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Un triunfo sin alegría ni tranquilidad (María Victoria Zapata, Dama Roja)

MARIA-VICTORIA-ZAPATAPor María Victoria Zapata B.

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* Leonel, más que nadie, debe  aceptar que el DIM juega demasiado mal…!!!
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No hay felicidad completa, reza un viejo adagio, pero  ayer  con la victoria del Deportivo Independiente Medellín  a Universidad Autónoma de Barranquilla, no hubo siquiera un poco de felicidad. Solo preocupación, sinsabor, angustia extrema al final del partido   y repetidos interrogantes.

Y es que a pesar del triunfo, 1-0, con anotación del zaguero argentino Matías Cahais,  al minuto 52, de los otros goles rojos  legítimos   e inexplicablemente anulados por el árbitro boyacense  Fernando Camargo,  de la excepcional atajada  del cancerbero David González en la agonía del partido,    el fútbol del DIM volvió a carecer   de chispa,  de jerarquía,  de ideas,  de manejo del balón, de profundidad y  de sincronización, entre otros.


Fueron 90 minutos de un partido  en el que observamos nuevamente como el  bonito  y esperanzador  balompié  de principios de  campeonato  se perdió entre la bruma de un juego  sin  toque,  sin  sociedades  y, lo que es peor,  con escasas  opciones en el arco rival.  Es tal la pasividad del colectivo rojo,  que ni  los reiterados contratiempos ocasionados  por graves lesiones  en algunos de los jugadores titulares  bastan para justificar   el  muy opaco fútbol que exhibe  el Equipo del Pueblo.

El  módulo esperado en Uniautónoma
No  fue diferente el cuadro barranquillero a aquellos limitadísimos  oncenos cuyo único argumento es la defensa del cero, táctica que, casi siempre, trae aparejada una derrota, como en efecto ocurrió en la fecha 16.

 

El módulo  impuesto por Giovanny Hernández para el  compromiso con el DIM ayer en el estadio Atanasio Girardot,  fluctuó  entre una doble línea de cinco  y un cuatro cinco, con un contragolpeador esporádico y un fútbol ultradefensivo y deplorable. El 0-1 con el que  regresó a La Arenosa, fue mucho premio para un juego tan mezquino y fue  poco significativo  para un Independiente   Medellín que volvió a mostrarse incapaz de  romper  un esquema  rival cerrado.

 

Y para completar, un arbitraje nefasto
El  peor del presente torneo, y eso es poco decir en un campeonato en el que varios de  los jueces  asignados a los partidos del DIM  han sido protagonistas por sus protuberantes yerros y desaciertos.

Dos goles legítimos, ambos  con un intervalo de sesenta segundos, e injustamente   invalidados por el juez Fernando Camargo y el asistente Nº 2, Jorge Álvarez.  El  primero de ellos, minuto 38, y tras un cobro de tiro libre ejecutado por Cristian Marrugo,   el zaguero Leonardo Escorcia introdujo el  esférico  con el brazo en su propio arco. Anotación  anulada por imaginaria falta de Juan Fernando Caicedo.  Un minuto después,  en una acción igualmente legítima,  el mismo Caicedo  venció al arquero Sebastián López, gol que también fue  anulado, por un inexistente fuera de lugar.

 

Un Medellín desconectado del todo

¿Cuál  de sus tres líneas responde  con acierto  en la actualidad?

La verdad, ninguna. En la zaga, las fisuras son visibles. Ya no contamos con esa  defensa sólida y confiable  que inició el torneo y el problema trasciende la prematura salida (por lesión) del lateral Elacio Córdoba.  El cuestionable rendimiento de algunos  zagueros deja  en entredicho, jornada a jornada, su titularidad y nos lleva a preguntarnos si en la cantera no encontraremos juveniles  con mejor nivel.

En el medio campo ya no se percibe esa férrea marca de partidos anteriores ni una correcta entrega del balón, desapareció por completo el fútbol vistoso y motivador y  las ideas  dieron paso a un juego lento,  caótico, improductivo y sin conexión con el ataque.  Tampoco  se observa  un adecuado tratamiento  del balón  y el  fútbol del DIM  se transformó en un calco de acciones planas, predecibles y  carentes de  velocidad,  orden, profundidad   y  sorpresa.

En cuanto al ataque,  el despilfarro y la inefectividad son más que elocuentes, como visibles son, además, el desdén por el empleo de la media distancia y  la incapacidad  en los cobros de penas máximas y tiros libres.  Las dos anotaciones de Matías Cahais, ante Boyacá-Chicó y Uniautónoma, ayer, mejoran ligeramente la calificación en los lanzamientos desde el vértice pero no alcanzan a  configurar una  aceptable gestión en ese tipo de cobros.

Los instantes  finales del juego ante Uniautónoma fueron de angustia, por cuanto  el Medellín   en vez de asegurar los tres puntos  con otro gol,  optó por el repliegue y, en un error monumental del zaguero Andrés Mosquera, permitió el contragolpe visitante,  paralizó los casi 25.000 corazones apostados en las graderías del estadio  y convirtió en héroe del partido al  emblemático arquero David González al evitar, de forma magistral, el empate  del cuadro barranquillero, al minuto 90+2.

Inocultable preocupación
Es imposible negar la preocupación que hoy por hoy genera cada juego, local o visitante, del Deportivo Independiente Medellín. Y es imposible dejar de preguntarse,  durante cada partido, que pasó, donde quedó ese  Medellín elegante, vistoso y esperanzador de las primeras fechas. ¿A dónde fue a parar su fútbol?, ¿Qué ocurrió con su excelente trato del balón? ¿Por qué se fracturó de esa manera su zaga y por qué ya no responde su ataque? ¿Qué se hicieron  su solidez colectiva y su talento  individual? Hasta el momento, ninguna respuesta.  Solo sabemos que el rendimiento individual y colectivo del equipo sigue en caída libre.

 

Un cuerpo técnico de  alto nivel
Lo tenemos en el DIM y cuya capacidad y liderazgo no se discuten.  Pero que tampoco  es ajeno a los cuestionamientos e interrogantes actuales,  tanto en tácticas y estrategias de juego como en la confección de los oncenos iniciales  y  en algunos de los relevos de jugadores en el transcurso de los partidos, sustituciones  que en algunos casos son  incomprensibles para el hincha.

Aunque las lesiones  han hecho parte de la cotidianidad del DIM en el presente torneo, ¿cómo se explica el bajo rendimiento de la casi totalidad de nuestros titulares? ¿Cómo  justificar  la intención defensiva una vez se anota un gol? ¿Cómo excusar la falta de jerarquía del equipo, aun en condición de local? ¿Cómo entender la angustia de los minutos finales de cada compromiso?

Con o sin lesionados, con o sin jugadores estelares, el  Medellín tiene para ofrecer y dar  mucho más que ese fútbol desprovisto de categoría  que nos entrega en cada jornada.  Soy reiterativa en ello: el DIM es mucho más que ese vulnerable y predecible equipo de las últimas fechas. Y porque soy conocedora de la idoneidad del  orientador  Leonel Álvarez,  hago votos para que nuestro querido León Rojo encuentre la  luz en su cerebro,  la brújula en su camino y propicie  el giro de 180º que  el DIM  de manera tan urgente reclama.  Él, más que nadie, debe acometer la búsqueda inmediata de ese fútbol que dejó olvidado en algún rincón de cualquier  vestuario. Él, más que nadie, debe   entender que el equipo muestra fallos  tanto en el campo de juego como  desde el banco. Él,  más que nadie, debe tomar el timón y cambiarle el rumbo a este  hoy deslucido Medellín. Él, más que nadie, es nuestra esperanza de una clasificación,  de un remate digno de campeonato  y de un torneo internacional.

 Él, más que nadie debe  saber que el triunfo de ayer, ni el del miércoles anterior ante Boyacá-Chicó generan alegrías ni tranquilidad. Por el contrario, aumentan las dudas, las preocupaciones  los interrogantes.  Él, más que nadie, debe  aceptar que el DIM juega demasiado mal…!!!
[María Victoria Zapata B.]

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