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* Leonel, más que nadie, debe aceptar que el DIM juega demasiado mal…!!!
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No hay felicidad completa, reza un viejo adagio, pero ayer con la victoria del Deportivo Independiente Medellín a Universidad Autónoma de Barranquilla, no hubo siquiera un poco de felicidad. Solo preocupación, sinsabor, angustia extrema al final del partido y repetidos interrogantes.
Y es que a pesar del triunfo, 1-0, con anotación del zaguero argentino Matías Cahais, al minuto 52, de los otros goles rojos legítimos e inexplicablemente anulados por el árbitro boyacense Fernando Camargo, de la excepcional atajada del cancerbero David González en la agonía del partido, el fútbol del DIM volvió a carecer de chispa, de jerarquía, de ideas, de manejo del balón, de profundidad y de sincronización, entre otros.
Fueron 90 minutos de un partido en el que observamos nuevamente como el bonito y esperanzador balompié de principios de campeonato se perdió entre la bruma de un juego sin toque, sin sociedades y, lo que es peor, con escasas opciones en el arco rival. Es tal la pasividad del colectivo rojo, que ni los reiterados contratiempos ocasionados por graves lesiones en algunos de los jugadores titulares bastan para justificar el muy opaco fútbol que exhibe el Equipo del Pueblo.
El módulo esperado en Uniautónoma
No fue diferente el cuadro barranquillero a aquellos limitadísimos oncenos cuyo único argumento es la defensa del cero, táctica que, casi siempre, trae aparejada una derrota, como en efecto ocurrió en la fecha 16.
El módulo impuesto por Giovanny Hernández para el compromiso con el DIM ayer en el estadio Atanasio Girardot, fluctuó entre una doble línea de cinco y un cuatro cinco, con un contragolpeador esporádico y un fútbol ultradefensivo y deplorable. El 0-1 con el que regresó a La Arenosa, fue mucho premio para un juego tan mezquino y fue poco significativo para un Independiente Medellín que volvió a mostrarse incapaz de romper un esquema rival cerrado.
Y para completar, un arbitraje nefasto
El peor del presente torneo, y eso es poco decir en un campeonato en el que varios de los jueces asignados a los partidos del DIM han sido protagonistas por sus protuberantes yerros y desaciertos.
Dos goles legítimos, ambos con un intervalo de sesenta segundos, e injustamente invalidados por el juez Fernando Camargo y el asistente Nº 2, Jorge Álvarez. El primero de ellos, minuto 38, y tras un cobro de tiro libre ejecutado por Cristian Marrugo, el zaguero Leonardo Escorcia introdujo el esférico con el brazo en su propio arco. Anotación anulada por imaginaria falta de Juan Fernando Caicedo. Un minuto después, en una acción igualmente legítima, el mismo Caicedo venció al arquero Sebastián López, gol que también fue anulado, por un inexistente fuera de lugar.
Un Medellín desconectado del todo
¿Cuál de sus tres líneas responde con acierto en la actualidad?
La verdad, ninguna. En la zaga, las fisuras son visibles. Ya no contamos con esa defensa sólida y confiable que inició el torneo y el problema trasciende la prematura salida (por lesión) del lateral Elacio Córdoba. El cuestionable rendimiento de algunos zagueros deja en entredicho, jornada a jornada, su titularidad y nos lleva a preguntarnos si en la cantera no encontraremos juveniles con mejor nivel.
En el medio campo ya no se percibe esa férrea marca de partidos anteriores ni una correcta entrega del balón, desapareció por completo el fútbol vistoso y motivador y las ideas dieron paso a un juego lento, caótico, improductivo y sin conexión con el ataque. Tampoco se observa un adecuado tratamiento del balón y el fútbol del DIM se transformó en un calco de acciones planas, predecibles y carentes de velocidad, orden, profundidad y sorpresa.
En cuanto al ataque, el despilfarro y la inefectividad son más que elocuentes, como visibles son, además, el desdén por el empleo de la media distancia y la incapacidad en los cobros de penas máximas y tiros libres. Las dos anotaciones de Matías Cahais, ante Boyacá-Chicó y Uniautónoma, ayer, mejoran ligeramente la calificación en los lanzamientos desde el vértice pero no alcanzan a configurar una aceptable gestión en ese tipo de cobros.
Los instantes finales del juego ante Uniautónoma fueron de angustia, por cuanto el Medellín en vez de asegurar los tres puntos con otro gol, optó por el repliegue y, en un error monumental del zaguero Andrés Mosquera, permitió el contragolpe visitante, paralizó los casi 25.000 corazones apostados en las graderías del estadio y convirtió en héroe del partido al emblemático arquero David González al evitar, de forma magistral, el empate del cuadro barranquillero, al minuto 90+2.
Inocultable preocupación
Es imposible negar la preocupación que hoy por hoy genera cada juego, local o visitante, del Deportivo Independiente Medellín. Y es imposible dejar de preguntarse, durante cada partido, que pasó, donde quedó ese Medellín elegante, vistoso y esperanzador de las primeras fechas. ¿A dónde fue a parar su fútbol?, ¿Qué ocurrió con su excelente trato del balón? ¿Por qué se fracturó de esa manera su zaga y por qué ya no responde su ataque? ¿Qué se hicieron su solidez colectiva y su talento individual? Hasta el momento, ninguna respuesta. Solo sabemos que el rendimiento individual y colectivo del equipo sigue en caída libre.
Un cuerpo técnico de alto nivel
Lo tenemos en el DIM y cuya capacidad y liderazgo no se discuten. Pero que tampoco es ajeno a los cuestionamientos e interrogantes actuales, tanto en tácticas y estrategias de juego como en la confección de los oncenos iniciales y en algunos de los relevos de jugadores en el transcurso de los partidos, sustituciones que en algunos casos son incomprensibles para el hincha.
Aunque las lesiones han hecho parte de la cotidianidad del DIM en el presente torneo, ¿cómo se explica el bajo rendimiento de la casi totalidad de nuestros titulares? ¿Cómo justificar la intención defensiva una vez se anota un gol? ¿Cómo excusar la falta de jerarquía del equipo, aun en condición de local? ¿Cómo entender la angustia de los minutos finales de cada compromiso?
Con o sin lesionados, con o sin jugadores estelares, el Medellín tiene para ofrecer y dar mucho más que ese fútbol desprovisto de categoría que nos entrega en cada jornada. Soy reiterativa en ello: el DIM es mucho más que ese vulnerable y predecible equipo de las últimas fechas. Y porque soy conocedora de la idoneidad del orientador Leonel Álvarez, hago votos para que nuestro querido León Rojo encuentre la luz en su cerebro, la brújula en su camino y propicie el giro de 180º que el DIM de manera tan urgente reclama. Él, más que nadie, debe acometer la búsqueda inmediata de ese fútbol que dejó olvidado en algún rincón de cualquier vestuario. Él, más que nadie, debe entender que el equipo muestra fallos tanto en el campo de juego como desde el banco. Él, más que nadie, debe tomar el timón y cambiarle el rumbo a este hoy deslucido Medellín. Él, más que nadie, es nuestra esperanza de una clasificación, de un remate digno de campeonato y de un torneo internacional.
Él, más que nadie debe saber que el triunfo de ayer, ni el del miércoles anterior ante Boyacá-Chicó generan alegrías ni tranquilidad. Por el contrario, aumentan las dudas, las preocupaciones los interrogantes. Él, más que nadie, debe aceptar que el DIM juega demasiado mal…!!!
[María Victoria Zapata B.]