
Por: Charles Figueroa Mendoza
*Bucaramanga está herido de muerte, pese a solo haber perdido apenas un partido.
Terminada la segunda guerra mundial Hungría quedó devastada, la bella Budapest entre escombros, el comunismo se apostó en el territorio y el hambre atacó con fuerza a la diezmada población. En 1950, hace muchísimos años, un equipo Húngaro llegó a Colombia para cumplir con una gira que incluía 3 partidos. Alegando problemas económicos, los Magiares se reusaron a regresar a la hermosísima Budapest devastada por la segunda guerra mundial.
Los húngaros, huyendo del régimen comunista, “desertaron” y se quedaron en Colombia. José Eduardo Gnecco y Eduardo Dávila, abuelos de los actuales, convencieron a los europeos de permanecer en el país y dar nacimiento al Unión Magdalena, con el nombre inicial de Samarios FC.
El 29 de Julio de 1951 los de Santa Marta enfrentaron en la calurosa capital de Magdalena a Universidad, desaparecido equipo de Bogotá. El resultado ese día quedaría en la historia del fútbol nacional hasta el día de hoy. Samarios 12, Universidad 1. Julio Szengeller, poderoso artillero de su selección en el mundial de 1938, marcaría 6 goles, la mayor cantidad de goles en su solo juego junto al argentino Alfredo Castillo quien le hizo 6 a Millonarios en septiembre de 1948. Lo curioso es que al año siguiente, ya como Unión Magdalena, perdería 1- 11 con Deportes Quindío en condición de local.
Hay muchas goleadas en el rentado colombiano, Quindío le marcó 8 a Sporting en 1953, Junior consiguió la mayor goleada de su historia en 1983, curiosamente frente al Bucaramanga una calurosa tarde Barranquillera que tengo fresca en la memoria, pues transmití ese juego junto al legendario José Antonio Churio; 3 goles del escurridísimo William Knight, 2 de Fernando Fiorillo, 1 de Tony Salja, Omar Alfredo Galván y del conocido Kiko Barrios; Millonarios le empacó 7 a Santafé en un clásico, Santafé 10-2 a Huracán y 10-3 al Pereira en 1949, en fin.
Bucaramanga dejó su orgullo en el césped de Medellín el domingo pasado. Nacional despedazo a los Leopardos, convertidos en inofensivos gatitos en 93 minutos de oprobio: El equipo local, con una nómina alternativa, pasó por encima, sin piedad, de un equipo que hasta ese momento era el único invicto del campeonato, al derrotarlo 7-0 en una tarde para el olvido. Viendo el juego habría de recordar la infausta tarde del Metropolitano 30 años atrás. El arquero Leopardo era un gigante cancerbero argentino, tan lento como pesado, llamado Rubén Ángel Gibaudo, no obstante aquellos tuvieron dignidad, perdieron pero lucharon, al contrario de los que cayeron en Medellín, sin alma, carentes de amor propio y sentido de pertenencia que fue una de las características del equipo de Willy Rodríguez a lo largo de la temporada.
Bucaramanga está herido de muerte, pese a solo haber perdido apenas un partido, los permanentes empates lo tienen obligado a sumar de a tres si pretenden clasificar al cuadrangular. Hoy juega frente al Once Caldas, que perdió el pasado partido en su estadio y también llega lleno de obligaciones. Ojala el equipo responda, pues aunque pesimamente reforzado, tal como lo escribí en ésta columna antes de comenzar el torneo, sus hinchas aspiran a que el equipo clasifique y se aleje del fantasma del descenso que muy temprano ha comenzado a perseguir al conjunto local.





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