
Por Alexis García Vega
*“Sin tener un espíritu fuerte es imposible tener resultados” D. Deschamps.
—
Ya hace unos días finalizó el principal evento en el mundo del fútbol. Un amigo mío decía que de las cosas menos importantes, el fútbol es la más importante.
Francia ya vive la resaca por la celebración de su título, luego de demostrar que la clave del éxito no es Ser los más talentosos, ni los más inspirados por las musas, ni los más fuertes, ni los de mayor información táctica, aunque nada de lo anterior les hizo falta.
La selección Francesa ganó porque planificó su camino al título: desde hace años creó 13 escuelas de formación en diferentes regiones estratégicas del país, a las que le hace evaluación cada tres meses, también abrió las puertas a los hijos de inmigrantes, que en su equipo fueron 14, borró de su constitución la palabra RAZA.
“Sin tener un espíritu fuerte es imposible tener resultados” D. Deschamps.
Su lema ahora es: IGUALITÉ, FRATERNITÉ, LIBERTÉ, el fútbol como un eliminador de diferencias, factor integrador de una sociedad, pluriétnica y multicultural, un equipo que tuvo el desafío de abrirse y manejar inteligentemente sus circunstancias particulares.
Mientras su entrenador Deschamps levantaba la copa de campeón mundial en 1998 su actual jugador y estrella Golo Kanté recogía basuras en las calles con sus padres.
Que mágico es el fútbol, que gran oportunidad nos brinda de crecer, de cambiar nuestra propia realidad.
Francia enfrentó en la final a Croacia, un monumento al esfuerzo, un poema a la superación, un país de aproximadamente 4 millones de habitantes que pasó hace unos cuantos años por la guerra más cruenta: una disputa con la población Serbia, con un ejército superior en armas y hombres, que los atacó ferozmente y desplazó más de 500 mil familias y asesinó más de 30 mil personas, soportaron los bombardeos hasta que las potencias mundiales participaron evitando una masacre peor.
El capitán de la selección Luka Modric, nombrado el Balón de Oro del mundial, vivía en campos de refugiados, luego de ver asesinar a su abuelo.
Estos jugadores se hicieron fuertes, jugaron el mundial con un sentido patriótico, generado por su estupendo entrenador, Zlatko Dalic, quien fue alistado en el ejército para defender su país, un hombre con una autoridad incuestionable, demostrada cuando en el primer partido de su selección ante Nigeria, cuando su guerrero delantero, Mandzukic había entregado todo en el campo, lo iba a cambiar ingresando a Kalinic, un soberbio delantero, este se negó a ingresar, luego del partido el director reúne a su grupo, los consulta pero toma la decisión de prescindir de su jugador enviándolo a casa antes de tiempo, arriesgándose a quedarse con tan solo 22 jugadores, decisiones valientes de liderazgo.
Después de unos días de terminado el mundial, queda el guayabo de no levantarnos diariamente a ver fútbol, a aprender lecciones que dejan los equipos, a recrearnos con la rutina de muchachos que se metieron a nuestras casas como huéspedes de honor durante un mes.
Nos quedan aprendizajes, enseñanzas, no solo de táctica, sino de valores, mientras esperamos el próximo mundial en Qatar veremos nuestro torneo Colombiano que juega con un cambio menos de velocidad, que no tendrá un invitado de lujo como el Var, que no presentará tanto colorido en las tribunas, ni moverá tanta gente, veremos estadios semivacíos, en donde los jugadores casi que podrán saludar de mano a sus hinchas.