
No fue sino tocar las primeras rampas del premio del col de Soudet, para que algunos de los ilustres de la prueba se vieran colgados. Kilómetros más adelante hasta el mismo Alberto Contador caía en las mismas desventuras de Vincenzo Nibali -este sí verde y traslúcido-, que se hacía acompañar por un también desfondado Rigoberto Urán.
En esa escalada de fuera de categoría hacia La Pierre-Saint Martin, sólo tres fueron capaces de escapar al síndrome natural del cambio de escenario, ese que los viejos zorros del pedal como el técnico Eusebio Unzué, saben que se puede presentar con sus estragos. Froome, Richie Porte -su colega en el Team Sky- y Quintana sobrevivieron al golpe de calor y variación geográfica.
Y uno de los pocos que escapó al lugar común del «hombre verde» fue precisamente el keniata -africano del Este- Chris Froome, quien irrumpió como un poseso, una vez más como ya lo hizo en 2013, para recordar de algún modo la estela en ese mismo escenario que tiene añoranzas de Mauricio Soler, campeón de la montaña del Tour-2007, quien fuera su compañero un año después en el Barloworld del director deportivo Claudio Corti.
Velocidad, frecuencia cardíaca, cadencia de pedaleo y vatios fueron a parar a la porra con el terrible paso de quien parecía emular un dicho popular: «Nguvbu Kama simba» (con la fuerza de un león, en la lengua Swahili de su natal Kenia). Ni el mismo Nairo Quintana -líder de los jóvenes-, el único rival que tiene a la vista, lo pudo detener a falta de seis kilómetros. «Quintana es ahora el más serio contendor», dijo Froome.
Ese león vestido de amarillo, quien incluso embaló solo en la meta, arrasó con todo, se afincó en el liderato, apoderándose de paso de la camiseta de lunares rojos de los escaladores y enviado el mensaje que vino por su segunda corona, asegurando en rueda de prensa que es un corredor limpio que no necesita de nada extra ciclistico.
Esta vez, Chris Froome, 30 años, nacionalizado británico, no se dejó ver de verde y paradójicamente se pintó más de amarillo. En el comienzo de los Pirineos noqueó a más de uno. ¿Hasta cuándo? Y saber que viene así desde Utrecht, en Holanda. Como un león.








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