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Objetivo: el GOL (Luis David Obando)

Luis David ObandoPor Luis David Obando

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*Menos academia y más lúdica, la fórmula para retomar la senda de un fútbol atractivo.
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¿Para qué tanto orden si se olvida el arco del frente? ¿De qué sirve la táctica si no es para lograr el objetivo, que en el fútbol es el gol? Tanta razón ha llevado al fútbol a la sinrazón, y la que pierde es la emoción. Por eso vemos partidos insaboros, incoloros e inodoros, cuya insipidez es absurdamente alabada por técnicos y tal cual comentarista en ruedas de prensa y transmisiones deportivas. ¡Pamplinas! Si no hay goles, no hay fútbol.

Los enredajos justificatorios no se hacen esperar: juegos de números y palabrejas para descrestar incautos al “explicar” la supuesta aplicación de los jugadores en la cancha y el trabajo del técnico en la semana. ¿Quién quiere tanto culto a la voz del entrenador? Lo que la tribuna anhela es el talento del futbolista, la jugada fuera de libreto que apunta al arco, el éxtasis del balón superando la línea del gol. El grito de júbilo, no el ‘¡oh!’ de admiración, que entre otras cosas no existe sino en el cerebro de los mal llamados estrategas.

En cuestión de talento no es que todo tiempo pasado haya sido mejor, sino que en el presente no le dan juego al juego. Los puristas académicos del fútbol han acabado este deporte, cuadriculándolo y esquematizándolo hasta superar los límites de la insensatez y el aburrimiento. Lo que quieren los aficionados y los jugadores es lúdica, no cartillas transferidas al gramado.

Habrá que cambiar de nuevo el chip, pero, ¿quién le podrá poner el cascabel a ese gato? Difícil que las cosas cambien si el dinero sigue rodando, apostándole a un “espectáculo” que ya no lo es, y generando el círculo vicioso que nos traga cual agujero negro: la tv está pagando millonadas por un show que apaga televisores, y con esa misma plata los clubes pagan exorbitantes sumas por cuerpos técnicos que obligan a los jugadores a moverse de tal manera que se gesten bostezos.

Y ni qué decir de las cifras que perciben los futbolistas por cambiar “orden táctico” por ideas y juego de verdad. Por eso deambulan por nuestras canchas Berríos y Yulianes, Duques y Mangas. Qué envidia la que producen los equipos bogotanos que regalan un clásico de ganas, velocidad y tiros al arco, con técnicos que saben lo suyo: organizar y poner a jugar, sin olvidar que en el fútbol el objetivo es uno solo y es rey: su majestad el GOL.

Mejor dicho: menos academia y más lúdica. ¿No fue esa idea la que hizo exitoso a Francisco Maturana como técnico? (Y eso que es un profesional que sabe a fondo lo suyo). Brasil ha sido grande solo cuando han dejado jugar a sus artistas. Son ellos los genios, no los señores que gritan y hacen gestos desde la raya, o se mantienen allí impasibles mientras “analizan” el partido.

No es que nos falten genios: es que los están haciendo pensar y mover con cerebros de otros. El día que nuestros futbolistas vuelvan a serlo, en lugar de fichas de un mal entendido ajedrez futbolístico, tendremos de nuevo motivos para ir al estadio a festejar, no a sufrir o rabiar.


EXTRATIEMPO. Así como se hacen campañas contra los pícaros que fingen faltas o asoman la mano para anotar goles, bien vale una grande para reforzar positivamente dos casos de honestidad y juego limpio recientes: la admisión de una mano que anulaba un penalti por parte de Roberto Ovelar (Junior), y el reconocimiento de Leandro Castellanos (Santa Fe) de que sí cometió un penal que muchos dudaban ante Millonarios. Ese es el camino para ver más fútbol y menos mal teatro.

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