
Olé
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*El Toto Lorenzo me decía que para tener feliz al jugador, había que “darle un palo y un caramelo”. Tenía razón.
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En realidad, no le encuentro una gran diferencia con lo que ocurría en mis tiempos cuando los técnicos debutantes debían dirigir a sus recientes compañeros. Los de hoy están liberados porque no los enfrenta códigos o maneras de ser. No caben situaciones que marquen distancias, pero igual hay que tenerlas en cuenta.
Recuerdo cuando Juan José Pizzutti llegó desde Chacarita para dirigir a Racing (después campeón de todo), a quien tenía alquilado era a Humberto Maschio, el único que había sido su compañero como jugador. Con él era más exigente que con cualquier otro. El Bocha mezclaba el castellano con el italiano -que se le había pegado de jugar allá- y discutían así. Nosotros nos reíamos porque el Bocha la seguía en italiano y Pizzuti no le dejaba terminar el diálogo. Pero se querían mucho y se notaba el afecto mutuo por haber sido compañeros antes del reencuentro.
Y éste creo que es el tema más importante cuando comienza a movilizarse el vínculo entre el técnico nuevo -que además debuta como tal- y los futbolistas con quienes había jugado hasta pocos días atrás y de golpe deben aceptar órdenes de ese profesional.
Eduardo está hoy frente a este fenómeno porque ayer era jugador. Sigue siendo el mismo amigo (o no) de los jugadores y tiene que luchar contra sus deseos. ¿Lo pongo porque es mi amigo o lo borro porque no juega a nada? ¿Pongo a quienes me bancan o los que me parece que deben entrar siendo titulares?
La relación técnico-jugador cambia de manera radical cuando uno pasa a ser técnico y a mandar. Lo que más hace sufrir al DT debutante son las dudas. A pesar de tener todo clarísimo cuando uno juega, al pasar al rol de técnico aparecen las cosas no claras. Yo me las sabía todas y una más cuando jugaba. Cuando pasé a ser técnico, mi primera charla técnica fue la cosa más dura de mi vida (Sarmiento de Junín, 1980).
Tenía tipos que yo había llevado, que habían jugado contra mí: Espósito, Peremateu, el Flaco Gareca, el Toti Iglesias, Robles. Todos gente de primera, pero costó mucho arrancar. Me fue mal. Creo que fue una experiencia no esperada. Es difícil arrancar para ser técnico; es necesario el afecto pero de todos modos también manejar la distancia necesaria entre el que manda y el que obedece.
El Toto Lorenzo me decía que para tener feliz al jugador, había que “darle un palo y un caramelo”. Tenía razón.