Capsulas de Carreño

A la FIFA no le interesa el deporte (Luis David Obando)

 

 

Por Luis David Obandoluis-david-obando

 

 

*El dinero rueda mucho más que el balón en los fines corporativos del máximo ente del fútbol.

 

Que nadie se llame a engaños: puede renunciar el Tata Martino, y luego hasta Piscis Restrepo y todos los demás técnicos de equipos participantes en los Olímpicos, y la FIFA no facilitará el préstamo de los jugadores por parte de los clubes. Y no lo hará, sin derecho a ningún otro pataleo, simple y llanamente porque la participación en las Justas no significa ingresos para sus codiciosas arcas.

Es que ya es bien sabido: desde hace algo más de 40 años a la FIFA el deporte en su esencia la tiene sin cuidado, tan ocupada como se mantiene en hacer de este juego un buen negocio. Lo que llaman “espíritu deportivo” es para ellos lenguaje de románticos, discurso rosa y cursi, pues hasta lo que más se le parecería, el llamado Fair Play, no es más que un tip de mercadeo, es decir, de dólares a la vista.

Entonces llámenme utópico y soñador, si quieren, pero también díganme si miento: si los componentes inherentes a cualquier deporte propiamente dicho, como son la autosuperación, la disciplina, el esfuerzo para conseguir metas, el trabajo en equipo, hace parte de los ideales corporativos del máximo ente rector del fútbol.

Ya lo veo: no faltará quien presente documentos estatutarios de la FIFA denominando sus actividades de esa manera. Ante eso no cabría respuesta adicional al “ja-ja-já”, acompañado de una solicitud de sustentación en la práctica. Y cuando hablo de la práctica me refiero al factor organizacional (las federaciones asociadas, por ejemplo), no a los esfuerzos individuales que, por su cuenta y de muy buena fe, desarrollan aisladamente miles de dirigentes, entrenadores y hasta clubes en el mundo.

Pero que a la FIFA no le hablen de competir por medallitas, por mucho que fueren de oro macizo, porque ya lo sabemos: mira hacia otro lado, como lo está haciendo, con el resultado de las afugias que tiene cada país para reforzar sus nóminas en el fútbol olímpico. No hay dólares, no hay interés. Punto.

Lo más triste es que lo peor no es eso, sino la anticultura que esta situación lleva décadas generando en su órbita. Para muestra, las prácticas mafiosas en todo ámbito relacionado con el manejo del fútbol, plagado de trampas y avivatadas tanto en escritorios como en canchas y, para llegar más lejos, hasta ámbitos bancarios y gubernamentales. “Poderoso caballero es don Dinero”, escribía Quevedo, y el aserto devora al antiguo aforismo asociado al espíritu olímpico: “Mente sana en cuerpo sano”.

 

Una muestra más del generalizado detrimento del espíritu deportivo lo vivimos en la semifinal del Nacional Infantil Femenino de Fútbol, entre Antioquia y Valle. Ganaban las paisitas 1-0 y cobraron “a riesgo” (es decir, mientras la árbitra incluso miraba al corrillo de jugadoras verdiblancas). Arco vacío. Gol. Empate y posterior derrota. “Qué falta de Juego Limpio”, alegaba la jugadora antioqueña María Clara Villegas. Respuesta: el reglamento lo permite. Gol válido. De nuevo, punto final.

Tampoco intentemos limpiarnos: la anticultura es de todos. Si el cobro a riesgo fuera a favor de las paisas, todavía estaríamos celebrando su “astucia” y el triunfo. “El vivo vive del bobo” es nuestro adagio favorito. Eso piensan también Blatter y todos sus secuaces, y por eso andamos como vamos.

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EXTRATIEMPO. Qué concierto dio Nacional en el segundo tiempo ante Sao Paulo en pleno Morumbí. Vale la celebración, pero no dejemos de oír al profesor Rueda: el partido que sigue también hay que jugarlo y ganarlo, por mucho que sea en el Atanasio. Y luego, para obtener la Libertadores, habrá que hacer lo propio dos veces más. Así que a la fiesta bien le vale también una buena dosis de ponderación.

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