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La historia de César Pastrana y la Liga de Fútbol de Bogotá

Lo mucho que se añora a César Pastrana en su exitoso paso como presidente de la Liga de Fútbol de Bogotá. Foto elperiodico.deportivo.com.co

Por Eduardo Carvajal.

*“Cuando las letras fluyen, el volcán se enciende, las laderas se estremecen y las palabras toman ritmo”.

 

Desde una empinada calle de Manizales. Junio 3 de 2020. No me vayan a preguntar exactamente en qué fecha conocí a César Pastrana, lo único que les puedo asegurar es que fue hace mucho tiempo, en una casona bogotana.

Siempre fue así, amigo del liderazgo, serio, poco amante del licor y del ocio, culto, con una inteligencia que lo llevó, de la mano de Jorge Chaparro Parra, a explorar el mundo de la maquinaria pesada, orbe donde mostró sus capacidades empresariales.

Lejos de su mente estaba un cargo en Santa Fe, en la Liga de Fútbol de Bogotá o en el Comité Ejecutivo de la FCF, o, pasar una cuarentena muy abrigado en fuertes cuarteles de invierno, como si fuese un zar ruso.

Era el comienzo de la excitante década del 80 y tenía muchos sueños, varios de ellos ya cumplidos, montó su Casa Caterpillar y en el barrio Ricaurte, fortín de los ‘Caterpilleros’ se hizo ganar el respeto de sus competidores, incluso, recuerdo una tarde en que uno de los más poderosos, apodado ‘El Padrino’ siempre le elogiaba y me decía – periodista, vas a ver algún día los alcances de Don César – .

Por cuestión de mis viajes con el ciclismo, con el fútbol y con el automovilismo, poco volví a saber de él, sólo cuando Jorge Chaparro me hablaba de sus avances.

Corriendo el 2007, recibí una llamada de César donde me relataba su nuevo reto, ser Presidente de la Liga de Fútbol de Bogotá, presuroso tomé un taxi y en medio de la lluvia pude llegar hasta su tremenda oficina donde hablamos mucho tiempo del fútbol aficionado, realmente quedé sorprendido alsaber de su conocimiento sobre la problemática de la entidad.

Al poco tiempo ganó y asumió, entonces la Liga pasó de una destartalada casa llena de telarañas a una impresionante locación, con cerca de 200 clubes participando en torneos bien organizados y con eventos alternos de alto nivel.

Se ganó el aprecio de sus colegas en ligas regionales y con la confianza de Álvaro González Alzate, quien lo invitó para ser miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) por la rama aficionada, inició una campaña donde pronto aseguró los votos.

Pero, en plena campaña, le llegó una invitación que no podía dejar de lado, asumir la presidencia de Independiente Santa Fe, debió claudicar a su deseo federativo y se fue a arreglar la casa roja. Asumió en marzo del 2010.

El 15 de julio del 2012, acomodé una silla frente a la pantalla gigante puesta por un alcalde en un pueblito cundinamarqués y, desde allí me disfruté el título soñado por la hinchada que hace 36 años y seis meses no sabía de vuelta olímpica.

Incluso, al amanecer del día 16, mientras elsolse desperezaba por entre las montañas, escribí una cronista surrealista que fue asumida en la W Radio por Julio Sánchez Cristo, la cual titulé “Hasta los locos nos salimos del baúl”, en donde el mundo dadaísta me llevó a hacer bailar la Torre Colpatria, desenrollar una alfombra roja por toda la séptima, y algunas locuras más.

Cuando César cerró la puerta en la Casa del barrio San Miguel en el 2018, dejó un cuadro con nueve títulos, uno de ellos intercontinental, hazaña lograda sólo por un equipo colombiano.

Su partida causó gran tristeza en los corazones rojos, pero en la mente de César Pastrana estaba otro objetivo, llegar a la FCF, ahora por la rama profesional. Y aunque se fue a Motu Proprio (léase bien proprio no propio), todos consideramos que la faltó mucho por hacer dado su conocimiento empresarial del balompié.

Durante esta cuarentena lo hemos extrañado, anda zambullido en sus cuarteles de invierno, dedicado a la exploración de la espiritualidad a partir de la teología, a su familia, lejos del ruido de las tribunas atestadas, apartado del fútbol en la Liga a la que él le cambió la cara y, la que lo necesita tanto hoy.

Lo que sí puedo apostar en el colofón de mi columna es que estoy convencido que él volverá, no sé cuándo, ni cómo, bajo qué rol, pero volverá. Porque la fuerza de su inteligencia choca con el silencio…

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