Capsulas de Carreño

Se nos fue el gran jefe, don Guillermo Lema


POR WILLIAMS VIERA, desde USA

 

 

Todo se puede esperar en la vida, menos la muerte. Un colega, un allegado, una persona que fue un gran jefe, había iniciado el camino de lo que llamamos el “no retorno”.

En esta oportunidad, faltó el famoso pitido de los mensajes en el celular. La noticia luctuosa la leímos en Capsulas de Carreño en la noche del pasado martes, 25 de mayo, pero el miércoles, en la madrugada, abrí el correo personal y encontré una misiva de don Alfredo Carreño, enviada a las 10:11 p.m. del martes que decía en su titular: “Otro fallecimiento, de Occidente” y en su breve texto: “Me cuentan que falleció Guillermo Lema Salazar, ex director de Occidente”.

Guillermo Lema Salazar en una postal en blanco y negro. Era la época en que los periodistas poco querían ser fotografiados. Algo muy diferente a este tiempo cuando se les escucha: “Voy a hacerme la selfi con el entrevistado”.

Entonces, cuando uno se entera de un fallecimiento de alguien con la que se compartieron muchas horas en el trabajo y que se convirtieron en días, en meses y en años, “se puede llorar porque se ha ido o se puede sonreír porque ha vivido”, así nos dijo en una ocasión don Guillermo Lema, como lo llamábamos en la sala de redacción del diario Occidente en la época en que quedaba en la calle 12 de Santiago de Cali.

Así era él. Un hombre rápido en el momento de escribir los editoriales del periódico mientras se fumaba un cigarrillo, pero lo que llamaba la atención de quienes lo veían hacer su trabajo era que entonaba un tango como si la letra de la estrofa que recordaba le ayudara a matizar el tema que llevaba a las consabidas sábanas amarillas.

“¿Cómo es que don Guillermo canta ‘su boca que besa/ Borra la tristeza/ Calma la amargura’ en el instante en que analiza la situación política del país?”, le preguntaban a Stella Galvis, su fiel secretaria.

Entonces, ella contestaba: “Él tiene su estilo y puede charlar sobre Dios y el diablo” mientras que Cielo Díaz Leyes se persignaba y seguía escribiendo los chismes que se publicaban en las páginas de sociales en aquel entonces junto a las fotografías que le entregaban, entre otros, Julio Romero y Orlando Blandón,  como si ella hubiese vislumbrado lo que son las redes sociales de este tiempo.

“Por favor, doña Stella, recuérdele a Cielo que le vamos a dar portada al matrimonio de Carlos Vives y Margarita Rosa de Francisco en la edición del domingo y haremos una separata especial con ese acontecimiento sin que descuidemos, Delgado (Luis Enrique), las doce páginas de deportes. Vamos a tener, el lunes, un periódico gordo”, dijo don Guillermo Lema mientras cerraba la puerta de la oficina, en el segundo piso, ubicada en la redacción.

Y así como lo había establecido, el suceso social de aquel año, sábado 20 de agosto de 1988, quedó registrado para la posteridad y en su oficina, mientras se fumaba un cigarrillo, don Guillermo Lema se deleitaba viendo el trabajo realizado por el grupo de periodistas y fotógrafos que tenía a su cargo.

 

Apasionado por los libros

Guillermo Lema Salazar, después de jubilarse, nunca dejó de estar informado de las cosas que sucedían en Colombia y el mundo.

En este punto hay que decir, como escribió Alberto Marulanda, otro de los periodistas deportivos que laboró al lado de don Guillermo Lema durante muchos años, “se nos fue el gran jefe”.

Y es que Marulanda, debido al humor sarcástico que saca a relucir en ciertas ocasiones, le apuntó al “gran jefe” porque se conocían desde el diario El País:

“Don Guillermo, no llore tanto por el Once Caldas. Vuélvase hincha del Cali o del América”.

“¡Ah caray!”, dijo don Guillermo Lema. “Que usted, Marulanda, no se condene al igual que Delgado; que no se condene Álvaro ‘El Mompa’ Albán, ni usted Alpelo (Alberto Pérez), ¡hablemos de libros, de Eduardo Galeano. ¿Qué dijo? ‘En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol’… ¿Qué hago señores? Sálvate Marulanda. Sálvate Delgado. Sálvense los demás”. Entonces soltaba una carcajada y se entraba a la oficina que siempre permanecía abierta mientras él estaba en ella.

Sin ninguna duda, quienes conocieron a don Guillermo Lema, ex director del periódico de la 12, como se conocía al diario Occidente, pueden cerrar los ojos y rezar para que vuelva o pueden abrirlos y ver todo lo que dejó.

Él, después de que Jorge Velasco renunció a la dirección del Suplemento Literario del diario Occidente, se encargó de realizarlo y le pedía a los jóvenes periodistas que estábamos, “muchachos, quien desee incursionar en literatura, bienvenidos son”.

Algunos le entregábamos los cuentos, los análisis de diferentes temas y él los revisaba con la paciencia del Santo Job mientras cantaba un bambuco. ‘Están las aves dormidas/ y las estrellas despiertas/ o corteza de tronco viejo/ donde yo grabé tu nombre’.

    

El pasado se alborota

 

Guillermo Lema Salazar en la tranquilidad de su casa mientras disfrutaba de los nietos después de criar a sus tres hijos.

En ocasiones don Guillermo Lema se retraía. Tal vez por estar pensando en lo que tenía que escribir. El paso del tiempo lo convertiría en uno de los mejores editorialistas de Colombia hasta el punto que pocas personas sabían que él había sido alcalde en Santa Rosa de Cabal, pero sí conocían que fue jefe de redacción de La Patria de Manizales.

“En el momento que llegué a Cali para trabajar en el periódico El País y luego como Subdirector del diario Occidente, quería tener un quiosco para vender periódicos y libros”, nos dijo en una ocasión en el terminal de pasajeros.

    En las horas que permanecía en ese lugar se le veía feliz. Nunca nos dijo la razón, pero tal vez porque le encantaba leer y con ellos había aprendido que aquí está lo bueno, lo malo allí; aquí lo blanco, allá lo negro.

Pero en medio de la discreción que exhibía, de lo respetuoso y de lo comprensivo nunca se le escuchó una palabra ofensiva hacia el personal que tenía a su cargo ni siquiera cuando volvían con el tema del fútbol. En algunas ocasiones le hablaban que él era hincha del Deportivo Pereira y en otras, del blanco de Manizales.

    Otros, como Jairo Chávez Ávila, el periodista deportivo que nació sin pecado original, le decían, “don Guillermo, usted tiene cara de ser hincha del Cali”. Y él se ponía colorado con aquello de palo porque boga, palo porque no boga.

   

Es de todos

  

Olga Flórez, esposa de Guillermo Lema Salazar, fue un gran soporte durante su matrimonio para que él pudiera realizar su gran pasión como era el periodismo. En el diario Occidente tuvo a Stella Galvis como su mano derecha al desempeñar el cargo de secretaria de redacción.

Oigan, les cuento, de verdad, don Guillermo Lema Salazar era un gran jefe. En 1993, lo recuerdo como si lo hubiese dicho hace pocas horas, nos dijo, después de recibir la Medalla de honor Jorge Zawadsky al Mérito Cívico Periodístico, en su máxima categoría: “La pacificación de Colombia no es tarea del Gobierno, ni del Ejército, ni de las comisiones. Es responsabilidad de todos. Si no tenemos paz es porque hemos adoptado patrones de conducta que conducen a la violencia. Los periodistas debemos ser educadores”.

Tal como lo hemos contado, Guillermo Lema Salazar era una persona llena de bondad aunque de pocas palabras, mamador de gallo como ninguno cuando tenía confianza con su interlocutor, pregúntenselo a quienes trabajamos con él.

Quedan su viuda, doña Olga Flórez, con quien estuvo durante 57 años felizmente casado, y sus hijos: Juan Pablo, economista; Eduardo, médico; y Juliana, periodista y libretista en televisión.

En este instante decimos, desde esta tribuna, que podemos llorar, cerrar la mente, sentir el vacío y dar la espalda. O hacer lo que a don Guillermo Lema Salazar le gustaría: Entonar un tango o un bambuco, sonreír, abrir los ojos, leer un libro y seguir sin responder cuál era su equipo preferido. ¿Sería por qué nació un 12 de octubre?

Paz en su tumba y fortaleza a sus familiares y amigos. Se le recuerda con mucho cariño.

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Un comentario

  1. Iván Coello Ángel

    27 junio, 2021 at 12:08 am

    EL RECUERDO DE GUILLERMO LEMA
    Yo también tuve a Guillermo como jefe en Occidente. Uno de los periodistas más honrados y capacitados de Colombia. Ejercer el oficio con veracidad e imparcialidad fue para él su vocación plena. Todos esos personajes que mencionaste fueron también de mi entorno en la primera época en que trabajé en Occidente.
    Mi nombre es Iván Coello. Cali, hincha de América

    Del editor. Saludos Iván. Poco a poco se nos van adelantando esos patriarcas del periodismo.

    Hincha de América
    Cali

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