
Por: Tobías Carvajal Crespo.
Columnista Cápsulas. –
- La historia mundialista podría ser otra.
- Un árbitro con estatua en Bakú.
- Hurst 3 goles en la final de Londres.
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Si el partido final de algunos mundiales de fútbol se pudiera repetir, seguro que la Copa, como acontece con ‘ciertos’ premios Nóbel de Paz, una postura honorable sería devolverlos, sin necesidad de insinuárselo al homenajeado.
Un caso patente la clausura del certamen de 1966 en Londres, donde los inventores del balompié triunfaron por primera y única oportunidad hasta la fecha.
A segundos de terminar el partido entre Inglaterra y Alemania, Wolgang Weber silenció a los 96.924 espectadores del viejo estadio de Wembley al decretar un empate a 2 goles y obligar a una prórroga. Una prórroga que desde entonces comenzó a ser ‘leyenda’.
A los 11 minutos del primer tiempo adicional, un remate del inglés Geoff Hurst pegó en la parte inferior del horizontal —en ese tiempo ya eran redondos los tres maderos- y rebotó a la espalda del golero Hans Tilkowski, sin superar jamás la raya de gol, ni siquiera en mínima parte.
Ante los reclamos, el árbitro suizo Gottfried Dienst consultó al juez de línea Tofik Bakhramov, quien sin dudarlo y en forma hasta intimidatoria con su compañero y jefe de terna, válido como gol el pelotazo de Hurst. Un auténtico ‘gol fantasma’, digno de todo un ‘tratado’ por parte del VAR de nuestros días.
Después de ese yerro famoso, el juez de línea, natural de la antigua Azerbaiyán cobró popularidad. En su tierra natal, Bakú, el principal estadio lleva su nombre y en el 2006 (con motivo de un partido de ‘agradecimiento’ entre Inglaterra y Azerbaiyán) se rindió especial homenaje a su memoria con el descubrimiento de una gigantesca estatua de cuerpo entero, único árbitro (en este caso juez de línea) con tal distinción.
Geoff Hurst al anotar el cuarto gol inglés, para el definitivo 4-2 de aquella final, plantó su nombre como único futbolista con tres anotaciones (también había logrado el segundo) en una final mundialista. Dejó el fútbol activo hace 50 años y se convirtió en próspero hombre de empresa.
Más ‘recientemente’ en Sudáfrica 2010, el inglés Frank Lampard sorprendió a golero alemán Manuel Neuer (vigente como pocos en el actual mundial) con un balón que luego de pegar en la parte inferior del larguero, cayó en la grama, bien adentro del arco.
El árbitro uruguayo Jorge Larrionda, sin ruborizarse (fue el escándalo mayúsculo del mundial) no lo concedió. Era, transitoriamente, un legítimo empate a 2 goles para Inglaterra, luego de remontar un 0-2. Pasado dos años ‘colgó’ el pito. Curioso pero real: dos goles imaginarios entre los mismos famosos rivales coperos.
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P/D
El hecho de permitir la FIFA que un jugador actué en plena Copa Mundo de SELECCIONES NACIONALES, haciendo parte de un país que lo ‘adopta deportivamente’ o en el cual se refugia por falta de reconocimiento en el suyo, lleva al melancólico espectáculo de verlo no poder cantar el himno patrio, pues no tiene la más remota idea de su letra. Y ocurre mucho en el 2026.
Cabría preguntarse: ¿Se trata en verdad de un Campeonato entre jugadores nativos del respectivo país o una Champions más, donde aglutinar a los mejores de cualquier punto cardinal bajo una bandera ocasional es lo fundamental…?
