
—
-Estudió contaduría en la Universidad del Valle.
-Escribía artículos para el periódico de la universidad.
-Álvarez Gardeazábal se aconsejó que dejara los números y se dedicara a escribir una novela.
-Su primer escrito apareció publicado en El País en julio de 1977.
-Lo acercaron a deportes cuando él pensaba incursionar en temas de literatura.
-Escribió para El País, Occidente, Cronómetro de El Tiempo y la separata El Tiempo-Valle.
-Como contador trabajó en una empresa automotriz pero el periodismo lo arrebató.
-Sigue en el periodismo escribiendo crónicas de la vida de los inmigrantes y de organizaciones comunitarias.
-Esas notas son publicadas en un semanario llamado ‘Hola-News’ que circula en las Carolinas, Norte y Sur, y en Jacksonville, Florida.
-Habla en una emisora de ‘Norsan-Media’, pero a la vez, como inmigrante, tiene que trabajar en otra cosa para completar el diario vivir y para tal fin vende repuestos de vehículos.
-A grandes rasgos el trasegar periodístico de Williams Viera, hoy residente en Estados Unidos.
—
(Entrevista con Williams Viera)
1. ¿Por qué periodista deportivo?
«En la Universidad del Valle en donde estudiaba contaduría, dictaba clases Gustavo Álvarez Gardeazábal y él escribía en ‘El País’ hasta que lo vetaron luego de publicar ‘Los míos’. Pero antes de esa situación que fue un escándalo en el centro docente y en la sociedad caleña, me atreví a escribir algunos artículos en el periódico de la universidad que se imprimía en un mimeógrafo y a él, a Gardeazábal, le llamaron la atención los escritos.
“Deje de estudiar cosas de números y dedíquese a escribir una novela”, me dijo y luego me recomendó que escribiera ‘algo’ para el diario de los Lloreda. Así lo hice y el día que me presenté en las instalaciones de ‘El País’, en la carrera 2 con calle 24, me atendió una periodista de nombre Olga Lucía Bueno y me recibió el escrito que lo publicó en la página juvenil de aquel julio de 1977.
Al regresar, un mes más tarde, Arturo Sanclemente, quien era el director del periódico en esa época, me vio en la sala de redacción y me preguntó la razón del por qué estaba ahí. Le comenté algo y me llevó hasta la oficina de Jorge García. Él, conocido como ‘el flaco’, me preguntó que sí podía ir a cubrir, en la mañana del domingo, una competencia de motociclismo que se realizaba en el ‘Parque del Amor’. Ahí estuve y empecé a recorrer el mundo
deportivo, primero con estadísticas de las jornadas de fútbol, a pesar que tenía en mente escribir, solamente, literatura.
Es más, García, Alberto Marulanda y Carlos Arrieta (q.e.p.d.), en ese momento, me vetaron un cuento, así dijeron, llamado ‘Hincha’ porque tenía la expresión, “me importa un culo”. Sin embargo, después la narración, sin ser sancionada dicha frase, vio la luz cuando fue publicada por ‘Cronómetro’, de ‘El Tiempo’, que era dirigida por Rafael Matallana (q.e.p.d.), todo un caballero de la pluma en el diario capitalino, quien tenía a su vez como redactores
a Mario Posso Jr. y Víctor Rosas. Años después me enteré que ese cuento fue publicado en El Gráfico de Argentina y en el Universal de Caracas.
—
2. ¿En cuáles medios colombianos trabajó?
En esa época, hablo de mis inicios en el periodismo, por más estudios que se tuviera o del grado obtenido en una universidad, uno escuchaba, “no hay dinero para pagarle. Primero tiene que aprender el oficio”. Y así era. No existían las facultades de periodismo que hay en este tiempo. Hice algunos escritos en ‘El País’, luego en ‘Occidente’ y ahí, Esteban Jaramillo, me dijo, “usted puede llegar a ser un periodista deportivo si le dedica tiempo” luego que publicó algunas notas cargadas de eso que llamamos ‘humor negro’ en la revista de los sábados del diario de la calle 12 como se conocía al diario de don Modesto Caicedo.
Después ni volví ni al ‘País’ ni a ‘Occidente’ porque al graduarme como contador público me vinculé a trabajar en una empresa automotriz, pero seguía escribiendo temas literarios que publicaban revistas de la época. Entonces, en los primeros días de enero de 1980, me encontré con Jairo Chávez Ávila, en la Avenida Sexta de Cali, y me comentó que por qué no trabajaba con él en ‘Balón’, pero también escribía algunas notas para ‘Occidente’.
En 1981, Mario Posso Jr. me llamó para que le hiciera, desde Cali, reportajes para ‘Cronómetro’ con las figuras más destacadas del Valle sin tener que dejar de pertenecer a ‘Balón’. Debido al trabajo que realizaba en los medios mencionados, en 1985, Carlos Alberto Lenis me contactó para laborar en ‘Caracol’ por sugerencia de Luis Alfredo
Céspedes. En esa empresa radial estuve hasta 1999.
Lo curioso es que laboré, al mismo tiempo, en ‘Occidente’, en ‘El Tiempo’ y en ‘Caracol’ sin que sus directivos o dueños se hayan opuesto, pero los compañeros se preguntaban cómo lo hacía. Rafael Santos, quien gestionó mi vinculación a ‘EL Tiempo’ cuando se inició la separata ‘El Tiempo-Cali Valle’ bajo la dirección de Clemencia Medina y luego de Alejandro Moya, sólo me dijo: “No le vamos a prohibir que trabaje ni en ‘Caracol’ ni en ‘Balón’. Sólo debe hacer versiones diferentes de las noticias que escriba”. Así estuve hasta que por esas ‘cosas extrañas’ que sucedían en aquellos tiempos, abandoné todo evitando los riesgos para mi familia.
—
3. ¿A qué se dedica en la actualidad?
Sigo en el periodismo, pero escribiendo crónicas de la vida de los inmigrantes y de organizaciones comunitarias que trabajan creyendo que mañana todo será diferente. Esas notas son publicadas en un semanario llamado ‘Hola-News’ que circula en las Carolinas, Norte y Sur, y en Jacksonville, Florida, y hablo en una emisora de ‘Norsan-Media’, pero a la vez, como inmigrante, tengo que trabajar en otra cosa para completar el diario vivir.
En mi caso, vendo repuestos de vehículos y lo mejor es que la facilidad de palabra adquirida con el mejor oficio del mundo me ha convertido, sin querer, en un elemento esencial en el área automotriz. Sin embargo, hace 18 años veo que todo sigue igual. Hasta el mismo grito, “si se puede”, de los inmigrantes. Cada historia, en su contexto, es distinta, pero en el fondo está llena de matices que sorprenden en el instante que el inmigrante habla de sus vivencias y que me han llevado a obtener varios reconocimientos llamados ‘José Martí’ por mis escritos. En este momento agradezco esa época del periodismo deportivo y, sobre todo, a aquellos compañeros con los que compartí experiencias y algo les aprendí.
Por eso, tengo que mencionar a Jairo Aristizábal Ossa, a Mario Posso Posso (q.e.p.d.), al médico César Augusto Arias, a Marino Millán, a Ebert Montoya, a Carlos Alberto Lenis, a Luis Alfredo Céspedes, a Oscar Rentería Jiménez, a Rafael Araujo Gámez, a Reynaldo Barco, a Benjamín Cuello, a Jairo Chávez Ávila, a Jairo Giraldo, a Hipólito Murillo, a Guillermo Ruiz Bonilla, a Esteban Jaramillo, a Oscar Múnevar, a Jaime Ortiz (q.e.p.d.), Víctor Rosas, Germán Blanco, Gabriel Meluck y José Orlando Ascensio.
En la distancia, sin duda, el mejor reconocimiento que puedo hacer a mis ex compañeros es recordar los momentos que compartimos. Un abrazo a todos y una oración para aquellos que nos dejaron.
—
TESTIMONIO
«Lo recuerdo a Williams Viera cuando pasé por Cali. Era un muchacho romántico, muy lírico en su escritura, muy agradable para leer. A pesar de a distancia y la lejanía por las circunstancias del destino, él tomó un camino y yo otro, siempre ligados al periodismo, le perdí la huella pero conservo muy buenos y gratos recuerdos.
Gran profesional, de esos periodistas que hoy no existen porque tiene una pluma muy ágil con una excelente utilización del lenguaje. Como profesional lo valoré como cronista de mucha talla. Ese muchacho fue para mi un gran aporte cuando trabajamos juntos y lo seguía cuando él laboraba en otros medios.
Lo conocí más como periodista escrito que como periodista radial, televisivo o de redes. Cuando digo que conservo gratos recuerdos de él pasa por lo profesional y lo personal, un buen tertuliano, buen conversador y conservo una gran imagen de Williams Viera.
(Esteban Jaramillo Osorio)
—
INTRODUCCIÓN
Hola Alfredo, siempre sentí un gran gusto leer Cápsulas desde aquellos tiempos en los que, sin duda, las personas que tenemos la habilidad de escribir, podemos valorar cada palabra. En tal sentido parafraseo a Gabriel García Márquez: “escribimos para que nuestros amigos nos quieran más”.
En esa circunstancia, podemos agregar lo que un día, en Medellín, me dijo Manuel Mejía Vallejo, autor de una de las
mejores novelas urbanas de Colombia, ‘Aire de Tango’: “el oficio de periodista es el más difícil e incomprendido del mundo. Nadie está de acuerdo con lo que el periodista escribe y menos los dueños del poder, pero el periodista tiene el deber moral de publicar lo que alguien no quiere que se publique. Esa debe ser su razón, pero ante todo, el periodista debe leer mucho”.
Y en aquellos tiempos, cada quien a su manera y desde la tribuna que fuese, como ocurre hoy, afrontamos la responsabilidad de contar lo que acontecía con el único objetivo que las cosas cambiaran. ¿Se logró? ¡Hummm!
En realidad, don ALFREDO CARREÑO, así con mayúsculas, en su estilo, usted ha sido un maestro del periodismo colombiano y es muy grato saber que continúa haciendo la labor que más le gusta como es la de escribir. En usted, la nueva generación de periodistas o de comunicadores, debe fijarse si desean aprender el mejor oficio del mundo.
Atentamente,
WILLIAMS VIERA
Periodista