Capsulas de Carreño

90 minutos con el Pibe (j.g.m.)

Estadio del Deportivo Cali.  Lunes 08 de mayo. Armando «el Piripi» Osma, Carlos «el Pibe» Valderrama y Juan Gonzalo Montoya, columnista de Cápsulas. Homenaje de la escuadra azucarera a leyendas del club.

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Por Juan Gonzalo Montoya.
Columnista Cápsulas – Cali.

 

 

Me invitó Armando “el Piripi” Osma a un homenaje que les ofreció el Deportivo Cali a las leyendas del club. Estaban entre otros, Ángel María Torres, aquel que la tenía clara con los goles olímpicos, en el 78 le clavó uno a Nacional; “El Maestro” Jairo Arboleda; Mario Desiderio, “Gallegol” Ramirez, Fernando “Pecoso” Castro, Walter Escobar, Edinson “El Guigo” Mafla, Andrés Pérez, Oscar Córdoba, Alexander Viveros, Manuel Valencia, Carlos “el Pibe” Valderrama, entre otros. Lindo y merecido homenaje a estos jugadores que dejaron talento y sudor en los estadios del país.

Pero lo mejor llegaría después. Me ubiqué en el palco presidencial del bello estadio de Palmaseca obviamente con el Piripi y oh sorpresa, ¡en medio de los dos se sentó el mismísimo Pibe Valderrama! En ese momento mi celular empezó a echar humo, porque la transmisión de televisión lo enfocaba a él y por ende los amigos que miraban el partido me escribían preguntando que coños hacia yo al lado de ese crack, lo increíble es que ni yo sé que carajos hacia sentado al lado de la leyenda.

Tengo que confesar que el personaje me superó, me puse nervioso, no sabía que hacer, emoción tan verrionda!, el Pibe hizo que saliera ese Juan Gonzalo joven, casi niño de los años 80 y 90; ya sé que el Pibe no jugó en el Nacional y menos en el Atleti de Madrid, pero en esa época todos admirábamos al Pibe sin importar del equipo que fuéramos. El Pibe armó una dupla excelsa con Bernardo Redin y luego se les sumaria Jorge “el Mortero” Aravena, un chileno que le pegaba al balón como los Dioses.

Yo en verdad no cabía de la dicha, sentarme al lado del ídolo, el eterno capitán de la tricolor, aquel que estuvo y asistió a Rincón contra Alemania para ese empate agónico que gritó todo un país, el Pibe del 0 – 5 contra Argentina en el Monumental de River, el Pibe de Wembley, ese que jugaba con las medias abajo y su dorada cabellera al vuelo, aquel crack que hacía que no me despegara de la televisión, porque si uno parpadeaba, se sacaba un truco de la chistera y te perdías una obra de arte en forma de asistencia, el Pibe dos veces galardonado como el mejor jugador de América. Ese crack estuvo sentado al lado mío 90 minutos, minutos que se pasaron volando, pero minutos que fueron de felicidad absoluta, como la de un niño con una golosina.

Durante esos 90 minutos el Pibe saludó a todo el mundo, no le negó una foto o un autógrafo a nadie, siempre con una sonrisa y con su característico “todo bien, todo bien.” El Pibe es para mi generación el Dios del futbol colombiano, seguramente había en esa época jugadores más completos, Rincón, El Tino, pero esa era la selección del Pibe, él era el jefe y no había discusión.

Durante el juego aproveché para que me firmara una camiseta, un par de autógrafos para Esteban, mi hijo y para Nico el hijo de la novia; le pedí un mensaje de video para mi Esteban.  Al final del juego lo único que atiné a hacer fue estrecharle la mano y decirle que fue un honor.

Yo por mi trabajo hablo con futbolistas de todos los colores, de los de antes y de los de ahora, pero nada ni nadie como Carlos Valderrama; Gracias Pibe por volver a sacar ese niño que hay en mí y que todos tenemos, por saber que aún sentimos admiración absoluta y respeto sublime por estos verdaderos héroes del balón, seguro hay otros, pero después del Pibe, René.

Carlos “El Pibe” Valderrama, el de todos sin importar la generación. Gracias Pibe, leyenda y patrimonio nacional y gracias Piripi por invitarme a tu homenaje.

Hasta la próxima.

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