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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.
Partido en horario de Ángelus, 6 de la tarde, lo que obliga a los asistentes a llegar al estadio en filita espaciada como hormigas arrieras, cada uno con su mecato en el bolsillo.
Autuori respalda la juventud de Torres, Ocampo y Salazar, los mismos que se lucieron en el triunfo ante Patronato, y los cuña con la experiencia liderada por Dorlan. Un once inicialista que a decir verdad, en este momento es la nómina de lujo de Nacional, porque la otra nómina anda convaleciente.
Junior tiene un buen comienzo en el manejo del balón; Nacional con tímidos arrestos en Salazar y Ocampo para ir al ataque; Tatay como el espanto de Mina Vieja, aparece a ratos, Dorlan se la rebusca por todas partes, Duque voluntarioso y Candelo frio, lento y errático, pero con la voluminosa quincena asegurada, sigue creyendo que aquel gol, desde un poquito más allá de la mitad de la cancha al Tolima, sigue siendo su medalla protectora.
Nacional, como siempre, apela a su lenta salida con Zapata y Aguirre, salida que en la mayoría de las veces no encuentra receptores, lo que genera un pase forzado y la consecuente pérdida del balón para la arremetida del contrario.
Junior le baja intensidad a su juego, y Nacional se apodera del último cuarto de hora; genera llegadas, algunas con muchas posibilidades de gol, inclusive hasta una jugada vistosa de parte de Tatay que entrando al área hace un massé (jugada del billar) tal como los hacía Tabaco, el otrora campeón de tres bandas. En el banco del Junior hay cónclave del cuerpo técnico, y desde ya se avizoran cambios en el pontificado para el segundo tiempo.
Dicho y hecho. Bolillo, que se las trae, hace cuatro cambios de entrada para el segundo tiempo, mientras Nacional sigue con los mismos diez (10) porque Candelo nada que hace el propósito de la enmienda, y el técnico ni se inmuta. El partido se juega más en campo del Junior. Corre el minuto 70, Castillo saca con la mano a Aguirre, quien hace el pase a Sebastián que pierde el balón con Didier, lo toma Cariaco, pase a Didier y gol tiburón. Antes del gol la equivocación había sido de Castillo que hace mal un pase, lo intercepta el Junior y por poco se produce la anotación.
Autuori hace tres cambios en el minuto 77, o escrito de otra forma, a 12 minutos de terminar el partido. Dos de esos cambios, en mi sentir, no se debieron hacer, Duque y Dorlan por Ángel y Jader Gentil, (por pura gentileza) y el que si se debió haber hecho, pero desde el primer minuto de juego, Mena por Candelo; cambios que obviamente generaron sonora rechifla, al menos por los dos primeros. Así las cosas, Nacional terminó el partido con una gallada de seis juveniles, porque el resto de la plantilla, como ya se sabe, están en recuperación médica, o en recuperación física o castigados contra la pared, como Banguero y Román.
Menos mal Jader hizo al menos una jugada de lujo, que generó la falta de Vladimir a Mena, y el consecuente cobro desde los doce pasos por parte de Tatay; a quien le faltó serenidad y temple en el cobro, porque el balón se lo mandó de papayita al portero Martínez para despejarlo.
La verdad no sabe uno que pensar ni que escribir con un Autuori que espera y desespera y deja que los minutos se agoten, cuando las circunstancias del partido piden a gritos un cambio, y con un Sebastián, siempre tan fino y combativo con el balón, pero que en esta oportunidad permite que Didier se lo arrebate y se genere la jugada del gol.
Todo se dio para que Nacional resucitara a jugadores y cuerpo técnico del Junior, y para demostrar la importancia de tres puntos, que ponen al Junior en el décimo puesto a tres para entrar a los ocho, y a Nacional que con tres puntos que deje de ganar, sale de los ocho. ¡Sencillo! Y sigue el partido contra América.
“Se necesita poco para hacer las cosas bien, pero menos aún para hacerlas mal”. Paul Bocuse.
