminé de contar la historia de la noche de la muerte del técnico uruguayo Etchamendi”.

Entonces guardó silencio y afinó sus pensamientos mientras su otro nieto, Christian Fernando, músico y profesor en una academia, aprovechó y dijo en voz baja:

“Una de las cosas que sorprenden de mi abuela es la memoria que tiene. Nada se le escapa”.

La miré y esperé la continuación del relato prometido mientras ella veía impávida el horizonte a través de sus gafas que dejaban ver sus ojos fijos que hablaban todas las palabras que su boca no decía, pero que eran las ventanas de su alma.

“¿Sabe? Jorge me dijo alguna vez que ‘el que vive de recuerdos arrastra una muerte interminable’. O, ¿cómo podemos llamar ese momento que vivimos los que estuvimos en aquella noche cuando falleció el entrenador Etchamendi? Nadie me lo ha podido explicar en estos años”, dijo Nora Arbeláez, sonrió y soltó una frase: “No sé por qué Christian, mi primer nieto, terminó siendo americano si él, de niño, iba al estadio con la camiseta del Cali. Es más, debo de tener, entre mis cosas, una foto de él junto a Carlos Mario ‘El Flaco’ Hoyos, en la época en que estuvo en el Deportivo Cali”.

Hoyos, para los más jóvenes, era lateral izquierdo y es hincha del Medellín por tradición familiar y por jugar en el barrio Floresta Santa Lucia; y del Cali, por supuesto, luego de llegar a la institución azucarera de la mano del presidente Alex Gorayeb y del gerente Humberto Palacios en 1980 aunque también estuvo en las nóminas del Junior, América y Quindío.

Asombrado, le pedí que prosiguiera con la narración de aquel deceso. Era como si la muerte y la existencia hubiesen sostenido un diálogo antes de la partida del ‘Pulpa’ Etchamendi, quien sonrió por aquella ocurrencia de la parca al visitarlo en el instante que le preguntó a la vida: “¿Por qué a mi todos me odian y a ti te aman?”. El ‘Pulpa’, mientras agonizaba, escuchó a la vida que le decía a la huesuda: “Yo soy una bella mentira y tú, como muerte, eres una triste verdad”.

Entonces, Nora Arbeláez, hincha del Deportivo Cali, con un suspiro de alivio, se encogió de hombros:

“La ambulancia que llevó al técnico del Cali al Hospital Universitario ‘Evaristo García’ solo pudo llegar hasta la ‘Puerta de Maratón’, ubicada en el costado sur del estadio. Ningún vehículo podía transitar por la pista de tartán. Jorge, mi persona y los aficionados que estábamos en las graderías vimos cómo el cuerpo de Etchamendi fue llevado al trote, en una camilla de lona, y lo subieron en el carro blanco mientras su sirena indicaba que lo trasladaban al hospital”.

En aquel entonces el resultado del partido, 1-1, quedó en el olvido y nadie habló de la tarde y noche de los argentinos, que el Cali abrió el marcador por intermedio de Ricardo César Ruiz Moreno, que Oswaldo ‘Pescadito’ Calero había sido expulsado por agresión a Leonardo Luis Recupero, que José Antonio Tébez logró el empate y que después, todo lo anterior “se fue a la mierda”, como escribió Charles Bukowski, escritor y poeta germano estadounidense, en una columna para ‘Black Sparrow Press’, luego de enterarse de lo ocurrido a través de un cable noticioso de la AP que fue enviado al mundo, desde Cali, que llevaba la firma del periodista Jairo Anchique Vaca, quien era el encargado, en esa época, de redactar el informativo deportivo nacional de Caracol que se transmitía, antes de que se escuchara ‘Última hora’ en la voz de Gustavo Niño Mendoza.

El periodista Rodrigo Fletcher le hizo una entrevista al técnico Echatmendi que los hinchas del Cali la siguen recordando.

Era cierto lo que había expresado Christian Fernando con respecto a su abuela. Ningún detalle se le escapaba.

“A pesar de los esfuerzos de los médicos, el técnico uruguayo llegó sin vida al Hospital”, contó Nora Arbeláez que dijeron en la radio. “Su deceso fue a las 6:30 de la tarde. Entonces, en los programas deportivos retransmitieron una que otra entrevista con ‘El Pulpa’ Etchamendi.

Por cierto, recuerdo una pregunta que le hizo Rodrigo Fletcher al ‘Pulpa’ en una extensa nota cuando trabajaba con el ‘Combo Deportivo’ de Caracol, en Cali: ‘Profesor, ¿Por qué se viste tan mal?’. En ese instante se registró un breve silencio en el transistor y el técnico uruguayo, serio y sin reírse respondió: ‘Fletcher, yo no me visto. Me tapo’…”.

Los recuerdos de Nora Arbeláez, hincha del Deportivo Cali, siguieron brotando y dijo que, en 1956, año en el que nació su hijo, su equipo del alma desapareció, pero volvió en 1959; y que en 1965 logró su primera estrella.

“En este tiempo se habla que, con los títulos del América, la ciudad se tiñó de rojo. Sin embargo, con los éxitos del Cali ha sido diferente. En 1965, con la dirección técnica del argentino Francisco ‘Pancho’ Villegas, aquella celebración fue un río verde que se desbordó y en la que se escuchaba por doquier ‘Pachito E’che’. Junto a Jorge, mi esposo, estuve en el terminal aéreo ‘El Guavito’, que se conoce hoy como ‘Marco Fidel Suárez’, porque vivíamos en el barrio ‘Alfonso López’, cuarta etapa. Celebramos y hasta organizamos una fiesta con trajes típicos; pero la estrella que conquistó Fernando ‘El Pecoso’ Castro tuvo un sabor diferente.

El equipo amado llevaba 21 años, 6 meses y 26 días sin que gritáramos: ‘Cali, campeón’. Durante ese tiempo, muchos hinchas fallecieron, incluido Jorge. Lo que recuerdo es que la ciudad se inundó de lágrimas y sus calles se tapizaron de verde”, dijo Nora Arbeláez, quien ya no va al estadio por una simple razón: “Por mi edad, ahora lo entiendo. La vejez no llega sola, llega acompañada de la soledad y de los achaques. Me volví hincha de radio y de la televisión. Lo que sí puedo decir es que el fútbol sin estar en la gradería es diferente por aquello de los putazos de los aficionados y de los jugadores hacia los árbitros”.

Sí, los hinchas son el espejo del fútbol hasta el punto que no tienen la menor idea de lo que buscan ni de lo que quieren encontrar. Sin embargo, aman los colores de su equipo que los hace festejar, sufrir y llorar, pero jamás lo abandonan al ser la vida una función sin ensayos…

El motivo de la celebración, en 1965, fue la conquista de la primera estrella del Deportivo Cali y en ella participaron Nora y Jorge con atuendos típicos. Era otra época.

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Un comentario

  1. Julio Romero

    5 julio, 2022 at 3:32 pm

    POR LA HISTORIA DE WILLIAMS VIERA
    Me encantó la nota con doña Nora.
    Saludos.
    Julio Romero

    Hincha de Era de Santa Fe.
    Cali, Colombia.

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