Por Miguel Robledo Restrepo
* La credibilidad de un comentarista depende de lo identificados que estén sus oyentes con sus comentarios.
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Una cara es la solidaridad de gremio y los famosos “códigos de camerino” que tanto manejan y defienden los futbolistas y la cruz es la arrogancia de los periodistas deportivos que se creen pontífices y dueños de la verdad; y que por más que la Selección gane y esté en este momento clasificada no le conceden ningún mérito.
Hay dos aspectos por considerar en este tema. El primero es el de los medios que contratan a jugadores y técnicos retirados, impreparados en periodismo y sesgados para hablar de lo que hacen sus hoy ex compañeros, unos con más imparcialidad como JJ. Peláez y otros impedidos para hablar de sus compañeros por lo sesgados como Mondragón que juzga Meluk por rencillas personales. Pasar de la cancha al micrófono con éxito muy pocos lo logran. Si acaso, Diego Latorre y Kike Wolff.
En el lado opuesto hay periodistas que sin haber calzado unos guayos ni haber hecho un solo curso de fútbol se sienten con derecho a quitar y poner sólo por el hecho de tener labia y audiencia, del mismo modo que sus expresiones son viscerales y emotivas y que en muchos momentos dependen de la relación que mantengan con los técnicos y jugadores que están juzgando, como es el caso de Carlos Antonio Vélez con Pékerman.
Zapatero a tus zapatos. La credibilidad de un comentarista depende de lo identificados que estén sus oyentes con sus comentarios. Si yo veo u oigo algo que no concuerde conmigo, hago introspección y replanteo o cambio de canal.