Capsulas de Carreño

Levántate, Alexis (César Polanía, El País)

Cesar PolaniaPor César Polanía,
El País

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*Regresa a las canchas y saca esa garra que como buen uruguayo tienes.
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Tienes que caminar, Alexis. Porque la vida te espera. Porque tu valiente esposa y tus dos hijos te necesitan. Porque el fútbol te anhela. Pudiste quedarte en Chile o irte para tu natal Uruguay. Pero escogiste Cali. Y en Cali has sido feliz. No hay motivo para entorpecer esa felicidad, a pesar de que dos delincuentes callejeros te hayan atacado.

De los golpes sí que sabes. En el fútbol han sido pan de cada día para ti. Pero siempre te levantaste. Y fuiste héroe. Acostado en la cama en una habitación de la clínica Valle del Lili deben estar pasando por tu cabeza muchos recuerdos. Aquellos con los que te sabes ganar el cariño incondicional de los hinchas. Que lo digan los del Racing Club de Montevideo. Te metiste en el corazón de ellos aquel día que atajaste dos penales contra Rampla Juniors y les diste el regreso a Primera.


Los fanáticos del Nacional uruguayo también pueden dar fe de tu heroísmo. 
Es que eso de atajar penales es casi una costumbre en tu carrera. Has repetido tantas veces esa hazaña. Como lo hiciste en aquella ocasión contra el Boca Juniors por los octavos de final de la Sudamericana. Los hinchas xeneizes te querían comer vivo. Te ‘putearon’ y luego te aplaudieron.


Por acá por estos lados también has dado cuenta de tu grandeza en el arco. Y, seguramente ahí acostado,
 y con todos los mensajes que te han llegado de la familia americana —tu familia aunque no estés con ella— habrá cruzado por tu mente ese 3 de abril del 2010. ¿Lo recuerdas? Ese día atajaste dos penales y convertiste uno en un clásico contra Millonarios. Saliste llorando del Pascual y te llevaste la pelota. En las gradas del estadio también caían lágrimas de felicidad.


Entonces, levántate, Alexis. Camina y vuelve a sonreír. Coge de nuevo la pelota. 
Regresa a las canchas y saca esa garra que como buen uruguayo tienes. Esta ciudad te quiere. Dale un vistazo a los mensajes de aliento que te han dado. Ve a tu casa y abraza a tu esposa y tus hijos. Ellos, y también nosotros, te esperamos.

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