
Por Jorge Iván Londoño Maya. —
Columnista Cápsulas. —
Estos días de asueto para los hinchas verdes, nos han proporcionado momentos de reflexión, de análisis y, por qué no, de una confianza que hasta hace poco nos era esquiva, por los altibajos que presentaba el equipo, y que en buena hora han cambiado durante los partidos de eliminación, para mostrarnos un equipo, un grupo y un técnico diferentes.
Tenemos la percepción de un camerino más familiar, de un grupo más unido y de un equipo más solidario, no solo en la cancha, sino en los entrenamientos y en la banca; hasta han aparecido manifestaciones escolares en la celebración de los goles.
A todo lo anterior, se han sumado los magníficos resultados logrados en el torneo de todos contra todos y en esta fase final de competencia directa. Somos los primeros del salón en todas las asignaturas con las notas más altas.
Nos espera entonces el examen final, que constará de dos partidos, los mismos que debemos superar para alcanzar la copa 19, y de paso aumentar a 38 los títulos nacionales e internacionales.
Al frente estará el Atlético Junior, segundo de la clase, y al que hemos enfrentado en cinco oportunidades en finales de toda índole, con saldo a nuestro favor 4 a 1. No será fácil, porque hay que superarlos tanto en lo futbolístico como en la provocación, asignatura a cargo del decano Teófilo Gutiérrez De ahí la importancia que cobran en este momento los consejos y la voz tranquilizadora del técnico Arias, y por qué no, de Pacho Maturana y René Higuita, porque donde hay niños, todo sirve.
Así mismo, es el momento para que la plana mayor del equipo se haga presente con sus palabras y sus estímulos de todo orden, porque además del título, está en juego el cupo directo a la Copa Libertadores versión 2027.
El técnico Arias, que tendrá a su tocayo de apellido en la raya vecina, tiene la mejor y única oportunidad de demostrar que lo logrado hasta ahora no es fruto de los poderes esotéricos de Regina 11, sino de un trabajo hecho con esfuerzo, peldaño a peldaño, bajo relámpagos de rechazo y aguaceros de críticas. Por fortuna, lo bien hecho por el equipo en estas finales ha traído tiempo de verano, con días soleados y altas temperaturas de optimismo.
Qué mejor entonces, que estos días de trabajo táctico, de análisis y hasta de relajación, para acumular formación e información que permita afrontar estos dos últimos escaños con total éxito. Mientras tanto, por las toldas del Junior no todo es color de rosa, porque debió afrontar su eliminación de la Copa Libertadores, al caer derrotado por Palmeiras.
Llegamos a esta instancia sacando pecho, sin importar que a un arrogante periodista lo hecho por Nacional no tiene merecimientos; y en cambio, el equipo que debió ocupar su lugar era el Tolima, porque en el partido de vuelta, tuvo dos llegadas al arco salvadas por Ospina, olvidando que Nacional tuvo 22 remates, 9 oportunidades claras de gol y 5 balones en los postes, y Volpi, el arquero tolimense, terminó con las manos ampolladas. ¡Hágame el favor!
Sigue, pues, la ilusión verde y la esperanza blanca, a lo cual tenemos derecho mientras llega la hora de la verdad. Que sepan los jugadores y el técnico que el mayor campo de batalla está en el pensamiento de cada uno y no en los obstáculos externos.