Capsulas de Carreño

3-1 a Once Caldas, con fútbol de verdad.

MANIZALES. Acá nació el gol de Once Caldas. Equivocada devolución de Germán Gutiérrez. El remate preciso de Jefferson Cero. Pero después se vio un  Deportivo Independiente Medellín  sin amarras, que se reivindicó con el fútbol, con el gol, con el triunfo  y con la afición. Foto @Dimayor.

Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

 

Ayer, en el estadio Palogrande  de la ciudad de Manizales, el DIM nos regaló  tres goles, una victoria que  no degustábamos desde el 24 de marzo, una clasificación a octavos en Copa Betplay y, fundamentalmente,  ese fútbol que tanto  anhelábamos,  que añorábamos y habíamos vislumbrado en el período complementario del partido ante Atlético Junior  el sábado pasado. El mismo fútbol  que, sabíamos e insistíamos, el Deportivo Independiente Medellín podía ofrecernos si le soltaban las ataduras defensivas y lo dejaban fluir libremente.

Ante el Once Caldas, el DIM reivindicó su fútbol con un módulo ofensivo, con dos delanteros,  con un juego frontal, profundo, incisivo y efectivo,   con tres anotaciones en un registro que no  se daba desde el 3 de diciembre del año anterior  en el partido Envigado 0-DIM 3,  y con un equipo que atacó durante la totalidad del compromiso.

Sin dejar de lado el tempranero gol de Vuletich, o su rarísimo cabezazo para el segundo, más  la primera conquista del escurridizo y veloz Didier Cambindo con  la casaca  del DIM, produjeron gran  satisfacción y alegría  la disposición mental del cuadro rojo y su cambio del habitual módulo defensivo con un solitario atacante por el reseñado 4-4-2,  que canalizaron las fortalezas  colectivas e individuales y  le dieron otra fisonomía al Equipo del Pueblo de mitad hacia adelante.

Ante Once Caldas, el DIM fue un equipo diametralmente opuesto al que habíamos visto en este comienzo de  campeonato.  Y lo fue tanto  en fútbol como en actitud.  Dejó de  lado ese improductivo y avaro esquema ultradefensivo  y se inclinó por un efectivo 4-4-2. Se olvidó de su incomprensible miedo a NO PERDER  y le apostó A GANAR, como debe ser siempre en el fútbol,  y ese fue el mayor logro de ese onceno que derrotó con suficiencia y jerarquía al  cuadro manizaleño y  clasificó a octavos en Copa Colombia.

Ayer Independiente  Medellín demostró, con creces, que tiene argumentos y nómina para jugar  a ganar  y  cambiarle el rumbo a un cuadro  vacío de  generación de juego, profundidad, definición y resultados que lo ha caracterizado desde tiempo atrás.  Y también se reconcilió con el fútbol que alegra e ilusiona a la hinchada,  con los goles y con el triunfo.

En un partido  que evidenció tantas mejorías  por parte del cuadro rojo,  imposible no destacar el rendimiento de jugadores como Vladimir Hernández- que vuelve a marcar  diferencia en mitad de campo-, de  los versátiles y peligrosos Agustín Vuletich  y  Diber Cambindo, del silencioso y efectivo aporte  obrero de  Edward López, del gran trabajo de Juan Guillermo Arboleda y David Loaiza cuyo rendimiento muestra un significativo ascenso y hasta de la preponderancia del cancerbero Andrés Mosquera Marmolejo, que volvió a atajar penal, en esta ocasión al debutante albo  Marco  Pérez, al minuto 85.

Anoche se rompió el maleficio del juego ultradefensivo,  de los insulsos empates, del fútbol con sabor a nada y de muchos absurdos en el comportamiento  táctico de un DIM que tenía para darnos mucho  más que la prolongada cadena  de  frustraciones  que nos ha entregado  desde tiempo atrás. Se acentuó, igualmente, la contradicción  entre ese DIM con un alto rendimiento en Copa Colombia en las últimas temporadas,  frente a uno pobre en desempeño y resultados en Liga.  Ojalá se logren unificar  las fortalezas en un  equipo que brinde espectáculo y satisfacciones por igual en uno y otro torneo.

Pero lo que más llenó el alma y el espíritu fue ver un  Deportivo Independiente Medellín  sin amarras, que se reivindicó con el fútbol, con el gol, con el triunfo  y con la afición. No importa quien sea el rival que se defina en el  sorteo para  la llave en  octavos  por  Copa,  ni el calendario que sigue en Liga.  Lo que importa, de ahora en adelante, es que el DIM convierta en costumbre y hábito el fútbol  que le vimos en los  último 135 minutos  de juego (45  ante Junior y 90 ante Once Caldas).   Ya quedó demostrado  que  tenemos jugadores, razones y módulos para  esperar mucho más de lo  recibíamos en los magros empates rojos.

Ayer Bolillo soltó el equipo y el DIM  por fin jugó fútbol, fútbol de verdad… Y ganó…!!!
[María Victoria Zapata B.]

Compartir:

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top