
Por Jorge Alberto Cadavid. –
Columnista Cápsulas. –

En la ida se resignó todo; los estamentos verdes confabularon.
Junior lo hizo acertadamente para ser campeón y lo logró en la ida, Nacional se lo sirvió en bandeja, sin gestión administrativa, sin dirección técnica y sin actitud de los jugadores en el campo.
Remontar tres no deja de ser una misión muy difícil, pero no imposible, en el 2004 ante el mismo rival se logró.
En esa oportunidad hubo una comunión entre tribuna y jugadores, hoy algunos aficionados estuvieron lejos de colaborar.
Arias en su ojalá última participación, presentó a Sarmiento por Bello y el regreso de Casco.
La actitud tiene que ver mucho con la disposición en el campo de juego, lo que no se dio en Barranquilla sí se mostró en Medellín como una forma de buscar el milagro.
El inicio fue un juego alterno, Junior intentó llegar y Nacional hacía lo propio. Luego de los 30 minutos, el verde volcó el accionar en campo del visitante, elaboraba juego pero sin contundencia en la definición.
El asedio tiene su primera opción a los 30 minutos, Román anida el balón en la red pero previo estuvo adelantado, anulado. A los 33 fue Casco quien intentó desde fuera del área y su disparo se estrelló en el vertical derecho. Sobre los 38 minutos, el ansioso y desesperado Morelos cobra falta y la pelota llega al mismo destino, el vertical.
Silveira es asediado, pero no se concluye; el final de la primera etapa se va en blanco, la remontada ya solo cuenta con medio tiempo.
Por Rodríguez perdido hace rato, ingresa Cardona, inicia la complementaria.
Como era a todo o nada, cuando el ataque era pleno, descuido en defensa, Castrillon solo ante Castillo, este resuelve, hubiese sido lapidario.
Entre el minuto 55 y 60, el gol de Cardona primero, juego elaborado, Sarmiento al centro y la anotación y luego, tiro penal a favor del local, al cobro el desesperado Morelos que manda a las nubes. Parecía un hecho inconcebible, esta posible anotación, faltando todavía 30 minutos, habría convertido lo imposible en una opción real.
El maestro Arias refrescó su nómina con resultados, el novato Arias, en cambio, retira a Rengifo, elimina posibilidades, es el de la inspiración, ingresa a Moreno, jugador sin sangre, Arango, rotundo fracaso, y más tarde a Asprilla, todo quedó consumado, Junior campeón.
Nacional deja solo su gran afición, ineptos directivos porque Arias cumple órdenes mayores, después del descalabro se impone la reestructuración, empezando por lo más alto de la pirámide.
«Debemos hacer lo que nos toca y un poquito más», R. Cadavid.





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