
De la Redacción. Edgardo Bauza, el nuevo seleccionador de Argentina para la eliminatoria Rusia 2018, fue un defensor. Junior lo tuvo en sus filas 1983 en donde se caracterizó, aprovechando su estatura y buena saltabilidad, marcar 24 goles en su paso por Colombia durante tres temporadas. Hay unas facetas que no se le conocían y que las presenta el portal infoabae.com.
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Edgardo Bauza veía este presente como algo lejano. Es más, consideraba más factible un llamado de Ecuador que de Argentina (tenía una cláusula de salida para el Tri, pero no para la Albiceleste). Sin embargo, ayer fue confirmado por Armando Pérez como el nuevo entrenador de la Selección.
El Patón, como es popularmente conocido, es uno de los próceres de Rosario Central (también pasó por Independiente, Junior de Colombia y Veracruz de México), donde ganó dos títulos. Entre los puntos destacados dentro de su carrera como jugador también cuenta haber formado parte del plantel que finalizó segundo en Italia 90 y ser el cuarto defensor más goleador del planeta con 134 gritos.
Como director técnico también se ganó quedar inmortalizado, especialmente en dos entidades: Liga de Quito y San Lorenzo. Con ambos, conquistó sus primeras -y por ahora únicas- Copas Libertadores.
SUS INICIOS LE VALIERON NO HABLARSE POR UNA SEMANA CON SU MADRE
Pero estos datos son los que sabe la mayoría de la gente (o por lo menos el grueso de los futboleros). El santafesino cuenta en su hoja de vida con algunos puntos poco conocidos, que a continuación detallaremos.
A los 14 años, un joven Patón decidió no ir a Taller para anotarse en una prueba en la ciudad deportiva del Canalla, donde acudieron 500 pibes, de los cuales 50 se anotaron para jugar de volante central, justamente su posición en la cancha.
Ante este panorama, se la jugó afirmando que se desempeñaba de 6. Y vaya si rindió, ya que a la tercera vez que lo vieron decidieron ficharlo. Pero tras este accionar, no todo fue alegría: su mamá decidió no hablarle durante una semana por haberse escapado del colegio.
MILITANCIA EN LA POLÍTICA
Debido a las críticas que caían sobre los futbolistas, Bauza decidió demostrar que tenía una mente que iba más allá de la pelota y comenzó a incursionar en la política, dentro del Partido Socialista Popular. «Yo vivía en Granadero Baigorria. Lo que hicimos, con un grupo de gente, fue tratar de sumar un concejal. Yo no iba a ser electo, pero sí me sumé a la lista por mi exposición. Di charlas y me ocupé de decir que el jugador de fútbol es un tipo normal», sostuvo en una entrevista con Goal hace un año.
LA LECTURA, UNA DE SUS PASIONES
Otro punto en el que el flamante DT de la Selección se diferencia del resto, es su pasión por los libros. «Empecé con novelas normales. Pasé por la historia argentina para seguir construyendo una mejor imagen de todo lo que pasó en el país. Y últimamente me dediqué a la vida de algunos personajes que para mí fueron muy importantes para la historia del mundo», sostuvo el entrenador.
«Yo fui un adolescente sin lectura, y cuando llegué a concentrar en Primera había jugadores que estaban leyendo y otros hacían crucigramas. Con la lectura empecé a descubrir facetas muy importantes. Logré tener una cosmovisión del mundo diferente. Llegué a la vida de José Ingenieros o a conocer la llegada de Perón al poder. Hoy no lo veo al adolescente en eso. Están con la computadora, con los juegos y con la electrónica. Es una lástima que un videojuego atrape más que un libro», agregó en la misma nota.
SU DEVOCIÓN POR NELSON MANDELA
La lectura lo acercó a conocer la vida de un personaje que para él es «el hombre del siglo XX». «De Mandela me interesó cómo una persona puede, pensando en el ser humano y en su país, olvidarse de todo lo que le hicieron vivir. Cómo despojarse del rencor. Siempre me interesó lo que hizo. Toda su lucha, desde el Apartheid hasta que fue presidente. Todo lo que logró», explicó.
Gracias a esto, logró trasladar sus pensamientos al fútbol, como «que los errores forman parte del ser humano, pero que obviamente la lucha por los ideales es algo que fortalece y es algo por lo cual no hay que resignarse. La convicción que a uno lo moviliza es la razón de vivir».





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