Capsulas de Carreño

No hay que hacerse ilusiones

Tres canteranos de Nacional que demostraron actuar sin brújula frente al necesitado Patronato, equipo 12  de la B en Argentina. Otra vergonzosa presentación de Nacional en el que fue su feudo. Foto tomada de Espn.

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Por Luis David Obando
Columnista Cápsulas.

 

 

* Los hechos son tozudos, pero la dirigencia y el banco verdolaga parecen serlo más.
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 Lo que muy mal comienza, no tiene forma de salir bien. No es sino recordar la desilusión entre la hinchada verdolaga cuando, en medio de inmensa expectativa sobre quién remplazaría al encargado técnico Pedro Sarmiento, los directivos salieron con bombos y platillos a anunciar a Paulo Autuori, fracasado DT en su primera incursión nacionalista, como aquel que refundaría la patria verde como equipo de alto vuelo en Sudamérica.

La frustración por ese evidente chorro de babas le dio paso al compás de espera. Quién sabe, de pronto esta vez sí le sonara la flauta. Pero desde el desayuno se supo el menú posterior: jugando a nada, como siempre, y después de recibir de Sarmiento un equipo ad portas de las semifinales 2022 – II, repitió la dosis de su primera experiencia: con un feo empate en el Atanasio Girardot ante Equidad, Nacional eliminado de la liguilla. Exactamente la misma dosis de 2018, en su estreno en el banco verde.

Y la espera le abrió el camino a la desesperanza: Nacional solo jugó dos buenos partidos en el primer semestre de 2023, en el clásico ante el DIM y ante Santa Fe en Bogotá. De resto, un equipo desconocido para su afición y para el país. Un club que juega como uno de media tabla, más como a no perder, sin ninguna grandeza, sin dirección, tirado atrás y buscando a la desesperada salvar los partidos.

Así, a trancazos y de nuevo (como en la Liga 2022 – I), gracias a San Mier, con el buen apoyo de Aguirre, de forma inaudita le alcanzó para llegar a la final. ¿Le callaría la boca Autuori a la para él ‘ignorante’ hinchada? Ojalá hubiese sido así. Pero no: más de lo mismo en Medellín y Bogotá, con el agravante de la evidencia pública de su falta de autoridad en el momento de los cambios (errados, por supuesto) en el juego definitivo.

Y ahora, para comenzar el 2023 – II, no hay que hacerse ilusiones. Autuori no solo se gradúa de cínico sonriendo ante una derrota contra un equipo de segunda división argentina y tachando de analfabetas futboleros a las decenas de miles que le rechiflan, sino que se atrinchera con las directivas en su imaginaria guerra conjunta contra la hinchada. Así, a la defensiva y con la sartén por el mango, difícil que algo diferente suceda.

Mientras tanto, habrá que acostumbrarse a volver al Nacional previo a los años 70 (un club del montón), antes de que Hernán Botero lo rescatara para hacerlo grande, pensando en grande. Ahora de eso, poco y nada. Los hechos son tozudos, pero la dirigencia y el banco verdolaga parecen serlo más.

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