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Se perdieron la memoria, la actitud y el uniforme (María Victoria Zapata, Dama Roja)

MARIA-VICTORIA-ZAPATAPor María Victoria Zapata B.

*Jugó mal el DIM en Barranquilla.  No  mostró el fútbol ni la actitud requeridas para  un partido  de  tal envergadura.

El 2-1 que le dio la ventaja al Atlético Junior en el juego de ida, es apenas un resultado lógico y justificado de lo acontecido anoche en el gramado del estadio Roberto Meléndez de la capital del Atlántico, con un  cuadro tiburón  que  desde el comienzo se acercó peligrosamente al arco de David González y con un Medellín que evidenció protuberantes fallos defensivos y escaso, por no decir nulo,  volumen de ataque.

 Y a propósito de ventajas,  fueron muchas las que el DIM concedió en el primer juego de la semifinal. Anoche, infortunadamente, no funcionó el equipo en defensa ni en  ataque. No respondieron el  central argentino Matías Cahais, con responsabilidad en las dos anotaciones locales, como tampoco el lateral Carlos Valencia quien ratificó que su nivel  en modo alguno le permite ser titular. Igualmente fue baja la producción de  Andrés Mosquera, desconcentrado en extremo, de Didier Moreno  de Brayan Angulo  y de  Luis Carlos Arias, John Freddy Pajoy y Angelo Rodríguez, en ataque.

Tanto en el plano  individual como en el colectivo fue bajísima la calificación  para un DIM que, además, regaló los 45 iniciales a su rival, el Junior  de Barranquilla.

La primera anotación  local, de Juan David Pérez ,  se produjo  en la agonía de un período inicial en el que  Junior tuvo como cerebro al  talentoso Vladimir Hernández y el DIM se limitó  simplemente  a   esperar cualquier error rival.

En el complemento, y no obstante  los relevos  de Carlos Valencia y Angelo Rodríguez por  Félix Micolta y Fabio Burbano, respectivamente, al minuto 46,  y de John Freddy  Pajoy por Brayan Angulo, al 59,  y la intención de adelantar líneas, presionar al Junior y ganar en profundidad,  el fútbol rojo (púrpura anoche)  continuó aletargado, desordenado y sin volumen de ataque. Solo algunas llegadas intrascendentes nacidas del contragolpe para un equipo que  lució  adormecido, timorato, carente de ambición  y errático en la entrega del balón.  El gol del delantero paraguayo Roberto  Ovelar, al minuto 80,  sacudió ligeramente al DIM  de su sopor.  El descuento,  en acción de Burbano al minuto 85, dejó la serie abierta para el segundo juego, en el Atanasio Girardot, el  miércoles próximo.

La expulsión de Brayan Angulo al minuto 90, por doble amonestación,  cerró una noche  roja (??? – No. Ayer fue púrpura-) llena de fallos e inconsistencias en el DIM, con un equipo que perdió no solo el partido, 1-2,  y  su memoria futbolística  con un juego apocado y  medroso, sino su identidad   institucional, con un uniforme morado y rosado  que nada dice al afecto, a la historia ni a la idiosincrasia del  Deportivo Independiente Medellín, por más “bonito, rompe-esquemas o innovador” que parezca.

Sobre este particular, siempre he creído- y sostenido- que  el uniforme es  uno de los mayores  símbolos   afectivos  en  un  equipo de fútbol. Y considero, así mismo, que ni el mercadeo, la innovación,  o como se le quiera denominar, tienen patente de corso para violentar  dichos patrimonios  institucionales en nombre de una moda que desdeña y pisotea  la historia, el acervo,  la imagen corporativa  y la afinidad emocional con la afición. El uniforme, los colores y el  escudo, son tan sagrados como representativos del Deportivo Independiente Medellín y anoche fueron profanados en aras de una  absurda “moda de avanzada”

De  la misma manera como anoche se perdieron el  partido, fútbol y la combatividad en el DIM, también se perdieron sus entrañables  colores   rojo y  azul.  Muy lamentable…!!!

[María Victoria Zapata B.]

 

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