* Que James pueda hacer falta, nadie lo duda, pero mayores ausencias hemos superado.
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Por Luis David Obando
Todos lo hemos visto y sufrido en un centro comercial o supermercado: la criaturita furiosa porque papi o mami no le entregaron en la manita lo que quería, que empieza a dar alaridos y patalear sin freno, buscando obtener el objeto negado. Llanto a grito herido que abochorna a padres y hace sentir vergüenza ajena a todos los espectadores, hasta que por fin alguien interviene entregándole un bomboncito al niño, quien lo lame entre los hipos y sollozos finales.
Hay pataletas de pataletas: las de niños, vaya y venga: incómodas, pero en medio de la edad y el desarrollo parvulario, entendibles. Pero hay otras de adultos que definitivamente resultan más grotescas y hasta obscenas, por desfasadas frente a la madurez esperada de una criatura ya nada imberbe. Obviamente tienen otras formas, pero el fondo es el mismo: un pueril berrinche.
Es el caso de James Rodríguez y la decisión del cuerpo técnico de la Selección Colombia por las causas que fuere. ¿Irrespetado por hacerlo a un lado? Lo mismo ha dicho, en escándalos infantiles anteriores, de los técnicos del Real Madrid o el Bayern Munich que lo han dejado en el banco, mientras él se queja con pucheros y posts en Instagram.
Algunos defienden de la pataleta más reciente, su Instagram live con Teo Gutiérrez y Camilo Zúñiga, y la anterior, el desfachatado video el día que lo desafectaron de la Selección, como una forma de libertad de expresión y derecho a la protesta. Puede ser verdad y nadie se los quita, pero olvidan un principio elemental, que también es constitucional: la responsabilidad. Y esa sí está pisoteada a más no poder en medio de la rabieta, pues es un supuesto (y autoproclamado) líder el que hace el escándalo.
Por supuesto, nadie le va a negar a James su innegable talento, el esfuerzo hecho en el pasado para llegar adonde hoy está. Sin embargo, eso (y James bien debería saberlo) se devalúa si no se refrenda día a día, y su presente no es ni de lejos el del goleador del Mundial de 2014. El James de hoy es el de las lesiones permanentes y el de las desobligantes y desconsideradas alusiones a los técnicos que no hacen lo que él quiere: que se plieguen a sus amañadas condiciones (o visto así, a sus antojos de pretendida vedette).
Señor (o niño) James: sepa usted bien que ya sus berrinches no reciben copia en la Selección. Que los escándalos, en vez de llamar la atención para obtener lo que busca, lo desvalorizan aún más, y le restan crédito, como al pastorcito mentiroso. Más bien logran el efecto contrario: inclinan la opinión hacia los destinatarios de sus dardos. Como ocurre con los espectadores de la pataleta infantil que ofrecen como solución (aunque no la compartamos) una aleccionadora nalgada para el escandaloso.
Ya lo dijeron claro Juan Guillermo Cuadrado, Edwin Cardona y Wilmar Barrios, sin mencionarlo, tras 7 puntos en tres juegos recientes sin el 10 “titular”: en la Selección no hay nadie más que otros, y la unión es el referente para el triunfo. ¿Más clarito? En cuanto a que James pueda hacer falta en el juego de la Selección, nadie lo duda, pero mayores ausencias hemos superado.
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EXTRATIEMPO. ¿Y cómo les parece escoger como partner de rabieta ni más ni menos que a Teo Gutiérrez, adalid de la ética y la moral deportiva? El mismo que ha sacado revólver a compañeros de equipo, y que hace lo que quiere en su Barranquilla del alma mientras todos le perdonan porque en el Junior les viene bien. ¡Eso explica muchas cosas!